Liberación de patentes de las vacunas: ¿conviene? | RED/ACCIÓN

¿Es realmente la liberación de las patentes una solución para terminar con la inequidad en el acceso a las vacunas?

El acceso a las vacunas es muy desigual entre los países del mundo. Más de 100 países ya mostraron su apoyo a esta iniciativa que promueve poner a libre disposición toda la información sobre cómo producir las dosis contra el coronavirus.

¿Es realmente la liberación de las patentes una solución para terminar con la inequidad en el acceso a las vacunas?

Intervención: Denise Belluzzo

El 5 de mayo pasado, el presidente Joe Biden anunció que Estados Unidos apoyaría una liberación temporal de las patentes de las vacunas para prevenir el COVID-19. La Organización Mundial de la Salud, que venía abogando por que esto suceda, celebró la decisión y la tildó de ‘‘histórica”.

Sudáfrica, India y otros más de 100 países (que son en su mayoría países en desarrollo) venían impulsando una petición de liberar las patentes para democratizar el acceso a las vacunas en todo el mundo.

La declaración de Biden generó un efecto cascada: Vladimir Putin, de Rusia, anunció su apoyo a liberar las patentes, y el jueves, China también dijo que está a favor.

Mientras tanto, el problema de la inequidad en el acceso a la vacunación en el mundo es alarmante. Para dimensionar la magnitud de esta desigualdad, basta decir que los países más pobres recibieron apenas un 0,3% de las vacunas producidas para combatir el COVID-19.

¿Qué significa liberar las patentes?

“El proceso de liberación de patentes tiene que ver con poner a disposición toda la documentación con la que se hizo el registro y un detalle de los procesos de elaboración de un medicamento o lo que fuera. Es un procedimiento técnico, legal, jurídico, que tiene su complejidad. Por un lado está la liberación de información por parte de la oficina de patentes de cada país, y por otro lado la información que se le solicite a las compañías”, explica Melchor Mazzini, director de Advocacy de Aids Healthcare Foundation Argentina, una ONG internacional que está impulsando la campaña Vacunar nuestro mundo, que entre otras cosas apoya la idea de liberar las patentes de la vacuna contra el COVID.

Esta nota surge de un episodio de FOCO, el podcast de RED/ACCION.

“Una liberación temporal de patentes significa que durante un tiempo no se paguen los derechos de uso de patentes. Podrían volver a hacerse exclusivas, aunque en algunos casos seguramente no suceda, en el momento en que se termine la pandemia. En ese caso, cada país volvería a establecer sus derechos y la (Organización Mundial del Comercio (OMC) acordará el fin de la suspensión, y esto significaría que los propietarios de los derechos originales comiencen a recibir los beneficios”, dice Mazzini. 

A pesar del apoyo de varios líderes mundiales del mundo, el director de Advocacy de Aids Healthcare Foundation Argentina advierte que se necesita antes un acuerdo en la OMC que luego sea aplicado por cada uno de los países.

¿Es entonces liberar las patentes la mejor solución?

La respuesta es mucho más compleja de lo que parece.

Lucas Lehtinen, director ejecutivo del Centro de Propiedad Intelectual de la Universidad Austral y un especialista en derechos y patentes, aclara: “El proceso de liberación de una patente no existe como tal en los convenios internacionales. Sí existen ciertos mecanismos por los cuales se pueden dar ciertos tipos de flexibilidades. El acuerdo trips o adpic permite hacer una licencia obligatoria, implica la posibilidad de otorgar los permisos de la patente a otros miembros del Estado y fabricantes para producir el producto. Para eso, debe haber una patente previamente otorgada. En el caso de las vacunas del COVID, no existe todavía una patente otorgada. Todas están en proceso. Por ello no se puede hacer uso de ese mecanismo. Y la situación en la que nos encontramos es una situación que no está contemplada en ninguno de los tratados”.

Las últimas reuniones que se habían celebrado en la Organización Mundial del Comercio, que es el máximo organismo a nivel internacional para estos temas, habían culminado con un veredicto negativo con respecto a la liberación de patentes.

La figurita difícil sigue siendo hasta ahora la Unión Europea. Mientras Francia e Italia, por ejemplo, respaldan la idea, Alemania se niega categóricamente. Angela Merkel, Canciller alemana, dijo que hacer esto quitaría inventivos a la hora de que los laboratorios inviertan en innovación e investigación en un futuro. Muchas farmacéuticas opinan lo mismo. Un empresario del rubro en Estados Unidos incluso twitteó: “¿Quién va a fabricar la vacuna en la próxima pandemia?‘‘.

Hasta el momento solo hubo dos antecedentes de liberación de patentes y, según explica Lehtinen, ninguno fue exitoso. “El primero es el de la ley de comercio con el enemigo, sancionada por el Congreso de Estados Unidos, aplicable como un acto de guerra durante la Primera Guerra Mundial para liberar las patentes del enemigo. El segundo caso es la Declaración de Doha de la OMC para medicamentos esenciales, que surgió por motivo de los retrovirales de HIV. Esta declaración tardó 15 años en aplicarse”.

La complejidad de la tecnología, una de las principales trabas para la liberación de las patentes

“Hay algunas vacunas que tienen una tecnología demasiado compleja de replicar, como la de Moderna o Pfizer, que tienen componentes tecnológicos que hacen que sea difícil garantizar las condiciones de homogeneidad o equilibrio necesarias. Y requieren de tecnología que no todos los países tienen. La vacuna de Pfizer requiere por lo menos de 200 insumos. 16 países intervienen en su fabricación y lleva 18 pasos obtener una dosis”, explica Lehtinen sobre los desafíos de la producción de las vacunas.

Otro temor tiene que ver con cuestiones de seguridad: varias farmacéuticas insisten en que liberar las patentes no es ‘‘tan sencillo como entregar un libro de recetas‘‘ porque hay controles y cuestiones técnicas que quedarían comprometidos, y que la propuesta “debilitaría las cadenas de suministro y alimentará la proliferación de vacunas falsificadas”.

Lathinen opina que “muchos países, aun cuando existiera la liberación de patentes, deberían empezar su adaptación tecnológica, deberían realizarse convenios de cooperación tecnológica, lo que generaría un cuello de botella mayor y la imposibilidad de seguir cumpliendo con las previsiones y planificaciones que hoy nos están arrojando la Universidad de Duke y el Instituto Milken de entre 9 mil y 11 mil millones de dosis para finales de 2021, lo que llevaría a duplicar la cantidad de dosis de la población mundial”.

El problema de la liberación de patentes llega en un momento en el que la crisis del COVID-19 ya sobrepasó los 161 millones de casos y las 3.350.000 muertes, según el contador de la Universidad Johns Hopkins. 

Mientras Estados Unidos ya está permitiendo circular sin barbijo y se están empezando a vacunar niños de entre 12 y 15 años, India está ante el peor brote de coronavirus y tiene un serio problema de escasez de vacunas. Tanto es así que tuvo que suspender sus exportaciones de vacunas, y esto es muy grave porque este país es uno de los principales productores de vacunas para el sistema COVAX, una iniciativa que gestiona la OMS con fondos privados para que las vacunas lleguen, gratis o con descuentos, a países menos privilegiados.

“El tema de la distribución totalmente desigual tiene muchas formas de abordarse. El mecanismo COVAX es una de las formas en las que se ha abordado, con poco éxito hasta el momento, para poder mitigar el tema de la escasez de vacunas con menos desarrollo. Las alternativas son que los países que tienen posibilidades tengan gestos solidarios con el resto del mundo, pero gestos reales y urgentes”, indica Mazzini.

Claramente, el mundo no estaba preparado para el tema de la distribución de vacunas, y la desigualdad entre países ricos y pobres queda en evidencia más que nunca.

El mes pasado, la OMS contabilizó que ya se habían administrado casi 900 millones de dosis de vacunas en todo el mundo, pero que el 81% han ido a parar a los países de renta alta o media alta, mientras que los países de renta baja sólo han recibido el 0,3%. 

Pero los países de mayores ingresos, además de tener más recursos, también cuentan con otra ventaja: son las sedes de las principales industrias farmacéuticas del mundo. Las 20 principales empresas productoras de biotecnología del mundo están en países ricos. Y según explica el diario The Washington Post, un 97% de las actividades de investigación y desarrollo ocurren allí.

Entonces, si liberar las patentes no es la solución, ¿cómo se puede lograr un acceso más rápido y equitativo a las vacunas en todo el mundo?

“Se pueden tomar otras medidas que no obstaculicen el ejercicio de los derechos, como establecer cuotas de exportación para los países que producen vacunas, establecer mecanismos de cooperación y transferencia de tecnología entre países, que permitan celebrar acuerdos de transferencia de tecnología y que permitan las adaptación tecnológicas”, opina Lucas Lehtinen.

Desde Aids Healthcare Foundation, por otro lado, insisten en que, aunque liberar las patentes no es la solución perfecta, estamos ante tiempos inéditos que requieren de medidas inéditas.

Melchor Mazzini asegura que “liberar las patentes no es suficiente porque se necesita inversión para la logística, los viales, la producción. Hay que hacer un esfuerzo para tener todos los materiales, la logística, la distribución, el almacenado. Hay mucho trabajo que acompaña y costos que ni siquiera están calculados todavía. El esfuerzo debería venir especialmente del G7, el Banco Mundial, el FMI, el mundo desarrollado. Estamos hablando de una situación de emergencia y un momento histórico, para que no se prolongue la pandemia. Es una situación casi utópica y lo reconocemos, pero es un momento de hacer realidad ciertas utopías”.


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