Mercedes D'Alessandro: "Las feministas que estamos en el gobierno no tenemos el poder, somos activistas dentro del Estado" | RED/ACCIÓN

Mercedes D’Alessandro: “Las feministas que estamos en el gobierno no tenemos el poder, somos activistas dentro del Estado”

Desde hace un año lidera la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía, único espacio de ese tipo en América Latina. En esta entrevista, hecha junto con miembros y lectores de RED/ACCIÓN, se enorgullece de haber logrado influir para que el presupuesto tenga perspectiva de género. También dice que su gran frustración es que en la Mesa de Salarios y Precios no haya mujeres. Y habla de la brecha salarial de género, de la necesidad de rever las licencias de maternidad y paternidad, y de la importancia de redistribuir las tareas domésticas y de cuidado.

Intervención: Centa

Este contenido contó con participación de miembros co-responsables y lectores de RED/ACCIÓN

Hace unas semanas nos propusimos conversar con Mercedes D’Alessandro, directora de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía. Ella se sumó al equipo del ministro Martín Guzmán en 2020, fundando un espacio orientado a la planificación económica con perspectiva de género.

D’Alessandro tiene una larga trayectoria —académica y como fundadora de la organización de la sociedad civil Economía Femini(s)ta— en visibilizar las desigualdades de género y trabajar para incorporar esa perspectiva en las políticas públicas. De la producción de esta conversación participaron miembros co-responsables y lectores, quienes enviaron preguntas para ella y presenciaron la entrevista, que se hizo de modo virtual.

Cuando D’Alessandro asumió en el cargo enumeró varios indicadores relacionados a la actividad económica de las mujeres respecto a los varones: que las mujeres realizaban el 76% de las tareas domésticas y de cuidados no remuneradas, que la brecha salarial con los varones era del 28% respecto de los varones... Buscó demostrar la necesidad de que existiera este área dentro del ministerio.

—A poco más de un año de ese discurso y tras un año en pandemia, ¿cómo evolucionaron esos indicadores? 
—Empezamos a trabajar en enero del 2020 y el 9 de marzo hicimos el lanzamiento oficial de la dirección. Solo 11 días después, el presidente anunció las medidas de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. Es más, el día del lanzamiento de la dirección veíamos cómo se desplomaba Wall Street en las pantallas de Bloomberg que el ministro tiene en el despacho. En ese contexto arrancamos. Pocos días después, el 23 de marzo, el Gobierno anunció el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). Entonces, una de las primera cosas que hicimos fue sentarnos a ver la emergencia. Y la emergencia era cerrar la economía, veíamos el futuro en lo que pasaba en Italia, España, China, Estados Unidos, donde la pandemia ya llevaba un mes o dos meses. Pero nosotras ya teníamos la intuición de que a las mujeres les iba a afectar de manera asimétrica.

—¿Y pudieron incidir de alguna manera?
—Sí, cuando se construyó el diseño del IFE (un ingreso destinado a trabajadores y trabajadoras informales) insistimos y logramos incorporar a las trabajadoras de casas particulares. Porque si bien tenían un cierto nivel de formalidad, un 24%, las incluimos porque sabíamos que las iban a echar, porque ya veíamos que sucedía en otras economías. Sabíamos además, que es la principal ocupación que tienen las mujeres en Argentina. Le sigue ser maestra, ser enfermera, trabajar en un comercio. Eran todas actividades que nosotras veíamos que con la pandemia se iban a incrementar, o ver afectadas. Enfermeras: en el sistema de salud 7 de cada 10 personas son mujeres. Maestras: 8 de cada 10 personas que trabajan en el sector enseñanza son mujeres, que vieron incrementado su trabajo con el teletrabajo, más la intensidad de los cuidados de sus propios hogares. A esto hay que sumar el trabajo en los comedores y en los barrios populares, donde las mujeres son las que sostuvieron las ollas.

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—En este contexto, ¿qué aspecto positivo rescatan?
—Volviendo a la primera pregunta, debo decir que dentro de la emergencia pudimos conservar dos compromisos que tuvimos desde el primer día: generar indicadores que nos sirvan para construir políticas con perspectiva de género y tener un presupuesto con perspectiva de género.

Mercedes D'Alessandro durante la entrevista con RED/ACCIÓN.

—Vos aclarás que la pandemia profundizó algunos indicadores y obligó a replantearse ese programa con el que llegaron a la dirección. En ese sentido, Oscar Argañaraz, un lector de RED/ACCIÓN, pregunta cómo se adecuaron, cómo fue el trabajo hacia adentro para convencer o influenciar al equipo económico que en gran medida no venía trabajando con perspectiva de género.
—Fue difícil, desafiante y también desparejo. En algunas definiciones pudimos incidir y en otras no. Hay medidas de política económica que no se construyeron con perspectiva de género. También hay que entender que en una emergencia uno usa la herramienta que tiene más a mano, que ya conoce. No te ponés a improvisar. Aunque el gobierno hizo políticas arriesgadas como el IFE, que dio muy buen resultado para contener el impacto de la pandemia, por lo menos en las primeras dos rondas, y que los niveles de pobreza no se dispararan. Es más, si miramos en perspectiva, la ONU hizo un ranking de respuesta en término de perspectiva de género a nivel mundial y Argentina está primera.

—Un dato destacable...
—No lo digo orgullosa, porque la verdad que me parece que falta un montón. Pero sí digo: qué loco que estamos primeros aún cuando nos falta tanto. Eso quiere decir que, de alguna manera, sí hubo una apertura desde quienes toman decisiones y también hubo muchas mujeres incorporadas en ese proceso de toma de decisiones. Hay que contemplar que las herramientas de la perspectiva de género son novedosas en términos generales. Nuestra dirección es nueva en Latinoamérica. No hay otra parecida. Aunque sí hacia dentro se está replicando: en los ministerios de Economía de Chaco y Buenos Aires. Es decir, está la escucha, pero no está la rápida incorporación. El Estado es una institución muy grande y no tan flexible como uno pensaría.

Mercedes D'Alessandro / Foto: Gentileza Ministerio de Economía

—¿Cuál fue de todos los intentos que hiciste por modificar algo el que más frustración te generó?
—Una gran frustración para mí fue que en la Mesa de Salario y Precios hayan sido todos varones. Eso me parece frustrante, lamentable. Nosotras trabajamos mucho para que eso no pasara. Que ellas no lleguen a esos lugares sí es frustrante porque no está la excusa de que no hay mujeres, hay un montón.

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Liderazgo femenino

Según CIPPEC, solo 3 de cada 10 posiciones jerárquicas en empresas son ocupadas por mujeres y en empresas grandes esa relación es 1 de cada 10. Otro estudio, publicado en octubre de 2020, en la revista BMJ Global Health, señala que los hombres predominan en el 85% de los organismos que toman decisiones y aconsejan sobre la lucha contra el coronavirus en el mundo.

¿Qué falta para que haya más liderazgos de mujeres en puestos clave?
—En algunos espacios no están las mujeres. En otros están, pero en las segundas o terceras líneas. Entonces, parte de nuestro trabajo es habilitar esas segundas o terceras líneas porque es una manera de avanzar. Para ponerte un ejemplo muy concreto, nosotras tenemos un grupo de WhatsApp de 256 mujeres gobernando (desde directoras hasta ministras) donde solo hay tres ministras. Y estamos viendo, por ejemplo, cómo impulsamos cambios en los protocolos de audiencia que lleven a que cuando se pide una audiencia en el Ministerio de Economía, en Presidencia, en algún espacio, quienes pidan esa audiencia tengan que venir con mujeres. Mientras que en muchos directorios de empresas aparecen más mujeres, aunque no liderando. Y los líderes no suelen llevarlas a las reuniones, no las habilitan. Hay una cuestión de privilegio.

—¿Creés que los cupos son una solución para lograr liderazgos más equilibrados?
—Es antinatural que estemos en el 2021 y que sean tan pocas las mujeres en espacios de poder, en el mundo privado y en el mundo público. Y no lo digo metafóricamente, lo digo desde lo real, me parece antinatural que las mujeres no estemos representadas de manera paritaria. Los únicos lugares donde nosotros vemos que se transforma efectivamente es donde hay un impulso de un cupo, de una paridad. Ya sea por una ley o por una definición política. Yo creo que los cupos, la paridad son maneras de empujar esta transformación cuando la vemos todavía frenada. Y que en algún momento va a ser innecesario.

Mercedes D'Alessandro durante la entrevista con RED/ACCIÓN.

—Además del cupo, ¿qué más se puede hacer?
—Al cupo hay que sumarle elementos que compatibilicen la vida de las mujeres. Porque si nosotros no les damos un jardín o un espacio de cuidado cercano o accesible al lugar de trabajo, si los horarios de reuniones van a ser todos de trasnoche o se van a extender todo el fin de semana, si no hay un cuidado sobre eso es muy difícil. En el grupo de WhatsApp de mujeres gobernando ese es un tema de discusión todo el tiempo. Nosotras mismas cuando nos juntamos tratamos de juntarnos a las cinco de la tarde o cinco y media. Cosa que sea el último horario laboral, pero no choque con las personas que tienen a alguien que cuidar, y sobre todo en la pandemia. Esas cosas son importantes si queremos impulsar a que más mujeres puedan llevar adelante rutinas de alta demanda como son los cargos de gestión tanto públicos como privados.

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Las tareas domésticas y de cuidado

—Otro miembro co-responsable se preguntaba si no estaba en el reparto de las tareas de cuidado y domésticas el origen de estas desigualdades. ¿Creés que es ese el origen?
—Sí, eso es parte de la explicación de por qué las mujeres no llegan a espacios jerárquicos, porque tienen un bache en sus trayectorias laborales mientras son madres. La maternidad es un factor de penalización en las trayectorias laborales, profesionales, creativas. Eso es así. A comienzos del 2020 eran 6,4 horas en promedio diarias que las mujeres dedican a tareas de cuidado y del hogar. Ahora, para las mujeres con mayores ingresos esas horas son menos porque suelen contratar a alguien que limpia, que cuida. Pero las que tienen menos ingresos tienen más horas de estos cuidados. Y la pandemia hizo que las tareas al interior del hogar se multiplicaran por mil. Para que se den una idea, en el segundo trimestre del 2020 la caída de la actividad en la población económicamente activa fue de 10 puntos. Es decir, se retiraron casi 4 millones de personas del mercado laboral. Ahora, esa caída para las mujeres que están solas a cargo de un hogar es de 14 puntos. Volviendo a lo general, quizá los varones reacomodaron un poco sus rutinas y contribuyeron un poco más. Pero lo que nosotros vemos en las encuestas es que ese trabajo sigue recayendo sobre las mujeres. La pandemia realmente nos afectó.

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—¿Cómo se puede redistribuir, formalizar o reconocer a las mujeres ese trabajo?
—Hay muchos planos para abordarlo. Está el plano al interior del hogar donde no necesitamos leyes, sino que requiere de rearmar pactos que permitan redistribuir las tareas. Ahora, desde el Estado y desde el sector privado nos debemos una discusión grande sobre las licencias de maternidad y paternidad. Ese es un tema central, desde mi perspectiva. La licencia de paternidad hoy, a nivel nacional, es de dos días. Claro que más licencia no transforma la situación de un día para otro, pero sí cambia las posibilidades de empleo de las mujeres. Imaginemos que vas a tomar un empleado y tenés a un varón y a una mujer, ambos con hijos. ¿Vas a confiar en que la mujer va a venir, va a estar pendiente, va a trabajar, cuando ya sabés que en general va estar más cargo y no va a tener con quién dejar a sus hijos?

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—¿Ese debate pendiente que mencionás está en agenda?
—Es parte de una agenda conflictiva. Porque ahí interviene el sector privado, que uno de los argumentos que tiene es que más licencias les encarece los costos. Y es cierto en algún sentido que tiene un poco más de costo. Pero, habría que hacer bien ese estudio. Desde mi perspectiva creo que algunos de esos costos se ven removidos por la posibilidad de una mejor calidad de vida. Porque los varones también necesitan ser parte de los cuidados, de ese tiempo con los hijos. Es más, en los países en los que se han implementado licencias de maternidad y paternidad igualitarias, los resultados que se ven son mucho mejores: se reducen las tasas de divorcio y mejora la productividad de los trabajadores. Ahora, pensemos que esto de las licencias afecta a una porción determinada de trabajadores y trabajadoras, no más del 40% o 50%. Argentina tiene una estructura de empleo informal muy grande y quedarían fuera, por ejemplo, los y las monotributistas. Hay que trabajar en algo que contemple todos los casos.

Foto: Télam

—Una lectora de RED/ACCIÓN, Irene Caselli, pregunta: ¿ves posible una renta universal para niños y niñas o por lo menos iniciar ese debate?
—Tenemos una renta universal para niños y niñas que se llama Asignación Universal por Hijo. En ese sentido tenemos una política de protección de ingresos para la infancia y adolescencia. Ahora reforzada en la primera infancia, con la tarjeta Alimentar, que es para niños y niñas de hasta 6 años. Por supuesto falta todavía, pero el año pasado se incorporaron más de 700.000 niños y niñas nuevos. En todo caso, creo que la pregunta sería si las personas que cuidan deberían tener un salario asociado con eso. Y la verdad es que hay grandes debates dentro del feminismo en tanto y en cuanto se asume que eso es una forma de sostener a las mujeres dentro de los hogares y que los cuidados sigan siendo una tarea femenina. Pero Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, habla de una renta universal para mujeres, sobre todo para mujeres que perdieron su trabajo durante la pandemia. La cuestión es qué posibilidades tenemos de llevar esto adelante. Hoy en Argentina tenemos restricciones bastante importantes y no está en la mesa de debates esta cuestión. Sí está en la mesa de debate cómo sostener, ampliar y seguir trabajando para que la protección de la infancia y de la adolescencia sea un hecho.

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Informes del Foro Económico Mundial, de antes de la pandemia, sostienen que a este ritmo se van a necesitar unos 200 años para terminar con la brecha salarial. En ese sentido, Chile contempla desde 2009 el derecho a la igualdad en las remuneraciones y Luxemburgo exige a las empresas de más de 15 empleados que tengan un delegado de la igualdad.

—En Argentina, ¿qué cambios concretos podrían implementarse para acelerar la reducción de la brecha salarial?
—Nuestros planes para el primer año eran tener datos e información para que las políticas públicas incorporen la perspectiva de género. Y, aunque de manera despareja, lo logramos. También hicimos el presupuesto con perspectiva de género, que fue un logro, un hito que va a transformar mucho el debate del próximo presupuesto. A partir de ahí, para este año estamos pensando dos vías de acción. Por un lado, los cuidados de los que hablamos recién. Por otro lado, tenemos que ver que el problema no es tanto el de la brecha en el mismo puesto, que sí existe, sino que las mujeres se insertan en actividades peor pagas que los varones.

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Sobre eso, la lectora de RED/ACCIÓN Silvina Velia se pregunta de qué manera se puede incentivar el ingreso de más mujeres en sectores mejor remunerados...
—Este año estamos trabajando en cuáles son los caminos por donde podemos incorporar a las mujeres a estos sectores masculinizados. Porque hoy, en Argentina, el 18% de las mujeres trabajadoras lo hacen en el servicio doméstico. Esa es la principal salida laboral y es el empleo más precarizado de nuestra economía, el peor pago. Le siguen ser maestra y enfermera, que son trabajos con mayor nivel de formalización pero con salarios que están por debajo de los de la industria, la energía, el transporte, la tecnología, que son todos trabajos que están masculinizados. Y donde, además, encontramos los mejores salarios. Es más, hay 2 puntos de PBI que están orientados a la inversión pública y eso significa puestos de ingeniería, diseño, de tecnología, de infraestructura, áreas a las que se les destinan un montón de recursos públicos. Sin embargo, las mujeres ahí no participan.

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Mercedes D'Alessandro

—Varias veces mencionaste que habían logrado un presupuesto con perspectiva de género. ¿Qué significa eso?
—Cuando se diseña un presupuesto, se formulan los objetivos que tiene un gobierno. En el presupuesto 2021 logramos que dijera que los objetivos de todo el armado del desarrollo económico tienen que ser para que haya mayor inclusión social con perspectiva de género. Entonces, cuando los organismos y ministerios traen sus proyectos para ser tenidos en cuenta en el presupuesto se evalúa que dentro de esos objetivos esté cerrar las brechas de desigualdad. Así, en lo que va del año ya logramos detectar 55 programas que contribuyen a cerrar brechas de desigualdad, que equivalen al 15% de todo el presupuesto total, que están distribuidos en 12 ministerios. En esa línea vamos a capacitar a cada uno de los ministerios y a algunas provincias, que están dando los primeros pasos. Y trabajaremos de manera articulada con diputadas, diputados y senadoras y senadores.

Los colectivos más vulnerables y la presión social

—Alessandra Hernández es miembro co-responsable y pregunta por los colectivos más vulnerables y cómo se pueden integrar al mundo laboral y económico: la situación de las mujeres migrantes (muchas de ellas sobrecalificadas y sin poder insertarse en el mercado laboral) y de las jóvenes y adultas con discapacidad.
—En estos casos se complejiza más lo que ya venimos hablando. Son sectores muy bien marcados, a los que yo agregaría a las personas travestis y trans. Por ahora, mucho de lo que se viene impulsando alrededor de esto son cupos: de discapacidad, de travestis y trans. Es un tema que lleva el Ministerio de Trabajo. Sí entendemos que el mayor bache que tenemos en cuanto a pobreza, desempleo y precarización está en las mujeres menores de 29 años que triplican en promedio la tasa de desempleo a nivel nacional. Lo cierto es que el mercado laboral para las mujeres es bastante hostil y para las mujeres migrantes más aún. 

—Pero sí trabajan desde la dirección en el diagnóstico de estos temas.
—Trabajamos en el diagnóstico y mucho en cómo incorporamos estas categorías en los debates económicos. Además, hay una cuestión de narrativas, durante la pandemia se dijo mucho que la economía mundial se había apagado y nosotras decíamos: ‘Depende qué parte de la economía miremos’. Porque quizá no estén echando humos las fábricas, pero otra vez las tareas domésticas y de cuidado en el hogar se multiplicaron, las maestras trabajando a doble turno, las enfermeras trabajando sin descanso, las mujeres en los comedores populares dándole asistencia a 11 millones de personas. Entonces, ¿qué parte de la economía estuvo parada? Cuando hablamos de economía, ¿de qué hablamos?

—Vos fundaste Economía Femini(s)ta, desde donde expusieron muchos de estos temas y propusieron políticas públicas. Ahora que estás en la gestión, ¿cuán importante es que estos colectivos propongan e impulsen políticas?
—Sí, contribuye. Siempre que el debate y las propuestas sean constructivas, suma muchísimo. Necesitamos señalamiento pero con un poco de cariño. Porque las feministas que estamos en el gobierno estamos en un lugar medio raro: porque lo cierto es que no tenemos el poder, entonces somos como activistas dentro del Estado. Todavía necesitamos fortalecer las herramientas que tenemos, transformarlas y dar un montón de debates que no están instalados al interior del Estado. En ese sentido sirve muchísimo, la presión exterior, la agenda, el apoyo, porque muestra que eso es una demanda social. De hecho, sufrí un poco durante la pandemia que no hubo tanta demanda como me hubiese gustado.

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