Besos robados: una condena a tiempo RED/ACCIÓN

Besos robados, entre la literatura y la condena

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

Genealogía cultural de un movimiento de labios nada inocente: ¿cómo era antes y cómo es hoy?

Besos robados, entre la literatura y la condena

Poco antes de la Revolución Francesa, un pintor plasmó una obra titulada "El beso robado". Por entonces ese beso era una práctica aceptada. Pero cuatro siglos más tarde ya no lo es. Y sin embargo, existe el Día Internacional del Beso Robado: es hoy.

Plus: María Kodama es obligada a pagar 888.500 pesos por el proceso de El Aleph engordado. ¿Cómo entender a la viuda en su complejidad?

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"El beso robado", de Jean-Honoré Fragonard.

Se llamaba Jean-Honoré Fragonard. Había nacido en Grasse, al sur de Francia, en 1732. Su padre era un sastre especializado en guantes y Fragonard hizo un buen uso de sus propias manos desde joven, cuando, con la familia mudada a París, comenzó a estudiar pintura en los talleres de algunos grandes maestros. Pasaron los años y el joven pintor ganó un premio para perfeccionarse en Roma, mejoró y siguió mejorando, imagino que hizo los amigos correctos (Diderot elogió una de sus obras y Luis XV la adquirió) y luego —ya en 1765— ingresó a la Real Academia de Escultura y Pintura de Francia. 

Por entonces dejó de pintar aburridas cuestiones religiosas; sus clientes, los nobles y los palaciegos, le pedían los temas que estaban de moda antes de que el régimen fuera derrotado: escenas de amor, picaresca y placer en la corte. Fragonard las creó con colores sofisticados y claroscuros bien compuestos.

Una de esas obras es “El beso robado” y la traigo 👆 a SIE7E PÁRRAFOS porque el calendario marca una efeméride que ya no debería existir: hoy es el Día Internacional del Beso Robado. 

El asunto comenzó en el Reino Unido en el siglo XIX como Kissing Day, y quién sabe cómo llegó al mundo hispano ya adaptado a Beso Robado (el Día Internacional del Beso es el 13 de abril). El Beso Robado solía ser quizás un beso más entre todos los besos, y de hecho el más famoso del mundo es ese que un marinero le dio en Times Square a una enfermera al final de la Segunda Guerra Mundial, y que Alfred Eisenstaedt fotografió famosamente para la tapa de Life (aunque parece que no fue nada espontáneo). 

La estatua del beso robado en Sarasota. Imagen: Facebook.

Pero hoy el Beso Robado no es un beso más. Aprendimos que un beso robado es una situación de acoso, y una estatua que reproduce al marinero y a la enfermera en Sarasota, Florida, fue vandalizada en las protestas de #MeToo de 2019. “¿Es una muestra inocente de júbilo por el final de una guerra o un acto inaceptable de agresión sexual?”, se preguntaba entonces NPR

¿Y Jean-Honoré Fragonard? Luego de la Revolución perdió a sus clientes (pues muchos de ellos perdieron la cabeza) y se acomodó como administrador de museos. Otra versión dice que se recluyó en el campo. Como sea, murió pobre y olvidado hasta que por fin, un día, fue rescatado como un maestro del estilo rococó.

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Fernanda Pérez.

“El amor, tantas veces bastardeado por los cánones intelectuales de la literatura, es quizás uno de los temas más universales y complejos de escribir”, pone Fernanda Pérez en su nuevo libro, Cómo escribir una historia de amor: Manual sobre el género romántico y sus desafíos. Es un lanzamiento que llamó mi atención porque disecciona un género que vende muchísimo y del cual los medios culturales no suelen hablar (aunque SIE7E PÁRRAFOS sí 🥰). 

Pérez es autora de novelas románticas (La piel no olvida es la última) y es periodista, y en su manual se pregunta cómo empezar una historia de amor, por qué puede fallar, qué hacer con los personajes y con el contexto histórico, qué onda el erotismo. E incluye entrevistas a las referentes del género como Florencia Bonelli, la mujer-boom que lleva vendidos más de tres millones de ejemplares (¡en un país de 44 millones de habitantes!). Así que le escribo y le pregunto sobre el lugar del beso robado en el género. 

🧡 “Hay muchas cosas de la novela romántica que caen en ciertos estereotipos o clichés, y el beso robado podría ser una de ellas”, me responde. “Sin embargo es un recurso que ha ido desapareciendo. De todas maneras, me parece que hay algunos detalles a diferenciar: una cosa es una tensión sexual en una relación prohibida o el histeriqueo en un vínculo adolescente y juvenil, o que alguien busque la manera de acercarse a la persona que le interesa con algún tipo de artilugio… Y otra es un beso robado con violencia”.

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El lugar del beso robado en la literatura romántica ha ido moviéndose hacia los márgenes. Fernanda Pérez señala que en la novela histórico-romántica (que transcurre en los siglos XVIII, XIX o promediando el XX) es probable que aparezcan escenas o situaciones con algún beso robado “porque en esos contextos la cultura patriarcal estaba muy instalada”. 

“De todas maneras”, sigue, “la idea del consenso ante cualquier relación sexo-afectiva está muy presente. Es decir que, aún siendo una novela de época, si una persona termina forzando a otra para que le dé un beso, va a presentarse como una relación abusiva y no como una relación amorosa. Sí puede ocurrir en un relato histórico que esa idea de ‘avanzar’ esté más en manos del hombre, porque era un poco la norma cultural de aquel entonces”. 

  • En las novelas juveniles o contemporáneas, entre indecisiones, acercamientos y distanciamientos que alimentan la estructura narrativa, ya no quedan tantos besos robados.
  • “Puede sí que la escena proponga un juego de tensión sexual”, dice Pérez, “donde algunas de las partes toma más la iniciativa que la otra, pero se trata de una dinámica que parte del vínculo consensuado, del amor y atracción de las partes”. Y esta es su conclusión: “Actualmente, el género romántico tiene, y a mi entender lo está logrando, el enorme desafío de mostrar modelos de relaciones más libres, diversas y respetuosas”. 

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Foto: Alejandra López

Luego busqué a Alexandra Kohan, autora de Y sin embargo, el amor: Elogio de lo incierto, un libro sobre el amor y el deseo, escrito desde los feminismos y el psicoanálisis. Así empieza: “¿Por qué seguir hablando de amor? ¿Por qué escribir un libro sobre el amor después de todo lo que del amor se dijo? ¿Qué decir después de todos los que hablaron de amor? ¿Qué se puede seguir diciendo?”.

¿Y el status del beso robado? Kohan responde: “No tenía ni idea de que existía esa ‘categoría’. Me parece problemático catalogar, calificar, clasificar de ese modo cuestiones relativas al encuentro amoroso. ¿Qué sería  lo otro de un beso robado? ¿Uno comprado? ¿Uno prestado? ¿Uno consentido?”

“Ya varios autores han trabajado los límites de la noción de consentimiento”, sigue, “mostrando cómo el consentimiento tampoco garantiza que no haya violencia. Estamos hablando de un beso. Si es una práctica violenta, tendrá que decirlo aquél que se siente violentado, pero de ningún modo considero que podamos erigirnos en un tribunal y dictaminar desde nosotros qué clase de práctica es. No siempre estamos igual y lo que en algún momento nos puede gustar, puede desagradarnos en otro. También dependerá de muchísimas otras cosas que conforman una escena amorosa”.

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“Te muestro cinco títulos que se adecúan a la chispa de un beso robado”, me dice al final Maxi Pizzicatto, @thxboywthebooks, un booktuber (este es su canal de YouTube) y bookstagrammer que además escribió una novela, Todas nuestras noches.

Con 19k seguidores, sus contenidos incluyen reviews, unboxings y book hauls. Su video con mayor cantidad de visualizaciones, donde recomienda libros LGBT, ya supera los 73 mil views. Este es su top 5 de literatura de besos robados con adrenalina juvenil: 

  • Cuéntalo: No hay justicia para ella, de Robyn Gigl 
  • 7 semanas en París, de Paula Gallego 
  • Solo quedó nuestra historia, de Adam Silvera
  • Desayuno en Júpiter, de Andrea Tomé
  • La novia de Sandro, de Camila Sosa Villada

“No recuerdo si todos tienen una escena de un beso robado, pero me da la sensación de que sí”, dice. “Al menos está esa adrenalina. Y aparte son historias con un romance interesante”.

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María Kodama. Foto: Florencia Downes/Telam

Otro tema. Estos días el mundo de los libros (y el de los juicios) conoció un nuevo capítulo —un tremendo nuevo capítulo— en la novela que vienen protagonizando María Kodama y Pablo Katchadjian. La Justicia Civil intimó a la viuda de Borges (y apoderada de su obra), a pagar 888.500 pesos de costas y honorarios en el juicio por plagio y fraude que inició en 2015 y perdió en 2017 contra el autor de El Aleph engordado. Ese es un texto experimental que agrega a las 4.000 palabras del cuento original otras 5.600, con personajes, escenas y ritmos alterados (y solo se imprimieron 200 ejemplares). 

Pero… la viuda tiene lugar para una apelación. La novela continuará aunque parece difícil que ella salga victoriosa.

A lo largo de los años, María Kodama ha emprendido varias aventuras judiciales. En el caso Katchadjian, el PEN —comunidad internacional de escritores por la libertad de expresión y creación— se quejó ante “la judicialización desmedida del acto creativo”. Otras veces Kodama se enfrentó contra Alejandro Vaccaro, un biógrafo de Borges; también contra el periodista Osvaldo Ferrari, que publicó tres libros de diálogos con Borges.

La viuda, a quien muchos en el mundillo literario ven como infame, odia, quizás por sobre todo lo demás, el diario de 1.700 páginas de Adolfo Bioy Casares acerca de Borges (puesto fuera de circulación, alcanza valores de hasta 65.000 pesos en Mercado Libre) donde se cuentan muchas intimidades. “Bioy es el Salieri de Borges. La verdad es la verdad y las cosas como son”, dijo ella en una nota

María Kodama con Jorge Luis Borges y el fotógrafo Francois-Marie Banier en Paris, en enero de 1983. Foto: JOEL ROBINE / AFP

🖐Kodama es una mujer compleja. Y para entenderla en toda su dimensión tenemos la ayuda de quienes la han entrevistado o intentado abordar. 

  • “Siempre espera en el bar envuelta en un aire de lejanía báltica como si estuviera, a la vez, abstraída y conciente de que su aspecto —ese pelo blanco como un alegato, una capa interior que tiñe de castaño puesto que aún tiene un mechón negro y siente que el contraste resulta violento— es una disrupción: verla es como ver a un ser mitológico” — escribió sobre ella Leila Guerriero en El País.
  • “María Kodama vive para el legado de Jorge Luis Borges desde hace veinticinco años; en sus ojos y en su cuerpo delgado, elegante, enteramente de blanco, se traza la emoción cuando lo dice” — la perfiló Ana B. Prieto en Orsai.
  • “Nadie diría que quien las escribe es un octogenario invidente, porque ellas transpiran un entusiasmo febril y juvenil por todo aquello que toca y que pisa, y su autor se permite a veces los disfuerzos y gracejerías de un muchachito al que la chica del barrio, de quien estaba prendado, acaba de darle el sí. La explicación es que María Kodama, la frágil, discreta y misteriosa muchacha argentino-japonesa, su exalumna de anglosajón y de las sagas nórdicas, por fin lo ha aceptado y el anciano escribidor goza, por primera vez en la vida sin duda, de un amor correspondido” — Mario Vargas Llosa en El País sobre el libro Atlas, escrito por Borges en colaboración con María Kodama y publicado en 1984. 
Foto: @BBCMundo

Hoy mencionamos 4 libros en SIE7E PÁRRAFOS:

1⃣ Cómo escribir una historia de amor: Manual sobre el género romántico y sus desafíos, de Fernanda Pérez.
2⃣ Y sin embargo, el amor: Elogio de lo incierto, de Alexandra Kohan.
3⃣ Todas nuestras noches, de Maximiliano Pizzicatto.
4⃣ El Aleph engordado, de Pablo Katchadjian.

Bueno... por ahora lo dejamos acá. Podemos seguir la conversación por mail [[email protected]] o en las redes [@redaccioncomar]. Y también podés contactarme en Twitter [@sinaysinay].

  • Si querés recomendarme libros, autores o temas para tratar, o contarme si leíste algo de lo que mencionamos, ¡adelante!

Nos vemos,
Javier

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Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Javier Sinay.

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