La guerra de Djokovic | RED/ACCIÓN

La guerra de Djokovic

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El caso en Australia es el punto en el que confluyen todas las discusiones que hay sobre el covid.

La guerra de Djokovic

El debate entorno a la llegada de Novak Djokovic a Melbourne condensa un problema mucho mayor: la discusión sanitaria sobre las vacunas, la igualdad de las personas frente a la ley y la tensión entre la libertad individual y la autoridad del Estado. A dos años de empezada la pandemia, se trata de disputas todavía no zanjadas.

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Final abierto. Nadie canta victoria todavía: ni Djokovic, que ya campa a sus anchas por tierras australianas, ni sus detractores, que se ilusionan con verlo morder el polvo (el cemento en este caso), derrotado por el 147 del mundo en la segunda vuelta. El hecho es que Novak se pasó un par de días en un hotel para inmigrantes indocumentados antes de que sus abogados lograran evitar la deportación. Y aunque el juez Anthony Kelly le devolvió la visa, ahora el Gobierno Nacional asegura que será deportado por orden ejecutiva y le impedirá el ingreso al país por 3 años. El final todavía estaba abierto cuando se escribían estas líneas.

Las aventuras del gran Nole en Australia interesan no sólo porque sea un crack del tenis. Su caso es como el Aleph de Borges: el punto en el que confluyen, sin confundirse, todas las discusiones que hay o podría haber sobre el covid en el universo. Un prodigio. La cobertura mediática y la conversación en redes supera ya el número de los papiros de la Biblioteca de Babilonia, así que cualquier enumeración de enfoques resultará siempre insuficiente y arbitraria:

  • Creencia. Djokovic –como una parte de la población– desconfía de las vacunas. Su grupo se alimenta de argumentos y datos a los que prefiere dar crédito, a la vez que desestima los del bando contrario. Lo mismo que les sucede a los pro-vacunas. Son legos que parecen discutir de ciencia pero en el fondo confrontan convicciones. Tema para psicólogos: por qué unos les creen a la OMS y los laboratorios, y otros a sus detractores.
  • Símbolo. Nole es serbio, outsider, desafiante del statu quo. Es Maradona en el 86 vengando la guerra de las Malvinas. Es el héroe que se planta ante lo que para algunos es una ley arbitraria y excesiva. Representa a los indignados que se quedaron en sus casas por orden del gobierno, los que no pudieron despedir a sus muertos, los que sienten que alguien se quedó con sus libertades sin que nadie los defendiera. Por eso enciende pasiones.
  • Política. Australia es Babel. La isla inmensa en la que confluyen todos los pueblos de la tierra, o al menos los de Oriente y Oceanía. La pandemia generó terror y su presidente Scott Morrison, como otros en el resto del mundo, piensa que a la larga el rigor le traerá popularidad. Si permite que Djokovic juegue el torneo, se arriesga a que lo acusen de favoritismo con un extranjero sólo porque es famoso. Pero tampoco quiere ser el malo de la película. El juez Kelly podría estar haciéndole un favor.
  • Legitimidad. ¿Puede una orden ejecutiva del Presidente contradecir la decisión de un juez? El problema está en el corazón de la democracia moderna. Y más profundo: ¿puede el Presidente establecer un régimen de excepción y limitar las libertades individuales básicas? ¿No debe hacerlo en todo caso el Parlamento, que representa a los ciudadanos? Una parte de la población está convencida de que el Presidente actúa contra la Constitución y es lícito desconocer su autoridad.
  • Igualdad. La sensibilidad del siglo XXI admite cada vez menos los privilegios frente a la ley. Por eso el rechazo de muchos a que se haga una excepción con Djokovic: si la rusa Natalia Vijliántseva no pudo entrar a Australia por estar vacunada con Sputnik, entonces que el serbio se vuelva a su casa. En el otro bando, los defensores de Nole claman libertad frente a un gobierno que abusa de su poder. La fraternidad brilla por su ausencia. Déjà vu de la Revolución Francesa.

El Aleph que imaginaba Borges era una esfera brillante, algo más chica que una pelota de tenis. En ese objeto estaba contenido el inconcebible universo.

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Tres preguntas a Quassim Cassam. Es un filósofo keniata profesor en la Universidad de Warwick. Nacido en Kenia en una familia de origen indio, estudió filosofía, política y economía en el Keble College de la Universidad de Oxford, donde se doctoró en 1985. Desde 2009 es profesor en la Universidad de Warwick.

  • ¿Cuál es la relación entre conocimiento y auto-confianza?
    Tenemos la confianza de que pusimos la alarma al salir de casa porque recordamos haberla activado nosotros mismos. Eso se llama auto-confianza. No sólo tenemos esa confianza, sino que además tenemos el derecho de tenerla en la medida en que nuestra memoria es confiable. Si alguien que está a nuestro lado nos dice que no pusimos la alarma, que nos vio salir y no la pusimos, eso nos traerá a la memoria las veces que creímos haberla puesto y no lo hicimos. Si esa persona es lo suficientemente convincente, va a lograr implantar en mi cabeza la duda. Tenía certeza de que la había activado, pero ahora ya no estoy tan seguro. Tenía confianza en mí mismo, y ahora ya no. El efecto de esa pérdida de confianza es la pérdida de conocimiento: ya no sé si puse la alarma, como consecuencia de la duda que me sembraron. Cuanto más dudo, menos sé. El conocimiento requiere de cierto nivel de confianza. Si eso es así, hay una manera bastante efectiva de privar a alguien de lo que sabe: erosionando su confianza en sí mismo. No cambió el hecho (sí puse la alarma), pero dejé de saber lo que sabía porque ahora dudo de mí. Desapareció el conocimiento.
  • ¿Qué relación tiene esto con las teorías conspirativas?
    Uno de los efectos de la proliferación de noticias falsas y teorías conspirativas, particularmente en redes sociales, es que daña nuestra confianza en que somos capaces de entender cómo es el mundo que nos rodea. Y si se daña nuestra confianza en que podemos conocer, se daña nuestra capacidad de conocer. Imaginemos que creo la versión oficial de lo que pasó en el Holocausto. Si me expongo a muchas teorías conspirativas, podrían hacerme dudar. Ya no confiaré en lo que creía. Y ese es el punto de las teorías conspirativas: no tenés que creer las versiones oficiales porque son falsas. Hay muchas razones por las que las personas se exponen a teorías conspirativas, pero me quiero enfocar en las consecuencias: que alguien ya no sabe lo que pasó con el Holocausto.
  • ¿Cuál es tu recomendación frente a las teorías conspirativas?
    Si quiero protegerme de esa instalación de la duda, hay dos posibles respuestas: ignorar o rebatir. Si me hacen dudar, quizá es una buena solución ignorar, no engancharse, pero eso no parece satisfactorio. Parece cobardía intelectual: si uno está convencido de algo, en general lo defiende cuando otro lo niega. También hay una obligación moral de defender la verdad: importa si hubo o no Holocausto. También es importante distinguir lo que es materia de opinión y los hechos. Los hechos suceden o sucedieron. Pero si decido rebatir (que es lo que hay que hacer muchas veces, como en el caso del Holocausto) mostrando la evidencia, caigo en un problema: no siempre tengo el expertise para mostrar apropiadamente toda la evidencia. Así se pierde conocimiento, porque no sé cómo responder. Pero por suerte hay gente que sí sabe responder porque son expertos. Creo que hay que defender ese concepto: el del experto que merece crédito porque estudió a fondo un tema, porque es competente.

Las tres preguntas a Quassim Cassam se tomaron de la presentación “Conspiracy Theories and the Problem of Disappearing Knowledge” dada en el contexto de TEDxWarwick. Para acceder a la charla completa, podés hacer click acá.

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Métricas. Las áreas de Comunicación siempre tienen el desafío de mostrar resultados con mediciones claras y convincentes.

Este artículo de Joy Knowles sugiere enfocarse en tres variables: Awareness (a través de las relaciones con los medios, se logró aumentar el conocimiento del producto/evento en un X por ciento este mes); Engagement (el X por ciento de los clientes potenciales calificados para marketing provino de referencias de relaciones públicas); y Reputation (la reputación de nuestro producto entre nuestra audiencia creció en un X por ciento). Menos es más, también en brand PR.

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Academia. La inteligencia artificial es, desde siempre, oportunidad y amenaza para el hombre. En este artículo, Daniel Innerarity analiza si la inteligencia artificial puede calificarse realmente como inteligente, cuáles son las propiedades de la inteligencia humana que la inteligencia artificial no ha conseguido aún imitar y cuál es el papel de las humanidades y de las ciencias sociales en el diseño de una inteligencia artificial más integrada y amplia.

Una mirada equilibrada y optimista sobre el presente y el futuro, y la propuesta de apostar a las disciplinas humanistas, que dan plasticidad al intelecto y permiten adaptarse a lo único seguro: el cambio permanente.

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Oportunidades laborales

  • Danone abrió la posición de Jefe de Comunicación Interna. LINK.
  • Bitso busca Argentina Communications Specialist. LINK.
  • EdgeUno abrió la búsqueda de Director of People and Culture. LINK.

Hasta acá llegamos esta semana. Todas tus ideas, propuestas o consultas son bienvenidas. Podés escribirme a [email protected]

¡Hasta el miércoles que viene!

Juan

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