Pocos y mal distribuidos: la pandemia evidenció por qué se recomienda un 50% más de parques y plazas en la ciudad de Buenos Aires | RED/ACCIÓN
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Pocos y mal distribuidos: la pandemia evidenció por qué se recomienda un 50% más de parques y plazas en la ciudad de Buenos Aires

El 47% de los vecinos de CABA consideran insuficientes los espacios verdes de su barrio. Con la pandemia estos espacios se volvieron esenciales: todas las tardes, allí se pueden ver personas haciendo su rutina de ejercicios, cumpleaños infantiles y picnics entre amigos. Lectores y lectoras de RED/ACCION cuentan experiencias de revalorización de estos lugares.

Pocos y mal distribuidos: la pandemia evidenció por qué se recomienda un 50% más de parques y plazas en la ciudad de Buenos Aires

Intervención: Denise Belluzzo

Este contenido contó con participación de miembros co-responsables y lectores de RED/ACCIÓN

Es tercer lunes de enero a las 17.30. En La Pampa y 11 de septiembre, una de las esquinas de la plaza Barrancas de Belgrano, entre dos árboles hay un cártel que te invita a festejar el cumpleaños de 3 de una niña. Los invitados juegan entre los globos, las lonas de colores y las mesas petizas llenas de cosas dulces. Niños curiosos, que no fueron invitados, observan el festejo de costado y algún perro atraviesa la fiesta sin pedir permiso. A menos de 100 metros tres adultos con sus guantes practican boxeo con la música de la calesita que gira enfrente. Al subir una pendiente, en la plaza hay una zona con cemento, donde se festeja otro cumpleaños de un niño un poco más grande. Dos animadores dan consignas a los invitados y ayudan a los padres a entretener a los pequeños. De costado, se ve un carrito con rueditas, que se usó para la logística. Hay botellas de agua individuales para evitar que las compartan y una torta en el centro de una mesa de plástico. Del otro lado de la pendiente, se ven amigos compartiendo un picnic y algunas parejas descansando a la sombra. Otras personas aprovechan el sol de la tarde, con un libro o escuchando música.  Junto a la avenida Virrey Vertiz, un profesor de gimnasia prepara el circuito de entrenamiento para sus alumnos que llegarán alrededor de las 18. Allí dispone de sogas, colchonetas, pesas y conitos.

Estas escenas, con variedad de actividades, se replican en gran parte de los espacios verdes de la ciudad de Buenos Aires. Actividades que solían hacerse en lugares cerrados se empezaron a realizar al aire libre. Con la pandemia las plazas se volvieron esenciales y ayudaron a respirar después de tanto encierro. Restringidas las reuniones numerosas en lugares cerrados, por el riesgo de contagio que implican, los parques se convirtieron en el principal punto de encuentro.

Agustina Aguirre vive en Palermo, cerca del Rosedal y allí desde septiembre hace entrenamiento funcional tres veces por semana, de 20 a 21. Al comienzo de la cuarentena hacia actividad física a través de Zoom. El profesor de la clase es su hermano, Matías Aguirre, conocido como Mati training. Él lleva sus conitos, colchonetas y un parlante. “Busqué un lugar alejado, con menos gente para el entrenamiento. Por suerte el parque es enorme. Al encontrarnos, estamos a dos metros de distancia y yo higienizo todos los elementos”, dice Matías.

Matías observa que hoy se ven muchas clases en los parques: karate, taekwondo, básquet y deportes que antes se hacían indoor. “Hay grupos que llevan mucho equipamiento”, observa el profesor de preparación física, personal trainer y auxiliar en nutrición. Los días que llueve, él ofrece a sus alumnos hacer el entrenamiento por Zoom.

Agustina Aguirre hace entrenamiento funcional tres veces por semana en Palermo.

“No me metería en un gimnasio cerrado teniendo posibilidad de hacerlo al aire libre”, opina Agustina, que tiene 30 años y trabaja en la organización Modulo Sanitario. Y agrega: “Me cambia el día estar una hora en contacto con el pasto”. Además de entrenar, ella se acerca al parque para ver a sus padres, que son personas de riesgo.

La falta de espacios verdes

En distintos momentos de la pandemia, se difundieron en redes sociales imágenes de parques abarrotadas de gente, lo que implicaba un riesgo para el contagio. Estas escenas pusieron en evidencia la falta de espacios verdes en la ciudad de Buenos Aires. De acuerdo al índice de “Calidad de vida durante la crisis del COVID-19”, elaborado por el Observatorio Gente en Movimiento, que coordina la periodista y diputada nacional Gisela Marziotta, el 47% de los vecinos de la Ciudad consideran insuficientes los espacios verdes de su barrio. Esta carencia es aún más fuerte en la zona centro de la Ciudad, donde el 58% de sus vecinos consideran insuficientes los espacios verdes en su barrio.

La Organización Mundial de la Salud recomienda 9 metros cuadrados de espacios verdes por habitante y la Ciudad tiene 6. Estos espacios no están distribuidos equitativamente: hay comunas como la 1 (Retiro, Puerto Madero, San Telmo, Monserrat, Constitución) que cuentan con 18,5 metros cuadrados por habitante (sumando la reserva ecológica) o la 14 (Palermo) que por sus bosques suma 13,8. En cambio, otros barrios como Balvanera y San Cristóbal (comuna 3) o Boedo y Almagro (comuna 5) contabilizan apenas 0,4 metros y 0,2 metros por habitante respectivamente. “En términos agregados, de 2008 a 2018 la Ciudad aumentó un 1,5% sus espacios verdes, aunque si tenemos en cuenta el crecimiento poblacional, per cápita la cantidad de espacios verdes se mantiene estancada”, señala Marziotta.

Metros cuadrados de espacios verde por habitante por comuna (2008- 2018).

El arquitecto y doctor en urbanismo Guillermo Tella comenta que los espacios verdes y la seguridad son dos demandas que siempre se ven insatisfechas. “Son dos aspectos que siempre los vecinos quieren más y de mejor calidad”, explica. El especialista observa que, tras la cuarentena estricta, cuando se fueron relajando las restricciones las personas se acercaron a los espacios verdes de proximidad y los revalorizaron. “Después de estar tanto tiempo encerrados en los departamentos, ir a una plaza era una gran salida. La coyuntura puso en evidencia la necesidad de contar con más espacios verdes bien equipados, mantenidos y bien distribuidos”, señala.

Este verano, según el estudio realizado por el equipo de Marziotta, el 65% de los porteños no se irán de vacaciones. En este sentido es necesario que existan espacios verdes para que los porteños que se quedarán en la Ciudad puedan tener un descanso de mejor calidad.

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Antes de la pandemia, Maia Irazu no solía ir a la plaza. Durante la cuarentena se reconectó con el yoga por Zoom y cuando se habilitó la posibilidad de hacer las prácticas al aire libre, lo incorporó a su rutina. La ingeniera industrial de 28 años hace esta actividad dos veces por semana, una a la noche en Plaza Francia y otra a la mañana en Palermo. Hasta allí llega en bicicleta. “Al ser una actividad muy individual, me siento segura de hacerla al aire libre. Llego con el barbijo, cuando me instalo en mi mat, me lo saco, y cuando termina la práctica, me lo vuelvo a poner”, cuenta la joven que trabaja en TECHO.

Maia Irazu hace dos clases de yoga por semana al aire libre.


Sobre volver a hacer la practica en un espacio cerrado, ella cree que en algunas circunstancias lo prefiere. “A veces llega el momento de la meditación y tenés gente cerca escuchando reguetón y se hace difícil”, observa.

La calidad de los espacios verdes

Marziotta observa que los espacios verdes de la ciudad de Buenos Aires tienen otro problema: su calidad. “De acuerdo con nuestra investigación, el 46% de los porteños afirman que muchos parques de la Ciudad son puro cemento y no existen verdaderos espacios verdes para disfrutar del aire libre. Esto aumenta al 52% en la zona centro”, destaca.

La directora de la Maestría en Economía Urbana de la Universidad Torcuato Di Tella Cynthia Goytia dice que los ciudadanos obtienen una serie de beneficios relacionados a la salud y al bienestar cuando están cerca de espacios verdes. “Además, las ciudades también obtienen múltiples beneficios ambientales de parques y espacios verdes. Estos contribuyen a mejorar la calidad del aire, reducen la temperatura urbana, al mitigar el efecto de la isla de calor y aumentan la capacidad de controlar las aguas pluviales a través de las infraestructuras verdes. También debemos reconocer que el desarrollo de áreas verdes y parques públicos de alta calidad atraen inversiones inmobiliarias, captando nuevos desarrollos e inversiones”, explica.

Tella recuerda la lucha de los vecinos por Manzana 66, la plaza bordeada por las avenidas Jujuy y Belgrano y las calles Moreno y Catamarca, en Balvanera, que comenzó en 2014. Cuando los vecinos se enteraron de que existía un proyecto para construir allí un estadio destinado a eventos culturales y deportivos, reclamaron la construcción de un espacio verde. Ahí mismo, antes hubo viviendas y luego canchas de fútbol 5.  Finalmente, la plaza se inauguró en abril de 2018.

Reapropiarse del espacio público

A partir de la cuarentena, Soledad Quijano se reconectó con actividades que muchas veces descuidaba por tener que estar siempre en movimiento de un lado a otro a raíz del trabajo o compromisos. Dice: “Me propuse priorizar y revalorizar mis tiempos, aprovechar al máximo la cercanía con el río y la naturaleza (vivo en Vicente Lopez) para contemplar o leer y generar más espacios verdes en casa. Como nunca, me ocupé de las plantas en el balcón y también del interior".

Soldedad Quijano hace workhike con sus compañeros de trabajo.

Con algunas amistades y familia ella comparte picnis y salidas al río, sobre todo durante los fines de semana. Trata de salir a caminar al menos tres veces por semana y andar en bicicleta un mínimo de dos veces. “Tengo la fortuna de vivir cerca de algunos compañeros y compañeras de trabajo y programamos algunas caminatas al aire libre para tratar proyectos laborales saliendo de la pantalla (esa tendencia de caminata y trabajo se conoce como workhike) y resultó una dinámica muy productiva y enriquecedora, que seguimos manteniendo”, cuenta.

Desde el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana de la Ciudad dicen que entre 2016 y 2019 la Ciudad emprendió un plan de mejora y ampliación de sus espacios verdes. En este sentido, durante esos cuatro años desarrollaron más de 50 proyectos que crearon 160 hectáreas de espacio público, de las cuales 110 son verdes. Además, se renovaron 200 hectáreas, 150 de ellas de espacio verde.

“El plan de la Ciudad era continuar este progresivo incremento de nuevos y mejores espacios verdes y públicos, pero en 2020 irrumpió la pandemia, lo que cambió las prioridades”, enfatizan. En 2020, se encaró un programa de peatonalización de calles y avenidas para ampliar la superficie caminable, garantizar el distanciamiento social, incentivar la permanencia y mejorar la calidad del espacio público. Intervinieron más de 150.000 metros cuadrados de espacio público, volviendo peatonales de manera parcial o total 108 calles de todas las comunas.

Goytia opina: “Esa adaptación de calles y ensanchamiento de aceras y carriles de bicisendas puede ahora generar incentivos en los gobiernos de las ciudades para seguir pensando creativamente a largo plazo en cómo mejorar el espacio público. La pandemia puso en evidencia que hay beneficios importantes para las ciudades en crear y mantener estos espacios públicos, pero también hay que generar un acceso más equitativo a ellos”.

La necesidad de salir y encontrarse

El 17 de octubre, Noel Álvarez festejó en una plaza de Núñez el cumpleaños de su hijo menor. “De esta manera, pudieron venir los abuelos, que casi no habían visto a los chicos durante la cuarentena. Trajeron sus reposeras y participaron del festejo con distancia. Llevamos una torta y juguitos en cartoncitos desinfectados para que no se comparta vaso. También vinieron los primos y algunos amigos del barrio. El propósito del encuentro era cantar el feliz cumpleaños a un nene de tres años”, describe. Con los días lindos, empezaron a tener cada vez más cumpleaños por distintos parques de la ciudad. Álvarez opina: “Se da una dinámica hermosa. Se suman otros chicos al reparto de torta. Es un festejo más abierto”.

Noel Álvarez festejó en el parque los tres años de su hijo.

Al vivir en un departamento, la plaza se transformó en un lugar vital para los hijos de Álvarez. A fines de julio comenzaron a ir todos los días e incluso se encontraban con otros chicos a jugar. “Ahí podían andar en bici e interactuar con otros nenes. Mi hijo mayor, de 8 años, comenzó un taller de historietas al aire libre en noviembre” dice Álvarez.

Los sábados a la mañana, Clara Lagos realiza un taller de historietas para un grupo de chicos de entre 6 y 12 años.  “Al principio de la cuarentena el taller lo hice online, pero es una modalidad muy fría. Mi propuesta es lo contrario a la individualidad y a la pantalla. Me sentía incomoda”, cuenta Lagos. Un día un chico le planteó la posibilidad de hacer el taller al aire libre y ella aceptó probar la experiencia. El primer encuentro bajo esta dinámica fue en octubre, en Florida, provincia de Buenos Aires.

Clara Lagos organiza un taller de historietas al aire libre.

Los encuentros son a una cuadra del taller. Lagos lleva una bolsa llena de libros, hojas y lonas para sentarse. La actividad se redujo a una hora y media en lugar de dos por la falta del baño. Los chicos llevan sus cartucheras y, una vez ahí, algunos leen y otros dibujan. Lagos reflexiona: “Resultó una buena idea y lo seguimos haciendo de ese modo. Una nena me decía que era la primera vez que salía. Otros chicos corrían de un lado a otro, contentos. El taller era una excusa. Ellos necesitaban salir, encontrarse y hablar”.