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Coronavirus

Actualizado el domingo 24 de octubre, 22:13 hs. Buenos Aires (+3 GMT).

💉Total de vacunas aplicadas en el mundo → 6.844 millones. En Argentina → 58.211 millones.

Mirá la Guía para vivir en tiempos de coronavirus 😷
Mirá Las respuestas a tus preguntas sobre las vacunas 💉
Seguí el proceso global de vacunación 🌎

🇦🇷 Argentina. Cifras actualizadas

➡️ Personas vacunadas con una dosis → 32.889.086
➡️ Personas vacunadas con dos dosis →25.360.982
➡️ Total de casos confirmados →5.280.358
➡️ Total de fallecidos → 115,826
➡️ Nuevos casos en las últimas 24 hs. → 540
➡️ Pacientes recuperados → 5.141.615
➡️ Pacientes activos → 17.713

Fuente: Ministerio de Salud. Último informe oficial.

🌎 En el mundo. Cifras actualizadas

▪️Total de casos confirmados → 244,509,655
▪️Total de fallecidos → 4,965,586
▪️Nuevos casos en las últimas 24 hs. →320,112
▪️Pacientes recuperados → 221,518,736

Fuente: Organización Mundial de la salud, vía Johns Hopkins University Última información oficial.

✅ Últimas medidas oficiales

▪️ Argentina desarrolla cuatro vacunas nacionales contra el coronavirus. (Tiempo Argentino)

▪️ Argentina podría dar una tercera dosis de vacuna a toda su población. (La Capital)

▪️ Argentina recibió más de 81,1 millones de dosis de vacunas desde el inicio de la pandemia. (Télam)

▪️ La ANMAT aprobó la vacuna de Janssen contra el coronavirus. (Clarín)

▪️ La mitad de la población de Argentina ya tiene las dos dosis de la vacuna contra el COVID-19. (Infobae)

▪️ El Gobierno flexibilizó las restricciones por el coronavirus con un nuevo DNU. (La Nación)

▪️ Los argentinos vacunados en el exterior podrán validar su certificado. (La Nación)

▪️ Las fronteras de Argentina estarán abiertas a cualquier persona a partir del 1 de noviembre. (ElDiarioAr)

▪️ Pedirán esquema completo de vacunación para ingresar a fiestas, boliches y eventos masivos. (Ámbito Financiero)

▪️ Los voluntarios de vacunas podrán solicitar su registro en Mi Argentina. (Ámbito Financiero)

▪️ Argentina ya tiene su pasaporte sanitario internacional: cómo funcionará la Credencial de Vacunación Digital. (Infobae)

▪️ La Argentina participará de un estudio regional que medirá la efectividad de tres vacunas contra el Covid. (La Nación)

▪️ Cómo se podrán combinar las vacunas en Argentina. (Ámbito Financiero)

▪️ La Provincia habilita el “pase sanitario”: aceptarán vacunados en otros países. (La Nación)

▪️ El Gobierno prorrogará la prohibición de despidos y la doble indemnización hasta el 31 de diciembre. (ElDiarioAr)

▪️ China ratificó que hay acuerdo para producir la vacuna Sinopharm en Argentina. (Télam)

▪️ El Gobierno lanzará créditos y programas para PyMEs amenazadas por la segunda ola de coronavirus. (Noticias Argentinas)

▪️ La ANMAT aprobó el test argentino para la detección rápida de coronavirus. (Télam)

✅ Últimas noticias en la Argentina

▪️ La curva semanal de casos a nivel nacional dejó de caer y subió un 3%. (La Capital)

▪️ Carla Vizzotti estimó que para fin de año estarán vacunados con dos dosis todos los mayores a 3 años. (Infobae)

▪️ “Es probable que antes del otoño podamos hacer una tercera dosis de refuerzo”, dijo Fernán Quirós. (La Nación)

▪️ La combinación de las vacunas Sputnik V y Moderna triplicaron los niveles de anticuerpos, según el estudio en CABA. (Infobae)

▪️ La vacuna argentina podría entrar en fase 1 a principios de 2022. Es el proyecto "Arvac - Cecilia Grierson". (Filo News)

▪️ Cuatro hospitales del AMBA participan del ensayo de medicamentos contra el Covid-19 coordinado por la OMS. (La Nación)

▪️ Estados Unidos ofreció a Argentina transferir tecnología para la fabricación de vacunas contra el Covid-19. (Ámbito Financiero)

▪️ Sputnik V y Sinopharm generan alta inmunidad celular en más del 80% de los casos, según el Conicet. (La Nación)

▪️ Producción de vacunas en Argentina: Control de calidad, autorizaciones y contratos inminentes. (Página 12)

▪️ Expertos del INTA y el Conicet lograron neutralizar el virus con anticuerpos derivados de llamas y huevos. (La Nación)

✅ Últimas noticias en el Mundo

▪️ “Absolutamente imposible”: la UE descarta aprobar la vacuna Sputnik V este año. (La Nación)

▪️ Estados Unidos invertirá más de 600 millones de dólares para distribuir vacunas en el mundo. (Infobae)

▪️ Vacunación de niños: las estrategias y debates que hay en los distintos países del mundo. (La Nación)

▪️ UNESCO insiste sobre los riesgos de una distribución desigual de vacunas en AL. (El Economista)

▪️ Vacunas contra el Covid: Para tener inmunidad global, necesitamos 11 mil millones de dosis. (Clarín)

▪️ El mundo acelera con las vacunas y comienza a preguntarse si lo peor de la pandemia quedó atrás. (Ámbito Financiero)

▪️ EEUU donará otros 500 millones de vacunas para el covid-19 al resto del mundo. (La Nación)

▪️ Algunas vacunas duran toda la vida, ¿por qué las del Covid-19 no? (La Nación)

▪️ Pfizer asegura que su vacuna contra el Covid-19 es "segura" para los niños de 5 a 11 años. (El Mundo)

▪️ Qué países están vacunando a niños contra la covid-19 y por qué (y cuáles son los de América Latina). (BBC)

▪️ El listado de países con las mejores tasas de vacunación del mundo. (El Universo)

▪️ El debate sobre la tercera dosis de vacuna anticovid arrecia en el mundo. (Infobae)

▪️ Avanza el desarrollo de dos vacunas anti covid que no requieren frío para su conservación. (Página 12)

▪️ El G20 avanza en su 'Pacto de Roma' hacia un acceso a las vacunas posible en todo el mundo. (EuroNews)

▪️ El 40% de la población del mundo está vacunada: cómo avanza el proceso en los países de Latinoamérica. (Iprofesional)

▪️ Sinopharm anunció el desarrollo de una nueva versión de su vacuna contra más variantes del COVID-19. (Infobae)

▪️ El futuro del Covid: hasta cuándo seguirá mutando y qué pasará con las vacunas. (Clarín)

▪️ La inmunización masiva dificulta el desarrollo de una nueva generación de vacunas contra la COVID-19. (elDiarioAr)

▪️ Pfizer, la primera vacuna del mundo contra el coronavirus en conseguir la “aprobación total”. (elDiarioAr)

▪️ Sin agujas: cómo es la primera vacuna de ADN del mundo aprobada para el coronavirus. (BBC)

▪️ ¿Qué se hace para distribuir vacuna de COVID-19 en el mundo? (AP Noticias)

▪️ Qué se sabe hasta ahora sobre la combinación de vacunas contra el coronavirus. (BBC)

▪️ Cuán necesaria es una tercera dosis y otras 3 incógnitas que han surgido durante la vacunación contra el coronavirus. (BBC)

▪️ ¿Cuántos días son necesarios para alcanzar la inmunidad con cada vacuna? (ElMundo.es)

▪️ ¿Serán necesarios refuerzos anuales de la vacuna COVID? La estrategia sanitaria que analizan los expertos. (Infobae)

▪️ Inmunidad contra la covid-19: lo que se sabe sobre cuánto dura la protección que ofrecen las vacunas. (BBC)

▪️ Vacunar a todo el mundo no es fácil. Esta es la razón. (New York Times)

▪️ Cerca de 90 compañías en 33 países de todo el mundo tienen ya acuerdos para producir las vacunas contra la Covid-19. (InfoSalus)

▪️ Vacuna de AstraZeneca: por qué Reino Unido dejará de ofrecerla a los menores de 30 años. (BBC)

▪️ Pfizer y BioNTech anunciaron que su vacuna contra el COVID-19 mostró una eficacia del 100% en adolescentes de 12 a 15 años. (Infobae)

▪️ Las vacunas de Pfizer y Moderna tienen un 90% de efectividad tras segunda dosis, según un nuevo estudio. (La Nación)

▪️ La OMS califica como "grotesca" la brecha en inmunizaciones entre países ricos y pobres. (BBC Mundo)

▪️ La OMS publicó nuevas recomendaciones sobre el uso de barbijos de tela. (Clarín)

▪️ UNICEF y 16 aerolíneas se unen para distribuir masivamente la vacuna contra la COVID-19 en todo el mundo. (Naciones Unidas

▪️ Cómo funciona COVAX, la iniciativa para que todos los países accedan a vacunas. (RED/ACCION)

▪️ Un estudio reafirmó el valor del uso de las mascarillas para prevenir la transmisión de COVID-19. (Infobae)

▪️ Pfizer está trabajando en dosis de refuerzo de su vacuna para combatir nuevas variantes del virus. (Infobae)

▪️ Las vacunas de AstraZeneca y Sputnik V combinadas podrían generar una inmunidad de 2 años. (Infobae)

▪️ Revelaron el tiempo que el coronavirus permanece en la piel. (IProfesional)

▪️ Lo que debes saber sobre las pruebas de coronavirus: ¿cuántos tipos hay, cuáles son las más confiables y por qué algunas se demoran tanto? (CNN)

❤️ Positivo

▪️ La solidaridad, el costado más positivo de la pandemia en la Argentina. (Télam)

▪️ “La solidaridad es una herramienta contra la pandemia”, la campaña de la Fundación Fernández frente a la segunda ola de coronavirus. (Infobae)

▪️ Buscan convivientes de personas con coronavirus para probar si una droga evita el contagio. (Clarín)

▪️ Los 500 llamados de Oscar, el hombre de 81 años que habla por teléfono con adultos mayores que viven solos. (RED/ACCIÓN)

▪️ Cómo se reinventaron y adaptaron las ONGs para seguir ayudando y sacarles una sonrisa a los niños durante el aislamiento. (Infobae)

▪️Para ayudar. Siete planes de organizaciones para ayudar a quienes lo necesitan (y cómo podemos colaborar desde casa) (RED/ACCIÓN)

✅ Útil

▪️ Vacunas contra la covid-19: por qué te puedes contagiar aunque ya estés inoculado. (BBC)

▪️ Después del Covid: qué controles hay que hacerse para tener una buena recuperación. (Clarín)

▪️ ¿Qué es el periodo de incubación? ¿Cuándo empiezo a tener síntomas? (RED/ACCIÓN)

▪️ Cuarentena y ansiedad. Consejos de Miguel Espeche, psicólogo, para lidiar con el encierro. (Video) (RED/ACCIÓN)

▪️Autoevaluación. Descargá la app para autoevaluar síntomas de COVID-19 (Ministerio de Salud)

▪️ Coronavirus y gripe: en qué se parecen y en qué se diferencian. (Clarín)

✅ Para leer

▪️Barrios populares. El trabajo de los vecinos para enfrentar demoras en el testeo, rastreo de casos y aislamiento en villas y asentamientos (RED/ACCIÓN)

▪️Pensar la crisis II. Otras 15 reflexiones en torno a la pandemia del coronavirus (RED/ACCIÓN)

▪️Pandemia y naturaleza. ¿Podemos evitar una próxima pandemia? Nuestro vínculo con la naturaleza tiene la respuesta: el 75% de todas las enfermedades infecciosas emergentes son transmitidas de animales a humanos. (RED/ACCIÓN)

▪️Consejos. Cómo sobrellevan el encierro las personas con autismo y por qué se enfrentan a mayores riesgos (RED/ACCIÓN)

📸 Visual

▪️ Vacuna Covid-19: el mapa que muestra cómo avanza la vacunación en el mundo. (Our World in Data)

▪️ Covidvisualizer. País por país, un globo terraqueo para recorrer y conocer las últimas cifras (Covidvisualizer)

✅ Un consejo

▪️ Cómo protegerte y proteger al resto


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📝Para las elecciones de este año, se definieron una serie de cambios excepcionales tanto para los centros como para los métodos de votación.

😷El protocolo será aplicado en las PASO del 12/09 y en las generales del 14/11


🏫¿Qué cambia en los centros de votación?

- Hay menos mesas de votación, con un máximo de 8 por centro. Por eso, se habilitaron más centros de votación que lo normal.

- Hay más centros de votación que cuentan con espacios al aire libre.

- Todos los centros van a tener un "facilitador sanitario" que garantice el cumplimiento de las normas de seguridad e higiene.

- Habrá elementos de higiene y protección personal tales como alcohol en gel y barbijos.


📩Durante la votación:

- Evitar las aglomeraciones de personas.

- Concurrir sin acompañantes e irse rápidamente del establecimiento una vez emitido el voto

- Habrá una prórroga del cierre de los centros de votación. Un delegado electoral les entregará un número a las personas que sigan esperando en la fila a las 18hs para que puedan votar luego de esa hora.


🤔¿Qué va a cambiar en la forma de votar?

- Usar el barbijo y mantener la distancia, desde que se ingresa hasta que se sale del centro de votación.

- Solo se podrá quitar el barbijo en el caso que la autoridad de mesa lo solicite para corroborar la identidad del votante.

- Tener el menor contacto posible con las autoridades de mesa, quienes intentarán no tocar ni el DNI ni el sobre del votante.

- Se recomienda no cerrar el sobre con saliva, sino insertar la solapa dentro del sobre, sin sellarlo.


🕚Hay una franja horaria especial para la población de riesgo, entre las 10:30hs y las 12:30hs.

Todas las personas podrán votar en este horario, pero los grupos de riesgo tendrán prioridad. Quienes tengan una indicación médica estarán exentos de votar.

🦠¿Y si tengo COVID-19 o soy contacto estrecho?

Aquellas personas que tengan coronavirus al momento de la votación o sean contacto estrecho de un caso positivo estarán exentas de votar.

Sin embargo, quienes quieran votar también podrán hacerlo. En cada distrito el juez federal electoral determinará el proceso de votación para los casos positivos.


🔍Fuente: Cámara Nacional Electoral

El 20 de marzo de 2020 fue la última vez que en Argentina un partido de fútbol tuvo hinchas en sus tribunas. Durante más de un año y por la pandemia, los encuentros de todas las competencias se disputaron a puertas cerradas. El próximo 9 de septiembre, 548 días después, el público volverá a estar habilitado cuando la Selección Argentina reciba a Bolivia en el estadio de River.

Desde hace varios meses las autoridades de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) y de la Superliga vienen manteniendo negociaciones con las autoridades sanitarias para definir un protocolo que permita que los hinchas puedan volver a las canchas. Matías Lammens, ministro de Turismo y Deportes de la Nación, afirmó que la intención del Gobierno es que este proceso de vuelta a la normalidad comience a fines de septiembre.

Este protocolo, que en un principio aplicará para el torneo local, todavía no fue definido, pero tendrá una prueba el jueves 9 de septiembre, en el partido entre Argentina y Bolivia por las Eliminatorias rumbo al Mundial de Qatar.

¿Cómo será el protocolo para los hinchas que vayan al estadio?

El protocolo publicado por el Ministerio de Salud establece que la capacidad estará reducida al 30% del aforo, y aplicará tanto para las plateas como para las populares. El 30% de la capacidad sólo aplica para los espectadores. Los equipos de televisación, el personal de seguridad y del estadio no están contemplados en esa restricción.

Quienes asistan no necesitarán realizar un hisopado ni un test PCR. Se les solicitará un permiso de circulación para eventos masivos y deberán realizarse un autodiagnóstico a través de la aplicación Cuidar el mismo día del partido. Esto tendrá un carácter de declaración jurada. También se les solicitará el DNI y la entrada al partido.

Según el protocolo, los datos del permiso se entrecruzarán con los datos del Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud, por lo que no será otorgado a aquellas personas que tengan asociado un diagnóstico de COVID-19 positivo, que hayan tenido un contacto estrecho o que estén obligadas a realizar una cuarentena por haber vuelto de viaje del exterior.

El Monumental será el escenario de la primer prueba para la vuelta del público a las canchas de fútbol

Desde que se ingresa al primer anillo y durante todo el evento será obligatorio el uso de tapabocas. No estará permitido el ingreso de alcohol en gel o cualquier solución a base de alcohol, pero sí se permitirán toallas sanitizantes descartables.

No estarán habilitados los puestos gastronómicos. No se podrán comprar alimentos dentro del estadio. Solo se permitirá la venta de agua.

El protocolo establece que los ingresos y egresos del estadio estarán adaptados para poder mantener la distancia correspondiente entre los espectadores. También habrá personal que asegurará que se cumplan con las medidas definidas y que no haya aglomeraciones de hinchas. El incumplimiento de cualquiera de las medidas puede llevar a una sanción y al retiro del estadio de quien esté en falta.

Esta será la primera prueba para que los hinchas puedan volver a los estadios de fútbol. Tanto las autoridades sanitarias como las que representan al fútbol utilizarán esta experiencia para terminar de definir cómo será la vuelta a la normalidad en las canchas de fútbol de Argentina en los próximos meses.

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🤔 ¿Cuál es la diferencia entre una mutación, una variante y una cepa de un virus?

❌Estos 3 términos no son sinónimos.

↔️Cada uno refiere a cambios que puede sufrir un virus a lo largo de su replicación.

Repasemos qué es cada uno de estos términos 👇

🧬El SARS-CoV-2 es un virus ARN, con lo cual su genoma tiende a mutar. Estos virus son propensos a tener "errores" a la hora de replicarse.

👥Esto quiere decir que cada vez que una persona contagia a otra, el virus puede sufrir cambios a nivel genético.

🔬Estos "errores" en la replicación del virus se denominan mutaciones.

❗No todas las mutaciones tienen el mismo efecto sobre un virus. Algunas lo afectan más, y otras menos.

🦠Cuando el virus original sufre varias mutaciones, pasa a denominarse variante. Son copias de un virus original, pero con algunos cambios.

🔬Las variantes se agrupan en base a los cambios en determinados lugares del genoma original, o donde sufrió las mutaciones.

🧫Las variantes del SARS-CoV-2 se van clasificando por los cambios que se van produciendo en el genoma de la proteína Espiga.

💉Aunque el virus es diferente al original, sigue siendo similar. Las vacunas contra el virus original siguend teniendo efecto contra las variantes, aunque con una eficacia levemente menor.

🦠Las variantes pueden seguir presentando más cambios hasta un punto que se comporten de manera diferente al virus original.

🧪Cuando esto sucede, estamos hablando de una nueva cepa del virus. Se puede decir que cuando aparece una cepa distinta, estamos hablando de un nuevo virus.

🧬Las cepas presentan cambios sustanciales en su código genético con respecto al original, es decir, sufrieron mutaciones más drásticas.

🇨🇳 SARS-CoV-2 es una cepa distinta del virus SARS-CoV, que apareció en 2003 en China.

🌎 Hasta el momento, la OMS reconoce 4 variantes principales o "de preocupación del virus SARS-CoV-2:
👉Variante Alpha (Reino Unido 🇬🇧)
👉Variante Beta (Sudáfrica 🇿🇦)
👉Variante Gamma (Brasil 🇧🇷)
👉Variante Delta (India 🇮🇳)

Fuente: Florencia Bruggesser - Médica infectóloga, miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología

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En el mundo, ya se administraron 4.000 millones de dosis de vacunas contra el COVID-19. Hay más de 1.100 millones personas completamente vacunadas, un 14% de la población mundial. Esto sigue siendo un número muy bajo si consideramos que la famosa inmunidad de rebaño se adquiere cuando al menos un 70% de la población ya tiene anticuerpos por haber tenido la enfermedad o por haberse vacunado. El porcentaje necesario todavía no se sabe con exactitud.

Mientras tanto, en varios países del Primer Mundo, donde antes el problema era la escasez de vacunas, ahora el problema es que no hay suficientes personas que quieran vacunarse.

Este es el caso principalmente de Francia. Esto llevó a que se sancionara una ley que obliga al personal de salud y de cuidado y también a rescatistas a vacunarse de forma obligatoria para ejercer su profesión. Si para mediados de septiembre no están vacunadas, estas personas serán suspendidas y no recibirán ningún salario.

A esto se suma que el Parlamento francés aprobó un ”pase de salud”, que va a ser obligatorio para cualquier forma de ocio. El pase, que deja constancia de si una persona fue vacunada, dada de alta recientemente o cuenta con un resultado de test negativo, va a ser exigido para entrar en lugares públicos, shoppings, restaurantes, bares, museos y transportes de larga distancia.

Foto: Télam.

El sábado 24 de julio, más de 160.000 personas marcharon en contra de estas medidas, argumentando que se trata de un avasallamiento sobre las libertades individuales.

Francia no es el único país en acudir a este tipo de medidas. Grecia e Italia ya implementaron la vacunación obligatoria para el personal de salud y están con planes de implementar estos pasaportes para permitir a su población entrar en entornos públicos o cerrados. 

En Estados Unidos se está considerando volver obligatoria la aplicación de la vacuna para los cuatro millones de estadounidenses que trabajan en el Gobierno. En Inglaterra, donde hay una alta tasa de vacunación, ya se anunció que a partir de septiembre los jóvenes que quieran ir al boliche van a tener que estar vacunados.

Algo muy similar está sucediendo en la provincia de Buenos Aires. Hace un mes, la ciudad de Chacabuco implementó un ”pasaporte Covid” para ingresar a restaurantes, bares y gimnasios que exige tener ambas dosis. El intendente, Víctor Aiola, explicó que la medida tiene el doble objetivo de reactivar la economía local y, al mismo tiempo, estimular la vacunación.

Esta nota se desprende de un episodio de FOCO, el podcast de RED/ACCIÓN.

A la hora de escapar a esta meseta de vacunación, mientras la variante Delta sigue acechando, los gobiernos se debaten entre tres vías de acción:

  • Una es el ofrecimiento de incentivos o premios para que los ciudadanos se vacunen. Sin ir más lejos, la ciudad de Nueva York comenzó recientemente a pagarles 100 dólares a las personas que van a vacunarse. Allá, el 60% de la población se vacunó con al menos una dosis, y los casos van en aumento. De esta preocupación surge esta peculiar medida.
  • Otra vía de acción es imponer mayores restricciones a gente no vacunada, como está pasando en varios países de Europa.
  • La última opción es la total obligación de recibir la vacuna.

Más allá de que haya gente con argumentos conspiracionistas y poco fundamentados en contra de las vacunas en general, hay muchas otras personas que sí confían en la vacunación y en su inmenso valor para la salud pública, pero que temen que, porque fue desarrollada y aprobada en tiempo récord, puedan tener efectos secundarios imprevistos.

La posibilidad de la vacunación obligatoria en un contexto inédito

¿Hubo algún caso en el pasado en que una vacuna se aprobó de emergencia y empezó a aplicarse en la población en esta escala?

“No conozco ninguna otra situación en la que la vacuna haya sido aprobada en medio de la pandemia. Creo que la situación justamente es inédita en la historia de la humanidad por eso, y sobre todo en la historia de las últimas pandemias, la del SARS, el MERS, la gripe A, ninguna fue desarrollada en el momento de la pandemia. Desde ese punto de vista sí es una situación inédita”, dice Adolfo Rubinstein, médico epidemiólogo, doctor en salud pública y ex ministro de Salud de la Nación.

En la primera etapa de la pandemia se hablaba de que el desarrollador de la vacuna probablemente demoraría, como mínimo, 18 meses, pero los procesos se aceleraron a la mitad: la vacuna Pfizer, por ejemplo, se creó en 10 meses.

Rubinstein explica que en general los plazos de aprobación para este tipo de vacunas son mayores a 5 años, aunque pueden tardar menos en el caso que haya mucha aceleración.

“La verdad es que en general requieren de ensayos clínicos con mucho tiempo de seguimiento, y esto además de los estudios preclínicos. Es decir, existen distintas fases de investigación preclínica primero y luego investigación clínica, que toman muchísimo más tiempo, por lo que el plazo de desarrollo de una vacuna puede estar entre cuatro y diez años. Nunca hubo un caso en el que en menos de un año, comenzando desde la identificación del virus y la secuenciación genómica, se llegara a desarrollar una vacuna”, explica el exministro.

Muchas variables explican la velocidad de su desarrollo y aprobación. Por un lado, el conocimiento adquirido a partir de la experiencia de las epidemias del SARS y el MERS. Por otro, el apuro de los gobiernos y compañías farmacéuticas por la urgencia de la situación, motivo por el cual destinaron todos sus esfuerzos a acelerar el proceso, desde la gestión hasta el financiamiento.

También se contó con tecnología nueva. En el pasado, los avances en el cultivo de virus hicieron que se desarrollen las vacunas contra la poliomielitis, el sarampión y la rubéola, y otro descubrimientos en biología molecular facilitaron las vacunas contra la hepatitis B, la meningitis y la neumonía.

En este caso, se contó con la tecnología de ARN mensajero y los vectores virales, por ejemplo. Esto a la vez trae la esperanza de que se pueda usar este método contra enfermedades que todavía no tienen vacuna, como el SIDA, la malaria, el Zika, el dengue o el ébola.

Las vacunas que ya forman parte de nuestro calendario obligatorio de vacunación, como la triple viral, la de la hepatitis y muchas otras, ¿cómo fue que llegaron a esa instancia? ¿qué proceso tuvieron que pasar esas vacunas para que sean obligatorias? 

“Los criterios que tienen los organismos nacionales para decidir que una vacuna ya aprobada por el laboratorio y por los organismos internacionales sea obligatoria o incluida en el calendario nacional de vacunación, tiene que ver con varias cosas. Una se vincula con los criterios relacionados a la enfermedad: incidencia, prevalencia y mortalidad de la enfermedad, lo que se llama carga de enfermedad. Si yo sé que es una vacuna altamente efectiva en la que el único reservorio es el hombre y probablemente la puedo eliminar, ese sería otro de los criterios. Y después hay criterios relacionados a la vacuna, si es segura, efectiva, si puede prevenir las tasas de internaciones, la mortalidad o directamente la enfermedad”, indica Florencia Bruggesser, médica infectóloga y miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología.

Vacunas aprobadas ‘‘de emergencia‘‘: ¿qué implica esto?

“Al tratarse de una vacuna aprobada de emergencia, y sobre todo como resultado de ensayos clínicos que fueron interrumpidos con datos preliminares, por supuesto que no todas las variables están chequeadas. Y al igual que puede ocurrir con cualquier nuevo medicamento o vacuna en el que aparecen efectos adversos en el largo plazo, que no pudieron ser identificados en los ensayos clínicos, las chances de que esto ocurra justamente porque los resultados fueron preliminares, son un poco mayores. De todas maneras, parecería que las vacunas son muy seguras y eficaces”, advierte Rubinstein.

Bruggesser agrega que al aprobar una vacuna de emergencia también se le solicitaba tener al menos dos meses de seguimiento una vez finalizado el régimen de vacunación completo: “Habitualmente, con la experiencia que se tiene de las vacunas, en dos meses, o entre cuatro o seis semanas te aparecen los eventos adversos que pueden surgir posteriormente o más a largo plazo, con lo cual con dos meses de seguimiento es muy poco probable que aparezcan efectos adversos que no pudimos identificar inicialmente”.

Es importante remarcar que en los ensayos de las vacunas hasta el día de hoy, no se detectaron casos de efectos adversos graves en la población. 

La única excepción fueron algunos casos de trombosis con disminución de plaquetas para las vacunas AstraZeneca y Johnson&Johnson, en una proporción de alrededor de un caso cada 100 mil personas.

El proceso habitual para determinar si una vacuna tiene efectos secundarios de largo plazo

“Habitualmente las vacunas requieren de al menos seis meses de seguimiento de seguridad para eventos adversos graves y para otros eventos adversos a largo plazo que puedan aparecer. Y no ha habido ninguna vacuna que posteriormente haya desarrollado eventos adversos posteriores a ese tiempo desde la aplicación de la vacuna. Sí ha habido algún caso de alguna vacuna que cuando se empieza a vacunar a gran escala aparecieron algunos efectos adversos que no se habían visto en los estudios de fase 2 y 3, pero no eventos que hayan aparecido después de los dos meses de seguimiento de los vacunados”, dice Florencia Bruggesser.

Es decir, cuando algunas vacunas ya aprobadas de emergencia se empezaron a aplicar masivamente se registraron nuevos efectos adversos. Pero ninguno más allá de los dos meses, lo que refuerza la idea que Bruggesser nos dio antes sobre que es muy poco probable que aparezcan efectos adversos no identificados en esos primeros dos meses.

Un hombre mayor con barbijo recibe la vacuna.
Foto: AFP

¿Entonces, en el contexto presente, es una buena idea volver obligatoria a la vacuna, o es mejor ir por la vía de informar y concientizar a la población de su seguridad y eficacia?

“La obligatoriedad de las vacunas se basa en un delicado equilibrio entre el derecho individual y el colectivo. No solamente la vacuna protege a uno mismo, sino que a los demás. En general hay una fuerte recomendación a extender el uso de la vacuna y por eso hay un calendario nacional obligatorio de vacunación. Eso tampoco quiere decir que si no te vacunás viene la Policía y te detiene, como puede pasar en algunos estados policiales. No es el caso de la Argentina. En el caso de la vacuna para el COVID-19, los tiempos acelerados y el desconocimiento sobre potenciales efectos adversos y la desconfianza pública hacia una vacuna que fue desarrollada tan rápidamente, hicieron que al menos en esta primera etapa la vacuna no sea obligatoria”, opina el exministro Rubinstein.

Un informe de la Organización Mundial de la Salud publicado en abril de este año y titulado ‘‘COVID-19 y la vacunación obligatoria‘‘ expresa que:

  • La vacunación obligatoria debería ser considerada solo si fuera necesaria para lograr un objetivo de salud pública muy importante, y solo si otras medidas menos coercitivas no funcionaron.
  • Los estados deben transparentar y hacer disponible la información de que la vacuna obligatoria es perfectamente segura.
  • Los gobernantes tienen que considerar el posible efecto que la vacunación obligatoria puede tener sobre la confianza de la población en la comunidad científica, en las instituciones y en la vacunación en general. Si esta medida afecta a los niveles de confianza, puede llevar a reducir los niveles de vacunación y reducir los niveles de apoyo popular a otras políticas sanitarias en el futuro.

Como conclusión, los gobiernos deberían usar argumentos para alentar la vacunación voluntaria antes de contemplar la vacunación obligatoria.

“Me parece importante generar incentivos para que la gente se vacune, o desincentivos en aquellos que no se vacunan. Si la población mayoritariamente está vacunada pero hay grupos que se resisten, grupos antivacunas o gente joven, el hecho de que no se permite ir a boliches, a espectáculos, a discos, a aquellos que no están vacunados, es un fuerte incentivo para que esas personas se vacunen”, sostiene Rubinsten.

Por su parte, Bruggesser también destaca la importancia de incentivar a la población para que vaya a vacunarse por voluntad propia. “Creo que por el momento uno debería intentar que la población adhiera a la vacunación, hasta que las vacunas obtengan una aprobación final, que sucedería en el corto plazo, porque lo que se estaba pidiendo es por lo menos un año de seguimiento. Con lo cual la de Pfizer, por ejemplo, ya está pidiendo la aprobación definitiva. Hay que esperar por ejemplo a eso para decirle a la población que es obligatorio vacunarse, con una vacuna que tiene todo su proceso de eficacia y seguridad probado”, dice.

Y cierra: “Para generar mayor confianza en la vacunación hay que esperar eso. Porque lo contrario podría generar en la población más reticencia a recibirla. Aunque sabemos que con los datos que hay hasta ahora no va a aparecer ningún efecto adverso a largo plazo que pudiera cambiar la situación, me parece que la población necesita recibir información certera y clara. Y me parece que hasta que las vacunas no estén aprobadas en forma definitiva, la vacunación debería ser opcional”.


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El virus SARS-CoV-2, que causa el COVID-19, tuvo muchas variantes desde su aparición a comienzos de 2020. Una de las mayores preocupaciones es la aparición de la variante Delta, identificada por primera vez en India en octubre del año pasado. La Organización Mundial de la Salud alertó que es más contagiosa que el virus original y que probablemente sea la variante dominante a nivel mundial durante los próximos meses.

Todas las vacunas que están disponibles comenzaron a ser desarrolladas para combatir a la conformación original del virus, por lo que todas tienen una efectividad levemente menor sobre las nuevas variantes. Los estudios y pruebas para definir la efectividad exacta de las vacunas frente a cada una de las cepas que se descubrieron aún están en curso.

Sputnik V

Sputnik V. En primer lugar, el Instituto Gamaleya, fabricante de la vacuna Sputnik V, anunció que la efectividad de su vacuna, aplicadas las dos dosis, frente a la variante Delta es de alrededor del 90%, frente al 92% registrado contra el virus original.

Foto: Télam

Pfizer y AstraZeneca

La revista británica de medicina New England Journal of Medicine publicó un estudio que evaluaba la eficacia de las vacunas de Pfizer y AstraZeneca frente a esta nueva variante del virus. Los datos del estudio demostraron que con la administración de las dos dosis, la vacuna Pfizer tiene una efectividad del 88% frente a la variante Delta, contra un 95% frente al virus original.

Por su parte, las dos dosis de AstraZeneca alcanzaron una efectividad del 67% frente a la nueva variante, comparado al 92% de efectividad frente a la cepa original.

Sinopharm

En el caso de la vacuna de Sinopharm, se realizó un estudio a cargo de la Universidad de Sri Jayewardenepura de Sri Lanka (país vecino a India, donde se descubrió la variante) junto a la Universidad de Oxford. Este demostró que los niveles de anticuerpos generados frente a la variante Delta fueron similares a los desarrollados frente al virus original, luego de las dos dosis, con una reducción de 1,38 veces en la cantidad de anticuerpos. La farmacéutica china Sinopharm anunció que la efectividad de la vacuna frente al virus original es del 79%.

Moderna

La empresa farmacéutica Moderna anunció que su vacuna, que lleva el mismo nombre, tiene una efectividad frente a la variante Delta similar a la del virus original. Aunque algunos estudios aseguran lo mismo, ninguno hace referencia a un porcentaje de efectividad. Sin embargo, un estudio realizado por científicos canadienses demostró que alcanza una efectividad del 72% con la primera dosis. No hay estudios publicados que demuestren la efectividad que alcanza luego de la segunda dosis.

Johnson & Johnson

Por último, al igual que en el caso anterior, son pocos los estudios que demuestren la efectividad de la vacuna Johnson & Johnson frente a la variante Delta. A principios de julio, la empresa anunció que su vacuna era altamente eficaz frente a la variante Delta. Sin embargo, un estudio realizado por la Universidad de Nueva York contradijo esta postura y planteó que los niveles de anticuerpos generados eran muy bajos, y que quienes recibieron esta vacuna podrían llegar a necesitar la aplicación de un refuerzo, que podrían ser las vacunas de Pfizer o Moderna.

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🤔🤨Muchas veces sucede que nos encontramos con personas que no piensan o creen lo mismo que nosotros respecto de determinados asuntos. Frente a esto, tener un diálogo sano y respetuoso es fundamental.

💉Desde que los diferentes laboratorios del mundo comenzaron a anunciar que sus vacunas estaban listas para ser aplicadas a la sociedad, aunque la Fase III no haya finalizado, muchas personas se volvieron reacias a vacunarse.

💬"Las hicieron demasiado rápido, las vacunas suelen tardar años en hacerse". "Todavía están en Fase III, hay que esperar". "No se sabe que efectos a largo plazo pueden tener". Estas son algunas de las razones por las cuales muchas personas prefieren no aplicarse las dosis que previenen el COVID-19.

🔍¿Qué podemos hacer nosotros frente a esto? ¿Qué respondemos si alguien nos dice que no quiere vacunarse? En estas placas simulamos una conversación para que la próxima vez que te encuentres con alguien que no crea en las vacunas contra el coronavirus , sepas qué podés responder.

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Como ya sabemos, la mejor forma de cuidarnos frente al COVID-19 y evitar los contagios es quedarnos en casa. Sin embargo, a veces es necesario hacer un viaje para ir al trabajo, a comprar medicamentos o comida, o por alguna urgencia.


Los lugares cerrados y con poca ventilación son los principales focos de contagio a evitar, ya que hay más circulación del virus. Obviamente, los autos no escapan de esta categoría, y más aún cuando viajan más de 2 personas en ellos. Por eso, siempre entremos a un auto, ya sea con un familiar, un amigo o un servicio privado, es importante mantener los protocolos sanitarios:🤒Si tenés algún síntoma o crees que podés llegar a tener COVID-19, no viajes.


👥Mantener la mayor distancia posible entre los pasajeros. Si en el auto viajan dos personas, el pasajero debe sentarse atrás y en diagonal al conductor.

🗣️Hablar lo menos posible para evitar que se dispersen las gotas de saliva

😷Usar el barbijo durante todo el viaje, desde que te subís hasta que te bajas del auto. Pedile al conductor que también lo haga.

🚙Dejar al menos dos ventanas abiertas para que el aire circule dentro del vehículo

🧽Limpiar y desinfectar el interior del auto una vez terminado el viaje

🧴 Usar alcohol en gel

🚫Intentar no tener ningún tipo de contacto físico con la otra persona

📱💳Evitar pagar con efectivo. En su lugar, podés utilizar opciones de pago electrónicas, como tarjetas de débito o crédito

Debe haber pocos trabajos que con la pandemia hayan multiplicado su status de una forma tan asombrosa como la de quienes aplican las vacunas para prevenir el COVID-19. Solían ser vistas como enfermeras dedicadas a imponer burocráticamente el calendario de vacunación en los brazos de los niños del barrio; ahora la gente las ve como entrañables amigas, como nuevas guerreras, como heroínas necesarias.

“Ustedes nos están alargando la vida”. “Gracias por lo que hacen”. “Que Dios te bendiga”. “Estaba esperando esta vacuna, no sabe cómo”. Mara Roch, una enfermera de Escobar de 60 años, escucha ese tipo de cosas cuando aplica una dosis de Sputnik V, Covishield, AstraZeneca o Sinopharm en el brazo flácido de un anciano o en el brazo fuerte de un joven. “Casi todos nos dicen algo”, cuenta Roch. Algunas personas le agarran la mano, esa mano que coloca inyecciones casi sin detenerse durante turnos de seis horas, y le agradecen como se agradece algo parecido a un milagro. “Es como que estamos haciendo historia”, dice Roch.

Cada día, unas 800 o 900 personas van a recibir su vacuna contra el coronavirus en el Microestadio Municipal de Garín. Hasta ahí llega, un rato después de la una y media, Mara Roch. Va conduciendo su auto desde el Centro de Salud Coronel Dorrego, la “salita” de Ingeniero Maschwitz donde oficia como jefa de enfermería y donde, para su propio orgullo, nadie se contagió de coronavirus en lo que va de la pandemia. “Es porque somos muy obsesivos con lo protocolos”, explica.  

En el Microestadio Municipal el trabajo nunca se detiene: la vacunación —en seis boxes atendidos por diez enfermeras— va de lunes a lunes, de 8 de la mañana a 8 de la noche. Hay primeras dosis y segundas dosis para gente de 18 años en adelante con y sin comorbilidades, y para gente de 55 o más que puede acudir libremente, igual que las embarazadas si antes perdieron su turno. Los docentes de la localidad ya están vacunados casi todos. Las vacunas llegan a veces una vez por semana, o cada tres o cuatro días: los colores de las banderas de Rusia y de China se multiplican en cajas y etiquetas, y también se lee "fabricado en Argentina" en algunas cajas de la vacuna de AstraZeneca producidas en la misma localidad. El microestadio suma su aporte al Plan Estratégico de Vacunación, que en la segunda semana de junio tuvo un récord al alcanzar las 2.372.220 dosis aplicadas en todo el país, según el Ministerio de Salud de la Nación.

Algunas enfermeras, como Roch, vienen inyectando vacunas desde febrero, incluso antes de que se habilitara para tal fin el microestadio, cuando ellas plantaron su campamento sanitario de boxes y freezers en una escuela. “Antes se hablaba de la vacuna de emergencia y pensábamos: ¿será que va a llegar?”, recuerda Roch.

Dice, hablando rápido, que nació en 1961, que terminó la secundaria, se presentó con un curriculum en la municipalidad de Escobar y entró en una guardia hospitalaria. Comenzó ahí a trabajar ayudando en las urgencias, después se recibió de enfermera. Dice que nunca pensó que íbamos a pasar por un desafío sanitario como este. Y que en la pandemia de la gripe A de 2009 algunos bomberos de Escobar murieron y ella pensó que eso era lo que iba a ver de una pandemia. Dice también que es vacunadora desde hace muchísimos años, que da clases en jornadas de enfermería, que todo esto fue un nuevo desafío. Dice que se dijo: “Yo tengo que conocer esta vacuna, tengo que tocarla, tengo que darla”. 

Hacer enfermería en la Argentina es un acto de compromiso. En parte porque en nuestro país los enfermeros escasean: en 2018, según un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) había 4,24 por cada 10 mil habitantes, cuando la OMS señala que se necesitan 23. Y aunque antes de la pandemia Roch estaba pensando en retirarse, ahora ni se le cruza por la cabeza. “Para mí fue un desafío: ¿vacunadora covid…? Y sí, pensé, lo voy a hacer. Me preparé. Me lo tomé a pecho: yo sufrí mucho con esto”. 

Porque Roch conoce al virus de primera mano. En abril, su hermano, Marcelo Gabriel Roch, un profesor de boxeo, comenzó a sentirse mal mientras daba una clase. Le faltaba el aire. Dos días después, un sábado, fue internado en el Hospital Enrique Erill. El domingo lo intubaron, y su familia no consiguió una derivación porque no había en ningún lado una cama con respirador. Marcelo Roch estuvo en el shock room varios días, quizás hasta semanas: como el hospital estaba completo, los pacientes aguardaban resistiendo la comezón del virus donde podían, o donde los dejaban. “Cuando se liberó una cama para él, ya no la pudo usar porque estaba intubado”, dice su hermana. Su voz se retuerce. El 21 de mayo, mientras la segunda ola subía y subía, y lo cubría todo de sombra y de incertidumbre, él, que tenía 56 años y que en general era un tipo bastante sano, murió. 

“También perdimos pediatras y enfermeras”, sigue Mara Roch. “Fue muy triste, muy difícil todo. Y por eso me fui metiendo y ahora trabajo 14 horas por día. Vivo para trabajar”. A su hija, que ya tiene veintipico, solo la ve un momento los fines de semana. Es arduo el día a día, no hay descanso en un turno de 14:00 a 20:00 horas (a lo que se suma las horas que hace a la mañana en el centro de salud). Pero la vacuna, parece pensar ella, es un bálsamo, una promesa de futuro en esta guerra de especies. 

Y cada día Mara Roch está de pie con una jeringa en la mano durante esas seis horas. Los vecinos pasan uno tras otro. Ingresan de a cinco o de a diez; depende de cómo se apliquen las dosis de la vacuna: AstraZeneca o Covishield se abre de a diez dosis; Sputnik V es, como dice Roch, “monodosis”. Viene congelada y dura dos horas fuera del freezer; AstraZeneca o Covishield dura seis horas. “Se abre delante del paciente, se le explica, se le dan las recomendaciones y se lo vacuna”, dice ella. Si las vacunas no se usaron hay que desecharlas. Por eso Roch sólo busca una cuando el paciente ya está sentado. “Cada dosis es una responsabilidad mía”, dice. Como diciendo: una dosis, una vida. 

Escobar puede observarse, en un nivel por debajo de la política nacional y provincial, como un caso entre miles de partidos que luchan contra el coronavirus. De 5 camas de terapia intensiva en el Hospital Erill pasó a 11 camas. Todo el partido tiene 42. “A través de donaciones de funcionarios municipales y concejales, logramos la puesta en funcionamiento del laboratorio de biología molecular donde se realizaron más de 9.000 procesamientos de muestras de covid”, dice un vocero del gobierno del partido. 

Pero hay gente que nunca se dio una vacuna en su vida. Se lo dicen a la enfermera Roch cuando llegan a aplicarse la del coronavirus y ella les pregunta si han recibido alguna otra en los últimos quince días. Entre las vacunas de los adultos están la antitetánica y la de Hepatitis B. No todo el mundo lo sabe. No todo el mundo se lo dice a Roch. “Vos le preguntas a cualquier persona de 45 años cuándo fue que se dio la última vacuna y ni sabe”, cuenta ella. “Creo que falta un poco de promoción”. 

En general, las personas llegan al microestadio sin saber nada sobre las vacunas contra el coronavirus. Por eso es importante para Roch y para sus colegas tener unos pequeños minutos de intercambio. Le explican al paciente qué es la vacuna, qué recomendaciones hay, qué le puede pasar y qué no, cuándo tiene que volver. Y algo de logística también: “Hay mucha gente que tiene el turno designado y no sabe porque no le llegó el mail o porque no tiene un teléfono celular. Eso también hay que explicárselo”.

Luego Roch le pide al paciente que deje el brazo suelto. “Flojito y relajado”, le dice. Si el paciente se pone nervioso, le pide que respire profundo y exhale pensando que está soplando un globo. La inyección se coloca a 90 grados con una aguja universal 23g, que ya viene preparada. Es la misma jeringa y la misma aguja para todas las vacunas. Roch lo repite cientos de veces cada día: “No tiene que sangrar, si se inflama, da fiebre, dolor de cabeza o muscular, se puede tomar paracetamol cada seis horas. Jamás se toma antes”. A muchos pacientes les da fiebre y a otros no: ella recibió las dos dosis de Sputnik V y no sufrió ningún efecto adverso. “Son varios síntomas, pero preventivamente no se toma nada”, dice por último ella, cientos de veces cada día.

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Aunque ya pasó más de un año desde que empezó la pandemia, sigue sin ser del todo claro cómo empezó. Se sabe que el lugar de origen fue la ciudad china de Wuhan y que los primeros casos se detectaron en noviembre de 2019, pero la razón detrás de esos contagios iniciales no está confirmada.

La hipótesis más aceptada y probable según los expertos, entre ellos los de la Organización Mundial de la Salud, es que el virus surgió en un mercado húmedo, un lugar donde, entre otras cosas, se comercializan animales salvajes y productos derivados. Ahí los animales conviven en cercanía entre sí y con otras personas, lo que puede haber llevado a que un virus salte de un animal a otro y desde ese a una persona.

Pero hay otras teorías que no terminan de descartarse, y la que cobró más fuerza en el último tiempo es la que plantea que el virus se fugó por accidente de un laboratorio de esa misma ciudad, el Instituto de Virología de Wuhan, que es uno de los principales laboratorios de investigación de China.

En marzo de este año, la Organización Mundial de la Salud publicó un informe sobre los orígenes del COVID-19, y aunque consideró a la hipótesis del mercado húmedo como la más probable, la investigación no es concluyente. Sobre la teoría de una fuga de un laboratorio concluyó que era ‘‘extremadamente improbable”, pero no descartó ninguna posibilidad.

El frente del edificio del Instituto de Virología de Wuhan
Foto: AFP.

El 24 de mayo, el Wall Street Journal publicó un artículo en el que señala que tres investigadores del Instituto de Virología de Wuhan fueron ingresados en un hospital en noviembre de 2019. La semana pasada, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pidió a los servicios de inteligencia que redoblaran sus esfuerzos de investigación sobre ambas teorías. Y, a raíz de esto, volvió a cobrar fuerza un informe de mayo de 2020, elaborado por el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, el cual tampoco descartaba la hipótesis de que el coronavirus surgiera de un laboratorio.

¿Por qué se considera que la hipótesis del mercado húmedo es más posible que la de la fuga?

Arnau Casanovas-Massana, microbiólogo español e investigador en Epidemiología de la Universidad de Yale explica que los datos obtenidos hasta la fecha indican que la opción más probable es que el virus tenga un origen natural.

“Tenemos antecedentes de otros coronavirus como el SARS-CoV-1 o el MERS, en los que hay evidencias muy sólidas de que pasaron de murciélagos a través de un huésped intermediario. Además, los análisis de la secuencia del virus no nos indican que el virus haya sido manipulado con las técnicas que conocemos en la actualidad.  La emergencia de este virus a partir de un huésped animal, probablemente murciélagos, es en mi opinión y con los datos que tenemos actualmente la hipótesis más probable. La hipótesis de la fuga de un laboratorio no es en absoluto descartable pero sí parece que es más improbable en la actualidad”, dice Casanovas-Massana.

La hipótesis del laboratorio lleva a preguntarse cómo son estos laboratorios de alta bioseguridad, cómo trabajan, con qué objetivo y qué medidas de prevención tienen. ¿Son peligrosos para la población general? 

Algunas personas miran con preocupación el hecho de que en algunos laboratorios de alto nivel de bioseguridad se llevan a cabo investigaciones de ‘‘ganancia de función”. Esto consiste en alterar a microorganismos para volverlos más contagiosos, letales o capaces de evadir tratamientos, para de esta manera encontrar la mejor forma de combatirlos.

“Todos los laboratorios de bioseguridad están altamente controlados y dependen de cada país, todos tienen acreditaciones de las agencias gubernamentales competentes y deben tener planes de descontaminación, de control anual o mensual de las cabinas de seguridad, también hay controles de que los protocolos se estén cumpliendo y que el trabajo que se esté realizando no suponga un riesgo para el personal o el exterior”, indica Casanovas-Massana con respecto a las medidas de seguridad que deben cumplir este tipo de laboratorios.

¿Son los laboratorios de bioseguridad un peligro para la población?

En el mundo existen 59 laboratorios de bioseguridad 4, como el Instituto de Virología de Wuhan, que pertenecen a la clasificación más alta que existe.

En Argentina hay dos: por un lado el del Instituto Malbrán, que responde a la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud y se dedica a la investigación de microorganismos para la prevención y control de patologías. Además, tenemos el laboratorio central del Senasa, que es uno de los 10 laboratorios agronómicos con nivel de bioseguridad 4 del mundo. Se dedica principalmente al diagnóstico de la fiebre aftosa, la brucelosis y la tuberculosis bovina, entre otras. Juan Ugalde, decano del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la UNSAM, señala que en Argentina no hay reglamentación que prohíba hacer cierto tipo de experimentos con microorganismos.

“Los laboratorios de bioseguridad se clasifican en cuatro niveles, del 1 al 4. Bioseguridad 1 es el más simple, donde se puede manipular casi todo sin ningún inconveniente. Bioseguridad 2 son microorganismos que en general causan una enfermedad leve y de difícil transmisión.”, dice Ugalde.

Los dos últimos niveles son aquellos en los cuales los microorganismos con los que se trabaja tienen un mayor nivel de contagiosidad y deben cumplir con protocolos más estrictos. 

“Los de bioseguridad 3 son microorganismos que potencialmente pueden contagiarse por vía de aerosolización entonces en este nivel de bioseguridad son laboratorios con presión negativa y control del flujo de aire para evitar el contagio de la persona que está manipulando. Algunos de estos laboratorios de nivel 3 son a su vez de alta contención, es decir que evitan por todos los medios cualquier tipo de fuga. Y finalmente, los laboratorios de bioseguridad 4 tratan con patógenos de alta transmisibilidad y mortalidad para el ser humano o eventualmente exóticos. Estos laboratorios tienen en general un control no solamente de la bioseguridad, sino también control y registro de lo que entra y sale de ese laboratorio”, afirma Ugalde.

Esta nota se desprende de un episodio de FOCO, el podcast de RED/ACCION.

Accesibilidad y transparencia, las claves para que los laboratorios operen de forma responsable

“En general, la investigación en laboratorios de bioseguridad es totalmente imprescindible para seguir entendiendo mejor sobre virus, bacterias y parásitos que causan enfermedades en la actualidad, no solamente futuras pandemias sino enfermedades que hoy causan sufrimiento a muchas personas. Y la única manera de mejorar esos tratamientos es seguir trabajando en esos laboratorios con mucha seguridad”, asegura Casanovas-Massana.

La transparencia es otro de los factores clave para que la población entienda los trabajos que se llevan a cabo en estos tipos de laboratorios y los peligros que estos pueden acarrear. “Es bueno que se haga un debate público sobre los riesgos y beneficios de los experimentos de ganancia de función, en ciertos organismos que puedan presentar un riesgo mayor, y cómo publicar y comunicar estos resultados de forma responsable”, sostiene el microbiólogo español.

Más allá de que en este momento es imposible determinar si hubo o no una fuga de un laboratorio, la experiencia de la pandemia está haciendo que prestemos más atención y nos preguntemos sobre lo que sucede en estos lugares, a la vez que está cambiando nuestra valoración sobre su rol y su importancia.


Es importante que ante cualquier síntoma de enfermedad (COVID-19 o no) la persona se quede en la casa y no vaya a la escuela hasta ser evaluada por un profesional de la salud.
⬇️
Y si presenta dos o más síntomas de COVID-19, o una pérdida repentina del gusto o del olfato, aunque se de en ausencia de otro síntoma, se la considera caso sospechoso⚠️.



🔍¿Cuáles son los síntomas que hacen que una persona sea sospechosa de tener COVID-19? Fiebre, tos, dificultad para respirar, congestión o goteo nasal, dolor o presión en el pecho, diarrea y vómito, pérdida de gusto u olfato, dolores musculares, de cabeza y de garganta, cansancio o confusión.

👉Si presentás dos o más de estos síntomas, o si perdiste el gusto o el olfato, y no sabés qué deberías hacer, consultá el esquema que armamos y seguí el recorrido.

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El 5 de mayo pasado, el presidente Joe Biden anunció que Estados Unidos apoyaría una liberación temporal de las patentes de las vacunas para prevenir el COVID-19. La Organización Mundial de la Salud, que venía abogando por que esto suceda, celebró la decisión y la tildó de ‘‘histórica”.

Sudáfrica, India y otros más de 100 países (que son en su mayoría países en desarrollo) venían impulsando una petición de liberar las patentes para democratizar el acceso a las vacunas en todo el mundo.

La declaración de Biden generó un efecto cascada: Vladimir Putin, de Rusia, anunció su apoyo a liberar las patentes, y el jueves, China también dijo que está a favor.

Mientras tanto, el problema de la inequidad en el acceso a la vacunación en el mundo es alarmante. Para dimensionar la magnitud de esta desigualdad, basta decir que los países más pobres recibieron apenas un 0,3% de las vacunas producidas para combatir el COVID-19.

¿Qué significa liberar las patentes?

“El proceso de liberación de patentes tiene que ver con poner a disposición toda la documentación con la que se hizo el registro y un detalle de los procesos de elaboración de un medicamento o lo que fuera. Es un procedimiento técnico, legal, jurídico, que tiene su complejidad. Por un lado está la liberación de información por parte de la oficina de patentes de cada país, y por otro lado la información que se le solicite a las compañías”, explica Melchor Mazzini, director de Advocacy de Aids Healthcare Foundation Argentina, una ONG internacional que está impulsando la campaña Vacunar nuestro mundo, que entre otras cosas apoya la idea de liberar las patentes de la vacuna contra el COVID.

Esta nota surge de un episodio de FOCO, el podcast de RED/ACCION.

“Una liberación temporal de patentes significa que durante un tiempo no se paguen los derechos de uso de patentes. Podrían volver a hacerse exclusivas, aunque en algunos casos seguramente no suceda, en el momento en que se termine la pandemia. En ese caso, cada país volvería a establecer sus derechos y la (Organización Mundial del Comercio (OMC) acordará el fin de la suspensión, y esto significaría que los propietarios de los derechos originales comiencen a recibir los beneficios”, dice Mazzini. 

A pesar del apoyo de varios líderes mundiales del mundo, el director de Advocacy de Aids Healthcare Foundation Argentina advierte que se necesita antes un acuerdo en la OMC que luego sea aplicado por cada uno de los países.

¿Es entonces liberar las patentes la mejor solución?

La respuesta es mucho más compleja de lo que parece.

Lucas Lehtinen, director ejecutivo del Centro de Propiedad Intelectual de la Universidad Austral y un especialista en derechos y patentes, aclara: “El proceso de liberación de una patente no existe como tal en los convenios internacionales. Sí existen ciertos mecanismos por los cuales se pueden dar ciertos tipos de flexibilidades. El acuerdo trips o adpic permite hacer una licencia obligatoria, implica la posibilidad de otorgar los permisos de la patente a otros miembros del Estado y fabricantes para producir el producto. Para eso, debe haber una patente previamente otorgada. En el caso de las vacunas del COVID, no existe todavía una patente otorgada. Todas están en proceso. Por ello no se puede hacer uso de ese mecanismo. Y la situación en la que nos encontramos es una situación que no está contemplada en ninguno de los tratados”.

Las últimas reuniones que se habían celebrado en la Organización Mundial del Comercio, que es el máximo organismo a nivel internacional para estos temas, habían culminado con un veredicto negativo con respecto a la liberación de patentes.

La figurita difícil sigue siendo hasta ahora la Unión Europea. Mientras Francia e Italia, por ejemplo, respaldan la idea, Alemania se niega categóricamente. Angela Merkel, Canciller alemana, dijo que hacer esto quitaría inventivos a la hora de que los laboratorios inviertan en innovación e investigación en un futuro. Muchas farmacéuticas opinan lo mismo. Un empresario del rubro en Estados Unidos incluso twitteó: “¿Quién va a fabricar la vacuna en la próxima pandemia?‘‘.

Hasta el momento solo hubo dos antecedentes de liberación de patentes y, según explica Lehtinen, ninguno fue exitoso. “El primero es el de la ley de comercio con el enemigo, sancionada por el Congreso de Estados Unidos, aplicable como un acto de guerra durante la Primera Guerra Mundial para liberar las patentes del enemigo. El segundo caso es la Declaración de Doha de la OMC para medicamentos esenciales, que surgió por motivo de los retrovirales de HIV. Esta declaración tardó 15 años en aplicarse”.

La complejidad de la tecnología, una de las principales trabas para la liberación de las patentes

“Hay algunas vacunas que tienen una tecnología demasiado compleja de replicar, como la de Moderna o Pfizer, que tienen componentes tecnológicos que hacen que sea difícil garantizar las condiciones de homogeneidad o equilibrio necesarias. Y requieren de tecnología que no todos los países tienen. La vacuna de Pfizer requiere por lo menos de 200 insumos. 16 países intervienen en su fabricación y lleva 18 pasos obtener una dosis”, explica Lehtinen sobre los desafíos de la producción de las vacunas.

Otro temor tiene que ver con cuestiones de seguridad: varias farmacéuticas insisten en que liberar las patentes no es ‘‘tan sencillo como entregar un libro de recetas‘‘ porque hay controles y cuestiones técnicas que quedarían comprometidos, y que la propuesta “debilitaría las cadenas de suministro y alimentará la proliferación de vacunas falsificadas”.

Lathinen opina que “muchos países, aun cuando existiera la liberación de patentes, deberían empezar su adaptación tecnológica, deberían realizarse convenios de cooperación tecnológica, lo que generaría un cuello de botella mayor y la imposibilidad de seguir cumpliendo con las previsiones y planificaciones que hoy nos están arrojando la Universidad de Duke y el Instituto Milken de entre 9 mil y 11 mil millones de dosis para finales de 2021, lo que llevaría a duplicar la cantidad de dosis de la población mundial”.

El problema de la liberación de patentes llega en un momento en el que la crisis del COVID-19 ya sobrepasó los 161 millones de casos y las 3.350.000 muertes, según el contador de la Universidad Johns Hopkins. 

Mientras Estados Unidos ya está permitiendo circular sin barbijo y se están empezando a vacunar niños de entre 12 y 15 años, India está ante el peor brote de coronavirus y tiene un serio problema de escasez de vacunas. Tanto es así que tuvo que suspender sus exportaciones de vacunas, y esto es muy grave porque este país es uno de los principales productores de vacunas para el sistema COVAX, una iniciativa que gestiona la OMS con fondos privados para que las vacunas lleguen, gratis o con descuentos, a países menos privilegiados.

“El tema de la distribución totalmente desigual tiene muchas formas de abordarse. El mecanismo COVAX es una de las formas en las que se ha abordado, con poco éxito hasta el momento, para poder mitigar el tema de la escasez de vacunas con menos desarrollo. Las alternativas son que los países que tienen posibilidades tengan gestos solidarios con el resto del mundo, pero gestos reales y urgentes”, indica Mazzini.

Claramente, el mundo no estaba preparado para el tema de la distribución de vacunas, y la desigualdad entre países ricos y pobres queda en evidencia más que nunca.

El mes pasado, la OMS contabilizó que ya se habían administrado casi 900 millones de dosis de vacunas en todo el mundo, pero que el 81% han ido a parar a los países de renta alta o media alta, mientras que los países de renta baja sólo han recibido el 0,3%. 

Pero los países de mayores ingresos, además de tener más recursos, también cuentan con otra ventaja: son las sedes de las principales industrias farmacéuticas del mundo. Las 20 principales empresas productoras de biotecnología del mundo están en países ricos. Y según explica el diario The Washington Post, un 97% de las actividades de investigación y desarrollo ocurren allí.

Entonces, si liberar las patentes no es la solución, ¿cómo se puede lograr un acceso más rápido y equitativo a las vacunas en todo el mundo?

“Se pueden tomar otras medidas que no obstaculicen el ejercicio de los derechos, como establecer cuotas de exportación para los países que producen vacunas, establecer mecanismos de cooperación y transferencia de tecnología entre países, que permitan celebrar acuerdos de transferencia de tecnología y que permitan las adaptación tecnológicas”, opina Lucas Lehtinen.

Desde Aids Healthcare Foundation, por otro lado, insisten en que, aunque liberar las patentes no es la solución perfecta, estamos ante tiempos inéditos que requieren de medidas inéditas.

Melchor Mazzini asegura que “liberar las patentes no es suficiente porque se necesita inversión para la logística, los viales, la producción. Hay que hacer un esfuerzo para tener todos los materiales, la logística, la distribución, el almacenado. Hay mucho trabajo que acompaña y costos que ni siquiera están calculados todavía. El esfuerzo debería venir especialmente del G7, el Banco Mundial, el FMI, el mundo desarrollado. Estamos hablando de una situación de emergencia y un momento histórico, para que no se prolongue la pandemia. Es una situación casi utópica y lo reconocemos, pero es un momento de hacer realidad ciertas utopías”.


—Mami, mirá, el señor tiene tu barbijo —le dice a Silvia Cano, responsable del polo textil del Frente Popular Darío Santillán, su hija de 7 años cuando se cruzan en la calle a alguien con el Atom Protect. El polo textil es una de las cinco cooperativas del conurbano que firmó un acuerdo con Kovi SRL, la pyme de la Matanza que tiene la licencia exclusiva para fabricar el tapaboca popularizado como “del Conicet”.

Es conocida la historia del Atom Protect, el superbarbijo desarrollado por un equipo de investigación integrado por científicas del Conicet, de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Está compuesto por telas tratadas con activos antivirales, bactericidas y fungicidas, y sus propiedades antimicrobianas fueron testeadas con éxito por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y su acción antiviral por el Instituto de Virología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

El polo textil del Frente Popular Darío Santillán es una de las cinco cooperativas del conurbano que firmó un acuerdo para producir el superbarbijo.

Es menos conocido el capítulo social del proyecto, que involucra a diversos actores de la economía popular y garantiza que el superbarbijo llegue a personas que, de otra manera, no los podrían adquirir.

El modelo se apoya en una suerte de “donación en cascada”. Cuando el equipo que desarrolló el Atom Protect decidió cómo comercializarlo, firmó un convenio con la empresa donde el proyecto dio sus primeros pasos y cedió la licencia exclusiva de la fabricación de los tapabocas con la condición de que, durante los primeros seis meses de producción, Kovi SRL donara el 10 % de la tela a talleres textiles del conurbano bonaerense. La tela es de triple capa de protección —antibacterial, antiviral y antihongos— y cuenta con una durabilidad equivalente a 15 barbijos descartables. A su vez, el convenio compromete a los talleres textiles que reciben la tela, y que se encargan de comprar el resto de los insumos y terminar los barbijos, a entregar gratuitamente el 50 % de su producción.

El polo textil del Frente Popular Darío Santillán, que comparte su ingreso con el de la estación Darío Santillán y Maximiliano Kosteki —exestación Avellaneda— o “Darío y Maxi”, como la nombra Cano, es una de las cinco cooperativas que están fabricando los barbijos. La única en Avellaneda.

“Somos 60 trabajadoras y trabajadores que nos dividimos en dos turnos para confeccionarlos. Si un rollo de tela nos rinde para hacer alrededor de 5.000 barbijos, comercializamos 2.500 y donamos los otros 2.500. Porque nosotros solamente recibimos la tela, después tenemos que comprar el resto: los elásticos, los hilos, las bolsas, el packaging. Entonces con lo que recaudamos de ese 50 % que vendemos, compramos los insumos y con lo que queda les pagamos a las 60 compañeras y compañeros”, explica Cano. Y aclara: “Los comercializamos a un precio accesible para que los vecinos y las vecinas y los compañeros y compañeras de la cooperativa puedan comprarlos porque en los barrios populares es medio imposible comprar el Atom Protect al precio que está en el mercado”.

El barbijo del Conicet está compuesto por telas tratadas con activos antivirales, bactericidas y fungicidas.

Los barbijos que donan, dice, son para los barrios donde además hacen todas las noches una olla popular para que los vecinos “vayan a buscar un guiso calentito y los chicos puedan dormir con la panza llena. O para clubes y merenderos de los barrios más humildes (21-24, 31, Ciudad Oculta, 1-11-14) donde sabemos que eso no llega”.

También hicieron una donación de más de 2.000 barbijos a docentes, de cara al inicio de clases. Y a quienes se fueron contactando y los fueron solicitando: en el polo textil, cuentan, reciben los pedidos, anotan y, cuando pueden y tienen stock, entregan.

“Tenemos un montón en el listado. A algunos comedores les llevamos 50 y a otros, 200. También tuvimos que hacer unos más chiquitos para niñes en edad escolar, porque iban a empezar las clases y queríamos hacerles llegar a los docentes, donde por ahí el Gobierno no hace llegar los barbijos. Porque pasa también que los chicos llegan a la escuela sin barbijo y el docente tiene que tener algo para que se pongan”.

Los periodistas que están en la calle haciendo notas también fueron beneficiarios de las donaciones “porque entendemos que están todo el día afuera y a veces la situación que viven también es precaria”, explica Cano.

La venta del otro 50 % de los barbijos la realizan personalmente, en la estación de tren o en los barrios, o a través del mercado de consumo popular (MECOPO), un mecanismo de comercialización propio.

“La mayoría de los movimientos sociales tiene sus esquemas de comercialización a través de vendedoras. Por ejemplo, el Darío Santillán tiene MECOPO, el movimiento Barrios de Pie tiene una que se llama Ahorremos Juntos, muchos fueron desarrollando estrategias o herramientas como estas”, explica Diego Bartalotta, subsecretario de Economía Social y Popular de la Municipalidad de Avellaneda. “Entonces —continúa— el Frente Darío Santillán, por un lado, realiza una venta minorista a vecinos o trabajadores que van a tomar el tren y después los comercializan por su comercializadora, el Mercado de Consumo Popular".

En el taller trabajan 60 personas divididas en dos turnos, y por cada rollo de tela que reciben en calidad de donación producen 5.000 barbijos, de los cuales entregan gratuitamente la mitad.

El rumor de que los estaban vendiendo a menos de la mitad del precio de mercado ($ 150) corrió tanto que tuvieron que limitar las cantidades a no más de diez por persona porque no faltó quien quisiera comprar al por mayor para revenderlos y sacar tajada.

Desde que comenzaron, llevan confeccionados más de 40 mil barbijos y llegaron a fabricar un promedio de cinco mil al mes. Ahora, dice Cano, hace un mes que no tienen tela. Y están desbordados de pedidos.

Mientras esperan que llegue otra tanda de tela tricapa siguen elaborando kits sanitarios (que incluyen cofia, botas y bata), que es lo que hacen en paralelo a los barbijos con una altísima demanda, y guardapolvos escolares que luego el Estado repartirá en las provincias.

La oportunidad de tejer redes

Bartalotta dice que la recepción de esta iniciativa en el municipio fue muy buena: “No solamente porque es mucho más barato, sino porque se trabaja sobre la idea de que al no haber intermediarios, al ser una comercialización directa, se puede generar un producto de muchísima calidad, con todas las normas que se requieren, a un precio accesible para cualquier trabajador. Porque si no, para un laburante es mucho más difícil acceder a un barbijo como este que está a $450”.

Si la pandemia propició algo, “fue la posibilidad de construir tramas o redes”, dice. Y cuenta que hacia fines de 2020 a las ferias de productos esenciales que ya organizaban en Avellaneda con los movimientos sociales, se les sumó una feria al aire libre (con protocolos y distancia) exclusivamente para productores textiles que nombraron Tejiendo Redes. Abrieron este espacio ya que, de 1200 emprendimientos y unidades productivas de trabajadores de la economía popular que registraron desde su Secretaría desde mediados del año pasado, casi un 30 % está vinculado a la producción textil.

“En paralelo desarrollamos una plataforma digital para que todos los emprendimientos y unidades productivas que quisieran (no solo los textiles) pudieran potenciar su comercialización a través de un catálogo virtual de productos subido a la web del municipio. Si bien el municipio no hace las veces de plataforma de comercio electrónico, ahí ellos pueden contar su historia, su recorrido, promocionar lo que producen y poner sus páginas de contacto”, explica Bartalotta.

Y sigue: “A partir del desarrollo de estos espacios de comercialización, tanto virtuales como presenciales, más allá de que eso no le brinda al productor el ingreso de todo el mes, se genera una red entre ‘prosumidores’: productores y consumidores. Entonces: productores les compran a otros productores o encuentran en pares o en vecinos productos de calidad. Esa fue otra de las cuestiones que atravesó la economía popular en la pandemia”.

Protección ahí donde más la necesitan

Silvia Cano trabaja en Avellaneda, pero vive en la villa 21-24. Cuenta que el año pasado, en el barrio “la pandemia arrasó”. Y explica: “Cientos y miles de contagios por día. La 21-24 es un barrio muy popular, muy humilde, que ni siquiera tiene lo básico para cubrir las necesidades, los derechos que tiene cada persona: el agua, la luz, las cloacas. En muchos lugares esto faltaba y teníamos que acercarles a los vecinos o vecinas mayores o a quienes estaban aislados el balde de agua porque si no, no había quién los atendiera”.

La mitad de los barbijos que se producen en las cooperativas se entregan en los barrios barrios más humildes de Buenos Aires: 21-24, 31, Ciudad Oculta y 1-11-14 entre otros.

Ante esta situación, la responsable del polo textil asegura que para ella y sus compañeras y compañeros “es un orgullo poder confeccionar estos barbijos fabricados por científicas argentinos, por la universidad y poner la mano de obra para que puedan llegar a todos. Porque gracias a todo el laburo de las cooperativas y al trabajo en equipo del CONICET con la empresa que nos donó la tela, estos barbijos llegaron y protegen a los barrios populares. Si no, creo que sería imposible que estos vecinos y vecinas, estos niñes y docentes pudieran acceder. Estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo, y es muy gratificante poder cuidar a los que más lo necesitan y verlos contentos”.

La demanda de los Atom Protect fue tal que desbordó a los integrantes del polo textil que aún tienen una lista de pedidos pendientes: personas que necesitan “aunque sea 10 o 20 para el comedor, para el merendero o para una escuela a la que todavía no habíamos llegado”. 

Por eso, esperan la próxima donación de tela. Porque saben que hay un montón de vecinos y vecinas que, a su vez, esperan. 

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Esta nota forma parte de la plataforma Soluciones para América Latina, una alianza entre INFOBAE y RED/ACCIÓN, y fue publicada originalmente el 6 de mayo de 2021.

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—¿Estás vacunada, ministra?
—No. Cuando llegamos de Rusia, estaba tomando corticoides por una situación de salud transitoria y tenía que esperar cuatro semanas para poder darme la vacuna. Pero después de toda la situación que se generó, me pareció que no era oportuno hacerlo.

Es la noche del sábado 10 de abril y se escucha a la ministra de Salud, Carla Vizzotti, en un programa del prime time al que suelen ir celebrities a conversar sobre distintos temas. La ministra contesta la pregunta del conductor Andy Kusnetzoff y trata de aclarar a qué atenerse en esta segunda ola de la pandemia.

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En este momento, Carla Vizzotti es la única mujer al frente de un Ministerio de Salud en Sudamérica. Y de acuerdo con el mapa “Mujeres en la política: 2021”, que al 1 de enero de 2021 registraba 44 ministras de sanidad en un total de 193 países, Vizzotti sería la ministra 45 del mundo. Y según Naciones Unidas, se necesita construir liderazgos con participación de las mujeres durante y después de la pandemia. Además, si bien las mujeres conforman el 70 % del personal del sector sanitario, se encuentran subrepresentadas en la dirección de los esfuerzos de salud mundiales y nacionales.

Las mujeres siempre encontraron obstáculos en sus carreras profesionales y a medida que se acercan a la parte superior de la jerarquía deben enfrentar el techo de cristal, una barrera real, pero invisible. Cuando logran romper ese techo, tienen más probabilidades de ocupar puestos de liderazgo en períodos de crisis.

Durante la primera ola de la pandemia, Vizzotti se desempeñó como Secretaria de Acceso a la Salud. Todo 2020, esta infectóloga de 48 años experta en vacunación encabezó la comunicación de la mayoría de los reportes diarios de contagios. Se destacaba por su buen manejo con los medios y su experiencia en materia sanitaria.

Foto: Télam

Mabel Bianco, médica feminista y presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer, señala además que uno de los puntos más destacables de Carla Vizzotti es su capacidad de comunicación. “Es cuidadosa con lo que comunica para no generar falsas expectativas en la población”, señala.

Durante la gestión de Ginés González García en el Ministerio de Salud, ella participó de la mesa chica de las decisiones gubernamentales. En noviembre de 2020, junto a la asesora presidencial Cecilia Nicolini, viajó a Moscú para obtener información sobre la vacuna Sputnik V. En diciembre, las dos funcionarias volvieron a viajar para firmar el contrato y garantizar la llegada de un primer cargamento de estas vacunas.

La actual ministra forma parte del colectivo Mujeres Gobernando, un grupo de WhatsApp del que participan 200 funcionarias del gobierno nacional. Allí, ministras, secretarias y directoras nacionales dialogan e intercambian ideas para incorporar perspectiva de género en el diseño de las políticas públicas y facilitar la llegada de más mujeres.

En un tweet, la directora nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía, Mercedes D'Alessandro, destacó los operativos liderados por las mujeres del gobierno: “Trabajamos cada día para buscar soluciones y poner los cuidados, en su sentido más amplio, en el centro de la agenda de gobierno”.

Mercedes D’Alessandro: “Las feministas que estamos en el gobierno no tenemos el poder, somos activistas dentro del Estado”

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Vizzotti es egresada de la Universidad del Salvador; especialista en medicina interna y enfermedades infecciosas por la Universidad de Buenos Aires; y socia fundadora y ex presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE). También es miembro del Comité Consultivo Vaccine Acceptance Research Network (VARN), Sabin Institute, de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica (SLIPE), integrante de la Comisión de Vacunas de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) y miembro del Comité Científico de la Fundación Vacunar.

En 2005 se convirtió en la directora del Centro de Estudios para la Prevención y Control de Enfermedades Transmisibles (CEPyCET) de la Universidad Isalud. Entre 2007 y 2016 estuvo a cargo de la Dirección Nacional de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles (DiNaCEI) del Ministerio de Salud. Se puso al hombro el Programa Nacional de Vacunación en 2009 con el brote de la gripe A. Entre sus principales logros se encuentra la ampliación del calendario de vacunas gratuitas y obligatorias, que incluye 19.

“Las mujeres llegan a posiciones de poder luego de mucho esfuerzo”, explica José Florito, coordinador del Programa de Protección Social del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC). “Suelen tener mayor nivel educativo y experiencia profesional que los varones en cargos de liderazgo similares. Se les pide más a través de certificaciones y años de experiencias. Más allá de la pandemia, en general las mujeres no acceden a puestos de decisión, incluso en sectores feminizados. Es frecuente que el sector de salud, docente y de cuidados tenga alta participación de mujeres en trabajos diarios, pero cuando se eleva la jerarquía empiezan a aparecer varones”.

Negociación salarial: lo que pueden hacer las mujeres, lo que deben hacer las y los empleadores

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Las mujeres son jefas de Estado y de Gobierno solamente en 21 países en todo el mundo. A las Jefas de Gobierno de Alemania, Dinamarca, Eslovaquia, Etiopía, Finlandia, Islandia y Nueva Zelandia se las reconoce por la rapidez de las respuestas, que no solo incluyeron medidas para “aplanar la curva” –como el confinamiento, el distanciamiento social y la aplicación de pruebas masivas para detectar el virus–, sino también por la transparencia y la comunicación compasiva de la información sobre salud pública basada en datos.

En países como Canadá, Etiopía, India y Madagascar, las expertas en medicina y salud ocupan cada vez más puestos de liderazgo y encabezan las conferencias de prensa diarias y los anuncios de servicio público. Según ONU Mujeres, el estilo de liderazgo de las dirigentes en la respuesta al COVID-19 es más colectivo que individual, más colaborativo que competitivo y más orientativo que imperativo.

Mara Pérez Reynoso: “Es un tiempo propicio para que más mujeres se involucren en política”

“Que haya una mujer en un puesto de liderazgo no asegura que las políticas tengan perspectiva de género”, dice Mariana Chudnovsky, profesora Investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). “Hoy se ve un manejo entre hombres de juego de poder en relación a la compra de vacunas. Toda la política de combate a la pandemia hoy es vacunar. En un contexto de escasez de vacunas, no se ve que le den lugar a políticas con perspectiva de género. Eso implica diseñar la política teniendo en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres”.

En este sentido, Mabel Bianco, de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer, reflexiona: “En el liderazgo de mujeres durante la pandemia se ve una gran capacidad de comunicación. En un contexto tan cambiante es importante el criterio a la hora de hacer anuncios. En general, las mujeres privilegiamos las medidas de respuesta a largo plazo, como la prevención, en lugar de la reacción al problema”.

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Después de un año de gestionar la pandemia de COVID-19 en Argentina, Ginés González García tuvo que renunciar porque se vio involucrado en un escándalo político. En la sede del Ministerio de Salud funcionaba un vacunatorio VIP donde funcionarios y personalidades próximas al gobierno se vacunaron sin seguir los protocolos exigidos a la población en general.

El sábado 20 de febrero de 2021, el presidente Alberto Fernández tomó juramento a Carla Vizzotti, que pasaba a liderar la cartera de Salud (seis días después, la ministra se hizo un hisopado y dio positivo).

“Es recién con un escándalo político cuando se le habilita ese espacio. Es común que liderazgos femeninos, de larga trayectoria, se desarrollen después de una crisis”, explica Florito, de CIPPEC.

En ese sentido, la especialista en género y política Anabella Molina destaca que Vizzotti asume su cargo tras una doble crisis (sanitaria y política). “Muchas veces las mujeres se asocian a una mayor transparencia. Esto le pone presión al cargo porque tiene que cumplir con más expectativas de las que se les piden a los varones. Un acantilado de cristal aparece cuando la persona tiene muchas posibilidades de fallar, está al límite de la caída”.

Mirá el monitor Público de Vacunación

Hasta el momento, al país llegaron poco menos de 9 millones de dosis de vacunas. Para sumar transparencia luego del escándalo, Vizzotti dispuso que la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) controle los avances en todo el país del Plan Estratégico Nacional para la Vacunación contra la COVID-19 y audite todo lo actuado desde sus inicios. En segunda instancia, el control de la SIGEN se orientará a las tareas de distribución en cada una de las 24 jurisdicciones que se lleven a cabo.

La ministra admite que hay menos dosis de vacunas de las que se esperaba a esta altura. Pero aclara que no es un problema de Argentina en particular. “Los laboratorios tuvieron problemas de producción y no cumplieron los compromisos”, dijo en Podemos Hablar, el programa de Andy Kusnetzoff. “Estamos enfrentando una segunda ola con un sistema de salud más robusto y personal de salud más entrenado, con el 90% de los equipos de salud con una primera dosis de la vacuna y un 60% con la segunda, pero muy cansados”.

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Este contenido contó con la participación de lectores y lectoras de RED/ACCIÓN

La incertidumbre, las nuevas cepas más contagiosas y que, al parecer, no saben de edad, ni de enfermedades preexistentes. La experiencia de un 2020 agotador, el pánico de que se repita o sea aún peor. El terror a enfermar gravemente, a que no haya camas, a contagiar sin saberlo o a que enfermen seres queridos. A no llegar a fin de mes. A perder el trabajo. A no soportar más. Son algunos de los miedos y sentimientos de nuestros lectores y lectoras y, arriesgo, de buena parte de los argentinos y argentinas (y de quienes en otros países pasan por la misma situación).

“‘No sé si voy a poder’, es la frase que mucha gente dice a la hora de las nuevas restricciones y esta sensación de que se vuelve a lo mismo”, dice el psicólogo y especialista en vínculos Miguel Espeche, quien también coordina el Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano, una red de talleres gratuitos, de conversación y contención emocional entre pares.

“El comentario generalizado —continúa— es que ‘las balas pican cerca’, y hay una sensación más física del temor al coronavirus, de una cercanía del virus más palpable, y el tipo de miedo abarca a más personas. No me refiero a un miedo patológico sino a la prudencia, a la alerta; los estados de ánimo propios de un inminente peligro. Sin embargo, sí hay un aumento de ansiedad, porque a todo lo que sabemos que ocurrió en el 2020 le agregamos el cansancio y el hartazgo”. 

Comentarios que lectores y lectoras enviaron por Instagram.

Analía Forti, licenciada en Ciencias para la Familia y consultora psicológica, coincide en que “en esta segunda ola los miedos se han intensificado por la experiencia del aislamiento de 2020 y el temor a que se repita, y por la evidencia de la alta circulación y contagiosidad de las nuevas cepas”. “Hoy, la percepción es que estamos rodeados de casos y que todos podemos ser contagiados y contagiar. Han aumentado los miedos en relación a las edades de las personas en las que el COVID impacta y el modo en que organismos sanos, jóvenes y sin ser de riesgo responden a la enfermedad”, agrega.

La especialista dice que aumentaron las consultas relacionadas a “estados de ansiedad y angustia que genera la incertidumbre de no saber hasta cuándo la vida estará en riesgo de COVID”. También aquellas vinculadas a las consecuencias laborales y económicas. “Pero la preocupación principal es por los efectos emocionales en los niños y adolescentes a causa de la suspensión de la presencialidad; la soledad de los adultos mayores y el sufrimiento emocional que les ocasiona estar lejos de sus hijos y nietos; y una ansiedad creciente por la escena fantasmagórica de un nuevo aislamiento social por falta de vacunas con colapso del sistema de salud”.

Cómo convivir con la incertidumbre: asumamos el miedo, evitemos el pánico

Espeche dice que si bien no recibe consultas específicas por la pandemia, la pandemia atraviesa y amplifica “como si le pusieras un megáfono”, los conflictos familiares cotidianos. 

“El escenario exacerba ciertas circunstancias emocionales que subyacían, debido al encierro y otros factores. También hay muchos conflictos en relación a la convivencia entre generaciones jóvenes y gente más grande, porque los chicos salen, claramente es más difícil mantenerlos adentro por una lógica de la especie humana y porque tienen menos facilidad de sufrir complicaciones muy negativas, y cuando eso convive con una generación más vieja, como la de los padres o los abuelos, se hace problemático y a veces hay culpas y reproches”, explica.

A pesar de los miedos y ansiedades que la nueva ola trae, rompiendo con mucha fuerza y espuma la vida que comenzaba a acomodarse, a diferencia del año pasado, hay un mundo un poco más feliz más allá del horizonte oscuro. Hay vacuna. Hay vacunas. Y funcionan. Mientras llegan y el efecto inmunizador hace su trabajo, hay algunas estrategias a las que podemos recurrir para que el miedo no nos gane. 

Información real como primer antídoto a la intoxicación mediática

Entre el bombardeo de los medios que, no pocas veces, nos carga de angustia, consumir información certera y conocer la realidad de la situación ayuda a tomar conciencia y decisiones que brinden tranquilidad, a saber cómo actuar.

Para esto, el doctor en bioquímica, especialista en inmunología e investigador de CONICET Jorge Geffner, traza una radiografía de lo que está sucediendo: “La situación actual no es grave, es crítica: es peor que en la primera ola, los casos duplican o triplican con el correr de tres semanas; duplica, en ese mismo lapso, la mortalidad, tenemos dos variantes nuevas del virus que están circulando con un nivel importante, que son la variante P1, de Manaos, y la B117, de Reino Unido, y encima estamos hablando de que estamos teniendo 25.000 casos registrados, es decir que tenemos más casos”.  

“La manera más gráfica de verlo —continúa— es cuando observás el crecimiento de los casos, día a día, en el transcurso del último mes: ya no es una pendiente, parece una recta que apunta al cielo. Entonces, lo que hay que comprender son dos cosas: primero, la situación es crítica y, segundo, hay que restringir la circulación. Estamos en un momento en que las vacunas están mostrando que andan muy bien, pero tenemos pocas. Ese es el problema. Para las franjas etáreas de 70 y 80 y el personal de salud, que son los sectores que están cubiertos, la tasa de internación bajó dramáticamente. Pero estamos teniendo entre 200 y 300 fallecidos por día, entonces hay que ubicar la discusión en este sentido y tomar medidas en forma urgente”.

Lo que debemos entender es que, al margen de que los adultos y adultas mayores sigan siendo el segmento de mayor riesgo, las dos variantes nuevas que circulan, más contagiosas, transmisibles y asociadas a cuadros más complejos, ponen en riesgo a todas las personas. “Con la variante de Manaos, por lo que estuvimos aprendiendo del desastre de Brasil, empieza a aparecer en una franja importante a nivel de internación y en terapias intensivas, en personas de 40 y 50 años, sin comorbilidades previas. Eso antes no lo veíamos. Hay un corrimiento, no hacia una edad adolescente pero sí hacia una edad de adulto joven”, dice el inmunólogo. 

Si bien el panorama no es demasiado alentador, entender la gravedad del asunto y recordar, como señala Geffner, que esto no nos pasa solo a nosotros, que muchos países del mundo pasaron por esta segunda ola (incluso hay algunos que padecieron tres o cuatro) y debieron, cada vez, tomar algunas restricciones para preservarse y salvar el sistema de salud del colapso, nos permite comprender, también, que hay salida. Pero para que sea exitosa no hay más opción que hacer sacrificios los próximos meses. 

El investigador indica que lo que tiene que hacer cada uno para conservar la calma y cooperar desde su lugar a que la situación no empeore es limitar al máximo la circulación y respetar de manera estricta los protocolos que ya aprendimos de memoria como un rezo que estamos hartos de repetir, pero que aparentemente funciona: distanciamiento social, usar barbijo, airear los ambientes, lavarse las manos con frecuencia. “Y después tener una actitud comprensiva frente a las medidas que se plantean, porque el manejo de la pandemia realmente es muy complejo”, asegura. 

Los jóvenes y la segunda ola: ¿egoístas e irresponsables o fatigados y temerosos de estar solos?

Las vacunas llegarán. Mientras lo hacen y se avanza en el programa de vacunación, dice, necesitamos contener el sistema de salud tres o cuatro meses. Y eso implica hacer sacrificios. Sacrificios que se traducen en la pérdida de actividades, de encuentros y salidas sociales, de productividad económica, y en ganancia de vidas. Sacrificios que tienen una meta que está muy cerca y que se estima que, si los tomamos, podrían devolvernos la normalidad —o algo que se le parezca— justo a tiempo para la primavera. 

Qué hacer para pasar el invierno sin sucumbir al miedo

Lectores y lectoras de RED/ACCIÓN dicen que algunas de sus estrategias para dejar de pensar en la pandemia y pasarla mejor son comer sano, estar al sol, pasear por espacios verdes, consumir pocas noticias.

Además de esto y, claro, quedarse en casa el mayor tiempo posible y continuar con los protocolos que ya nos sabemos, Analía Forti y Miguel Espeche sugieren diferentes recursos para lograr la tranquilidad y no dejarnos vencer por el miedo.

Ambos coinciden en que no se debe pensar demasiado en qué sucederá a futuro. “Es mejor no hacer anticipaciones catastróficas para evitar un sufrimiento innecesario por algo que aún no ha sucedido. Es conveniente anclar los pensamientos en el presente, en el aquí y ahora, poniendo el foco en la responsabilidad individual para cuidar de sí mismo y del otro”, señala la consultora psicológica.

Y agrega: “Estamos pasando un momento crítico pero estamos en el camino de salida y no hay que perder la actitud esperanzadora en un contexto de adversidad como el actual. Es necesario transitar esta pandemia a ciencia y conciencia. Con esperanza, confianza en la ciencia y responsabilidad individual y colectiva”. 

El coordinador del Programa de Salud Mental va en el mismo sentido cuando dice que “generalmente uno tiene miedo por lo que pasa y por lo que podría pasar”. Y explica la diferencia entre ambos: “El miedo por lo que pasa, lo que nos está ocurriendo en el entorno más inmediato, es un miedo útil porque nos advierte de un peligro; pero el miedo que anticipa escenarios de catástrofes nos genera mala sangre y no conduce a nada. Un consejo es tener un rango de percepción más acotado y no hacer pronósticos demasiado negativos, porque la verdad es que no sabemos qué nos deparará el futuro”. 

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Además de tratar de no imaginar mañanas apocalípticos y centrarnos en el mantra de “un día a la vez”, Forti sugiere que una buena manera de transitar los días de distanciamiento y pandemia es “desarrollar una actitud de adaptación activa a la realidad, sin quedarse en el pánico que paraliza ni en la negación que minimiza los riesgos y te expone al peligro. Esto implica aceptar lo que sucede y desplegar conductas ajustadas a esa realidad que permitan atravesarla de manera responsable. Es un desafío de aceptación y adaptación creativa, afrontando la adversidad con actitud y confianza en que vamos a superarla en la medida en que actuemos de manera consciente y responsable”. 

Esto, traducido a acciones prácticas, consiste en “aceptar que la vida tal como la conocíamos ha cambiado, y lo que antes era seguro ya no lo es”. Y ante esto, hay que buscar otras maneras de hacer las cosas que hacíamos (trabajar, socializar, recrearnos, estudiar) para no ponernos en riesgo. Ellas son, las de siempre: “mantener distancia social, estar en espacios abiertos o ventilados con distancia y barbijo, mantener una higiene exhaustiva en las manos con agua, jabón y alcohol, sanitizar espacios, naturalizar la utilización de elementos de protección, aprender a hablar con el barbijo colocado adecuadamente tapando nariz y boca y tolerar la incomodidad que la realidad actual presenta por un tiempo limitado hasta superar la situación sanitaria”. 

Eso, asegura Forti, “nos permite sentir que tenemos cierto control sobre una situación que nos excede y que no podemos cambiar y hace que la angustia y la ansiedad disminuyan”.

Espeche, además de todo lo dicho, pone el foco en la importancia de la conversación: “El consejo siempre es compartir, hablar, no quedarse encerrado con los pájaros negros de la cabeza. Y cuando digo hablar también es escuchar. Cuando estamos muy angustiados, muy paranoicos, muy ansiosos y con esa lógica implacable pero no tan verdadera de miedo, que hace olvidar todos los recursos que tenemos y solo ve los peligros, tendemos a no escuchar a los demás, nos escuchamos a nosotros mismos y solo queremos descargarnos. Cuando digo conversar es expresar lo que sentimos pero también escuchar al otro, recibir sus palabras, eso corta el chorro de nuestra propia angustia y nos saca del ensimismamiento. Entonces: acompañarse, contarse historias, mantener vínculos a través de las plataformas, tener conversaciones que hagan recordar que somos humanos y no solamente seres asustados metidos en la cueva”. 

También apela a pensar en nuestras raíces y recordar que si llegamos hasta acá es porque nuestra especie es suficientemente fuerte para superar crisis: “en la historia familiar de todos nosotros hay miles de experiencias de mucha resiliencia, mucho coraje, de situaciones como la guerra, la hambruna, el exilio, donde se ha comprobado no solamente que la especie humana es fuerte, si no que la propia estirpe es fuerte porque todos descendemos de gente que se la ha bancado”. Pensar en eso tranquiliza. “Es como si vinieran energías desde otras generaciones a nutrirnos en este presente tan extraño y surrealista”, dice.

Y agrega lo más difícil, quizás, que es trabajar la paciencia.

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¿Ante qué síntomas no se debe concurrir a la escuela? 

Ante cualquier síntoma de alguna enfermedad debe quedarse en la casa y no concurrir a la escuela hasta ser evaluados por el equipo de salud.
Los síntomas pueden ser: fiebre, tos, cansancio, dificultad para respirar, dolor o presión en el pecho, dolores musculares, dolor de cabeza, pérdida del gusto o del olfato, confusión, dolor de garganta, congestión y goteo nasal, diarrea, náuseas y vómito, dolor abdominal y sarpullido.

¿Cuándo es un caso sospechoso? 

Cuando presenta dos o más de los síntomas ya mencionados. O una pérdida repentina del gusto o del olfato, aunque se de en ausencia de otro síntoma.

¿Cuándo es un caso confirmado?

Cuando tiene un resultado positivo en una prueba de laboratorio (hisopado), o cuando cumple con los criterios clínico-epidemiológicos (confirmados por un médico).

¿Cuándo es un contacto estrecho?

Cuando estuvo en un grupo escolar con un caso sospechoso o confirmado (mientras este presentaba síntomas o 48 horas antes del inicio de síntomas). También cuando permaneció al menos 15 minutos a menos de 2 metros de un caso sospechoso o confirmado (mientras este presentaba síntomas o 48 horas antes del inicio de síntomas). 

¿Cuándo debe aislarse?

Cuando se es un caso sospechoso o confirmado.

¿En qué consiste el aislamiento? 

En separar a personas enfermas o sospechosas de estarlo, del resto de las personas con el objetivo de prevenir los contagios. Se debe iniciar apenas comienzan con el primer síntoma y si se confirma que tiene COVID-19, deberá aislarse durante  el periodo de 10 días. Si por el contrario se descarta, se levanta el aislamiento.

¿Cuándo se debe permanecer en cuarentena? 

Cuando se es contacto estrecho de una persona enferma o con sospechas de estarlo. La cuarentena consiste en la restricción de actividades y separación de personas sin síntomas pero que pudieron estar expuestas al virus. Busca así monitorear la aparición de síntomas, a fin de detectar tempranamente nuevos casos y evitar más contagios. Debe empezar desde el último contacto con la persona enferma o con sospechas de estarlo y dura 14 días en aquellos contactos que no hayan presentado síntomas, sin necesidad de realizar testeo. Si la persona sospechosa de tener COVID-19 se descarta, se levanta la cuarentena.

¿En qué momento del periodo de incubación del virus podemos contagiar a otros?

¿Qué pasa si un/a docente es un caso confirmado? 

Se deberá identificar a los grupos con los cuales el o la docente estuvo en contacto estrecho e indicar la cuarentena de esos grupos.

¿Qué pasa si un/a docente es contacto estrecho y da clases en varios grupos? 

Él o la docente debe realizar la cuarentena, al igual que el grupo de estudiantes al que pertenece la persona enferma o sospechosa de estarlo. Si da clases en otros grupos, las personas de esos grupos no se consideran contactos estrechos por lo tanto no se cerrarán esos grupos. Los contactos de un contacto estrecho no deben realizar cuarentena.

Este contenido fue publicado originalmente en Reaprender , la newsletter que edita Stella Bin.

El último domingo de agosto de 2020, Ricardo Villagra estaba de guardia, cuidando de los enfermos con COVID internados en el hospital Piñero, cuando empezó a sentir algo de dolor en la garganta. Ese dolor blando que parece inofensivo: la ola que precede a un tsunami. Lo había escuchado mil veces descripto por sus pacientes. Pero una cosa es que te la cuenten y otra es vivirla. 

Después de la guardia volvió a su casa, ya de día, y se sometió a un test de coronavirus. La fiebre empezó casi al mismo tiempo. Hilda, su novia, que también es médica, le apoyó un estetoscopio en la espalda mientras, en un laboratorio, el hisopado daba positivo (y para ella negativo).

“Hilda escuchó que yo tenía unos ruidos ‘crepitantes’ que indican neumonía”, dice Villagra ahora, por teléfono. En la tomografía que le hicieron más tarde se vio que era bilateral: los alvéolos —que realizan el intercambio de oxígeno con la sangre— estaban llenos de líquido.

En julio de 2020 habíamos conocido a Villagra. En un reportaje, en lo alto de la primera ola de la pandemia, nos contó cómo era su vida: la vida cotidiana de un médico que no era famoso ni ocupaba un cargo jerárquico, pero que luchaba contra el virus SARS-CoV-2 en un hospital público de la ciudad de Buenos Aires en el que hacía guardias dos veces por semana, 24 horas cada vez. Ahora lo contactamos de vuelta para preguntarle cómo había sido todo este tiempo. No imaginábamos que, apenas un mes después de aquel primer reportaje, él mismo se había contagiado el virus. Y que no la había tenido nada fácil.

“Estuve internado tomando antibióticos, anticoagulantes y corticoides”, dice. Durante una semana ocupó una cama en una clínica. “Lo mismo que yo hacía con mis pacientes, bueno, ahora me tocó a mí. Tenía un malestar general muy duro. Mucha fiebre. Tardaba en responder a los antitérmicos; me tuvieron que pasar antitérmicos venosos. Al segundo día perdí totalmente el gusto y el olfato, y sentía mucho cansancio”. Pero la fiebre no era lo peor. “Fue la cabeza”, dice. Eso, como un toro suelto y desquiciado. “Tenía mucho miedo de empezar a desaturar [oxígeno], de terminar en terapia [intensiva]… de morirme”. 

El miedo a la muerte es una cosa espesa, es distinto a todos los otros miedos. “Les escribí a todos mis compañeros”, sigue Villagra, “para que me cuenten si en sus internaciones habían pasado por algo parecido a lo mío. Muchos me contaron sus experiencias y eso me tranquilizó. Yo nunca había sentido el miedo de morirme”.

En la habitación de la clínica había saturómetros y termómetros para que los pacientes se controlaran a sí mismos. Villagra lo hacía seguido, pero a veces la saturación de oxígeno era de 95% en un dedo y de 96% en otro, y eso lo perturbaba. En las primeras tres noches de internación no pudo dormir, un poco por la fiebre, otro poco por los nervios, y también por los recuerdos de algunas personas que él había atendido: gente que llevaba la enfermedad más o menos bien hasta que de repente empeoraba. Se escapaban de su cuidado sin ninguna causa aparente, sin ningún aviso que Villagra pudiera interpretar de antemano. ¿Qué hace que algunos pacientes saludables sufran un cuadro grave y otros no? Ese es uno de los misterios del SARS-CoV-2 que, luego de un año, aún no tiene respuesta. 

Hilda, su novia, se había quedado sola en casa, angustiada. Le contaría después a Villagra que, cuando la ambulancia se lo llevó para la clínica, un pánico poderoso la invadió: temía que fuera la última vez que se vieran.

El equipo de shock room del Hospital Piñero. Foto: gentileza de R. Villagra

Quizás el virus se encarnizó con Villagra porque, al trabajar cada semana con enfermos de COVID, su carga viral fue mayor de lo usual. “Puede ser, no lo sé”, dice, en nuestra segunda charla telefónica. “Hay de todo, el virus tiene una forma de comportarse muy aleatoria”. Luego de un mes de salir de la clínica (y de atravesar un largo síndrome post-covid), Villagra, que acababa de cumplir 30 años, se reincorporó en octubre al trabajo en el hospital Piñero.

El panorama era totalmente distinto; desde ese hospital parecía que el ojo de la tormenta ya había pasado (sin embargo, el pico máximo nacional de 2020 fue el 21 de octubre, con 18.326 casos, antes de que la curva comenzara a caer). 

“Cuando yo me fui, la sala COVID estaba llena”, dice, “pero cuando volví, quedaban solo cuatro o cinco pacientes”. En los quince días que siguieron, las otras dos salas COVID —situadas en el primer piso del hospital y divididas en habitaciones con dos camas— se cerraron y regresaron a ser lo que habían sido: espacios de clínica médica y de traumatología. Hacia noviembre se contaban alrededor de 9.000 casos diarios, en tendencia a la baja: el virus parecía estar en retirada y a Villagra, que contaba con anticuerpos naturales luego de haberlo padecido, ya no le quedaba mucho más que hacer ahí, en el primer piso. 

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Volvió entonces al área en la que trabajaba antes de la pandemia: el shock room de la guardia de ingreso. Es el primer acceso que hay en el hospital: un área crítica atendida por un equipo de 14 médicos guerreros. Al shock room —que tiene un desfibrilador, una máquina de vía aérea para intubar a los pacientes, y camas con respirador y monitor multiparamétrico (para controlar presión arterial, frecuencia respiratoria, y frecuencia y ritmo cardíaco)— llega gente con, por ejemplo, un paro cardiorrespiratorio, un accidente cerebrovascular, los huesos partidos por un choque de automóviles o una bala entre las costillas.

Como el hospital está situado en el barrio de Flores, cerca de la villa 1-11-14, el shock room a veces se convierte en la extensión de un territorio de disputa entre pandillas, o entre delincuentes y policías. Por eso, Hilda, la novia de Villagra, se preocupa. Él no, o no tanto. Él eligió estar ahí para ganar experiencia durante algún tiempo: es un desafío personal.

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“Es cierto que ese ambiente es demasiado estresante”, sigue Villagra. “Se hace una evaluación inicial de los pacientes que entran y a veces hay que dormirlos y conectarlos a un respirador para empezar a ver, recién ahí, qué es lo que está pasando. Son pacientes que uno no conoce y pueden llegar inconscientes. Es un trabajo muy distinto al de la sala COVID, donde podés leer una historia clínica”.

Entre noviembre y febrero, los casos del shock room eran similares a los de un tiempo sin coronavirus: accidentes, infartos, lo que ya dijimos.

Villagra fue vacunado en enero, un mes de calma. Pero en marzo, con la segunda ola, todo empeoró. Fue de una semana a otra. Un crecimiento geométrico. “Hoy la mayoría de los casos que entran al shock room son COVID hasta que se demuestre lo contrario”, explica Villagra. Por eso hay dos shock rooms: uno es para COVID y tiene dos camas; el otro tiene tres camas.

Cualquier paciente que ingresa a la guardia pasa primero por lo que los emergentólogos llaman“shock room covid”. Ahí usan pruebas rápidas de coronavirus (que dan resultados en 30 minutos) y corroboran con el test —ya muy conocido— de PCR. No siempre el aire te puede faltar por covid; puede haber otras cosas como bacterias, edemas y coágulos. 

“Es complejo”, sigue Villagra, “apenas escuchamos que la ambulancia está llegando o que las puertas se abren, nos tenemos que cambiar con los elementos de protección personal para COVID”. Ya nos había contado sobre esa ropa en julio; ahora dice que no cambió: un barbijo N-95 y otro más, desechable, sobre ese; una máscara de protección ocular, dos pares de guantes, una cofia, botas estériles de tela, un camisolín y un ambo con fluido repelente. “Lo riesgoso no es ponérselo, porque en ese momento está limpio, sino sacárselo”.

Una escena en una unidad de terapia intensiva. Foto: Télam

Cada día en la guardia es un nuevo encuentro con el virus. Sin piedad, sin concesiones: el virus aparece como un rival poderoso que demuestra su enemistad.

El domingo pasado, 18 de julio, por ejemplo, en el shock room el trabajo fue intenso desde la mañana. Pero Villagra recuerda, más que nada, a una anciana de 91 años. Su familia le pidió a él que, si las primeras medidas no funcionaban, no la intubara. Que simplemente la dejara ir. La familia entendía que lo demás era casi como ensañarse con el cuerpo de la anciana, arrugado y afectado por el coronavirus. Y Villagra sabía que a una mujer de 91 años como ella la intubación no le iba a traer ningún beneficio. Pero al final, quién lo hubiera dicho, la anciana sobrevivió con el oxígeno que Villagra y sus colegas le suministraron durante un buen rato. 

Luego llegó desde la sala de internación de COVID un paciente que había empezado a desaturar oxígeno y a toser sin parar. En la sala no podían controlarlo; le pidieron a Villagra que lo bajara al shock room. “Creí que bajaba para ser intubado”, dice él, “aunque pudimos optimizarlo y ponerle oxígeno con presión más alta, y no hubo necesidad de intubarlo. Pero es un paciente que probablemente en la próxima guardia sea intubado porque su situación estaba complicada. Y era un pibe… Tenía 36 años”. 

Y así se pasa el tiempo en el shock room, con rostros nuevos y muecas de asfixia repetidas, día tras día. 

Hacia noviembre se contaban alrededor de 9.000 casos diarios, en tendencia a la baja, pero desde marzo todo cambió. Foto: Telam

Cuando Villagra llega a casa —un departamento de dos ambientes que alquila a pocas cuadras del hospital— se recuesta al lado de Hilda. Apoya una mano sobre su vientre, percibe lo que hay para percibir. Es su momento de relajación luego de esas batallas biológicas desiguales. Hilda está embarazada. Es la primera vez para los dos y Villagra, que de pronto ahora se vuelve un poco tímido, acepta con pocas palabras que no es consciente del cambio que viene. “Mi vida sigue bastante agitada por ahora”, dice. “Pero cada día caigo un poco más, ¿no? Es loco…”.

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Este contenido contó con la participación de lectores y miembros co-responsables de RED/ACCIÓN

En el mismo lugar que en la Buenos Aires de los años 30 se erigió el que sería el ring más famoso y emblemático del país, aquel que vería pelear a algunos de los boxeadores más prestigiosos e importantes del mundo, hoy se levanta otro ring. Se libra una pelea sobre la cual están puestos todo los ojos del mundo. El enemigo que se intenta poner contra las cuerdas, aunque minúsculo e imperceptible, no obedece ningún reglamento, y lleva arrasadas millones de vidas. 

Hoy, en Buenos Aires, las personas siguen haciendo cola y deseando, quizás con más fervor que nunca, su turno para entrar “al Luna”. Hoy —nadie podría haberlo imaginado— el espacio que era sede de tantos espectáculos se transformó en el escenario de otro: la vacunación contra el COVID-19. Allí, los adultos y adultas mayores de 70, en este momento de la inmunización, van con ansias a recibir el pinchazo que, esperan, les devuelva algo de libertad.

Cuáles son las vacunas para prevenir el COVID-19 que están disponibles en la campaña de vacunación argentina

Y no solo es el Luna Park. También la Rural, Boca, San Lorenzo, Ferro y otras canchas se convirtieron en sedes de la mayor disputa del siglo. En otras ciudades del país se suman tantos espacios más.  

Los primeros en las filas son los que también vieron épocas doradas de muchos de esos lugares, lo que acudieron o quizás escucharon por radio una pelea disputada en la “Catedral del boxeo”. Son también quienes se vieron más afectados por la pandemia.       

“Las personas mayores son las que más se han cuidado porque son conscientes del riesgo que corren, entonces son personas que han estado (y muchas de ellas siguen) guardando el aislamiento, sin estar en contacto con otros adultos mayores o con sus familiares, con sus hijos o nietos. Y todo esto tiene un efecto importante en el ánimo y en la salud mental, por la dificultad o la imposibilidad de poder tener un contacto más estrecho con sus seres queridos, poder tener un contacto social pero que sea físico, besar a un nieto, abrazar a un hijo. Esto es algo que ha tenido un impacto muy fuerte”, explica Gonzalo Abramovich, psicólogo, gerontólogo y director de la consultora de asesoramiento gerontológico Recursos Mayores.

“Entonces —sigue— los adultos mayores esperaron, y muchos esperan todavía, ansiosamente la llegada de la vacuna. Porque para ellos implica, no dejar de tomar recaudos, ni de cuidarse, pero sí la esperanza de una inmunización que les permita poder llevar una vida un poquito más normal. Poder salir a la calle, poder ir a un supermercado, con barbijo y todos los cuidados, pero sin estar con ese miedo de que si se contagian pueden tener graves consecuencias. Son los que más han estado guardados, así que la vacuna tiene un efecto liberador. Para ellos es esa diferencia que hace que se pueda salir, sabiendo que tienen un 90% de posibilidades de no enfermarte o que si se enferman no se van a morir. Son más de 7 millones de adultos mayores que hay que vacunar y ahí están, tratando de vacunarse lo antes posible”.

Algunas de las respuestas que enviaron por Instagram lectores y lectoras de RED/ACCIÓN sobre la vacunación de adultos y adultas mayores.

La noticia más esperada

“Antes de darme la vacuna tenía mucho miedo al contagio, ahora lo sigo teniendo porque los números dicen que esto está cada vez peor, pero me siento un poco mejor”, dice Cristina, una miembro co-responsable de RED/ACCIÓN de 76 años que recibió la primera dosis de la vacuna el 1 de abril. 

Ella cuenta que aunque el mail con la confirmación del turno le llegó a su hija, que fue quien gestionó su inscripción, cuando le avisó que ya tenía fecha la alegría fue inmediata: “¡Ah! Me sentí superentusiasmada. Pudimos ir las dos caminando, porque vivo bastante cerca de la Rural, y fue todo muy bien. Y además todas mis amigas, que tienen esta edad, se están vacunando: algunas hoy, otras ayer, otras mañana. Hace un año que no las veo”.

¿Cuánto dura la inmunidad de la vacuna para el COVID-19?

Pedro tiene 82 años y vive en Mar del Plata. Su nieta, Malena, quien lo acompañó en el proceso, cuenta cómo fue su experiencia, ya que Pedro tiene una sordera avanzada y hablar por teléfono se le dificulta: “Antes de recibirla no tenía miedo y quería vacunarse lo más pronto posible para agilizar todo lo relacionado con que se termine el covid. Se enteró porque yo me se descargué la aplicación hace tiempo y me fijaba todos los días. El turno le llegó tarde, lo tenía para el 17 de marzo y lo vacunaron el 26 por un problema de sistema y que la notificación nunca llegó. Cuando se enteró se puso contento y apenas le avisamos, mi hermana y yo, se acercó hasta el punto de vacunación, en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Ahí lo esperábamos nosotras que habíamos ido a averiguar por el turno y nos respondieron que seguía vigente y que, si podía, mi abuelo se acercara en ese momento. Él se tomó un remis enseguida hasta la facultad, le tomaron los datos y lo hicieron pasar”.

A Olga, su vacunación le llegó de sorpresa: “Mi nieta, Carolina, nos había anotado a mi marido, que tiene 79 años, a mi madre, que tiene 96, y a mí, que tengo 78. En un momento me sale en el celular, entonces yo hablo con Carolina y era el aviso para que mi mamá fuera a vacunarse. Eso fue el 23 de marzo. Nos llevaron a mi mamá y a mí hasta el Hospital Materno Infantil de Tigre, que es muy cerca de casa. Era solamente para darle la vacuna a mi mamá, pero cuando llegamos la señora que nos atendió me dijo que tenían dosis de más, y me preguntó si me interesaba darme la vacuna, a lo cual dije que sí, de buena gana me daba la vacuna”. 

Olga padece la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), una afección que obstaculiza el paso de aire a los pulmones, por eso siempre pensó que si se contagiaba coronavirus se iba a morir rápidamente. La vacuna era realmente importante para ella.

“Nosotros prácticamente desde marzo del año pasado estuvimos adentro. Los que salían eran mi hija y mi yerno que tienen un departamento sobre mi casa, ellos se ocupaban de hacernos los mandados. Así que nosotros no salíamos para nada. Me alegré mucho cuando nos avisaron que mi mamá se podía dar la vacuna, porque una persona de esa edad… Y con más razón cuando me dijeron que si quería me daban la vacuna a mí también. Lo primero que pensé fue: qué pena que no fue mi marido y por ahí nos daban la vacuna a los dos. Igual a él lo citaron el miércoles 6 de abril y le dieron la vacuna”, cierra Olga.

“Ayer, 7 de abril, me llegó un correo avisándome. Yo me empadroné hace una semana, cuando me avisaron que me anote a la espera de fecha de vacunación y llegó ayer”, cuenta Alberto, de 70 años. “Me daban la opción entre 10 o 12 lugares para buscar un horario para vacunarme en el día de hoy y, si no podía, tenía tres días para seleccionar. Así que entré a buscar. En todos los lados que me quedaban más o menos cerca, como el club Comunicaciones o la Rural, no había horarios disponibles, no había turnos. Pero entré en la opción del Luna Park y me apareció la posibilidad de vacunarme hoy. Me agarró un poco de ansiedad, así que me fui a imprimir la confirmación del turno por las dudas se borrara o algo, quería tenerlo”.

En la previa a la vacunación, el mail de confirmación del turno debe ser el correo más fotografiado y reenviado por Whatsapp a las familias, amigos, amigas y personas queridas. El estallido de alegría de los que la reciben de su persona mayor querida también es una reacción que se contagia de teléfono en teléfono, que se festeja, mezcla de alivio y sensación de estar cerca de la línea de llegada de esta carrera desaforada contra el virus.

Las respuestas a tus preguntas sobre las vacunas

El día V

“La experiencia de vacunarme en la Sociedad Rural resultó, como decíamos en mi época: ‘Argentina, año verde’”, narra Cristina. “Una maravilla. Todo organizado, todos distanciados, muy bien atendidos. Una enfermera que se presentó a sí misma me explicó lo que iban a hacer, me mostró la vacuna. Había una médica que rondaba todos los cubículos que había en un gran espacio y preguntaba si alguien se sentía mal, si tenía miedo”.

Y continúa: “Después de que me pusieron la vacuna nos hicieron pasar (digo nos porque yo iba con mi hija, los mayores de 70 o 65 tenían que ir acompañados) a una galería que tenía una especie de gazebo, pero que estaba al aire libre. Había sillas de a dos, muy separadas, había voluntarios del ejército que circulaban preguntando si alguien se sentía mal y ofreciendo agua. Yo pedí whisky pero no me dieron —bromea—. Después de media hora pudimos irnos. Te quedabas ahí ese tiempo por si te bajaba la presión o lo que fuera. Todo me pareció fantásticamente bien organizado. Hacía mucho tiempo que no veía, por parte del Estado, una atención así. Rápido, sin esperas, ni aglomeraciones. En fin: una maravilla”.

Como el relato detallado de Cristina, las experiencias de vacunación se repiten, y los vacunados y las vacunadas no escatiman halagos para la organización y la atención.

Abuela de un lector de RED/ACCIÓN que respondió por Instagram a la pregunta sobre la vacunación de adultos y adultas mayores.

“A mi abuelo lo acompañé yo —cuenta Malena, la joven de Mar del Plata— porque al tener un nivel de sordera hay cosas que no escucha o le cuesta. La experiencia fue superbuena, la enfermera fue muy amable, en todo momento nos habló excelente y nos explicó todas las dudas que Pedro tenía. Desde qué debía hacer si tenía síntomas a si se podía vacunar en mayo con la vacuna de la gripe, como lo hace todos los años”.

Olga se suma a los conformes: dice que los atendieron “muy, muy bien”. Que esperaron 20 minutos para chequear que se sintieran bien y después se fueron. “Y no tuvimos ningún tipo de problema. Ni mi mamá ni yo con respecto a la vacuna. A mí solamente me molestaba un poco de noche en el lugar donde me la dieron. Pero mi marido me puso una pomada para los dolores y se me pasó”.

Alberto también retuvo al detalle su experiencia: “Llegamos —él fue acompañado de su mujer— al Luna Park y había una muy buena organización. Afuera había una carpa con sillas por si había que esperar, cosa que no sucedió. Había también un sector con sillas de rueda por si había personas con alguna discapacidad. En la puerta nos tomaron la temperatura, nos pusieron alcohol en gel y nos hicieron pasar. Ingresamos y nos atendió otra persona que nos preguntó el horario de vacunación y nos mandó directamente a la cola para vacunar. Había sectores según los diferentes horarios por si tenías que esperar, para agrupar a las personas en diferentes espacios”.

“En el lugar donde en otra época estaba el ring —continúa— está todo el centro vacunatorio. Fue muy buena la atención de todos. Había unos 50 boxes y se desocupaban enseguida. Cuando me tocó, tuve que esperar que fueran a buscar la vacuna. Las traen por tandas para que no pierdan la cadena de frío. A los 5 minutos trajeron las dosis. Me aplicaron la vacuna y me pasaron a otro sector donde ingresaban quienes ya la habían recibido y después te hacían sentar unos 15 minutos por si había algún tipo de reacción. Ni a mí ni a ninguna personas de todas las que estaban alrededor nuestro le dio ninguna reacción. Así que nos levantamos y nos fuimos. Todo en perfecto orden, muy bien organizado, con mucho personal y con muchos cuidados”.    

Abuela de una lectora de RED/ACCIÓN que respondió por Instagram a la pregunta sobre la vacunación de adultos y adultas mayores.

La foto de las madres, padres, tías, tíos, abuelas, abuelos o incluso bisabuelas y bisabuelos en el momento de aplicarse la vacuna, es otra de las imágenes más enviadas y celebradas por estos días.    

Mientras esperan la segunda dosis

“[Después de ponerme la vacuna] no me dolió el brazo, no me sentí mal, no tuve ningún síntoma, nada. Todo perfecto. Pero bueno, me han puesto la misma vacuna que le pusieron al presidente, y el presidente después de las dos dosis se ha enfermado de covid, así que me sigo cuidando: mucho lavado de manos y todo. Ahora, realmente, tengo un cuidado más extremo por el miedo que me da esta ola de contagios y de muertes que va creciendo y no decayendo. Más cuidados de los que tengo no puedo tener. Además solo tengo la primera dosis”, dice Cristina, que aunque contenta por haber sido vacunada no baja las medidas de defensa para no enfermarse antes de que le completen la inmunización. 

Malena cuenta que, después de vacunarse, su abuelo Pedro se sintió bien: “Hasta ahora no tuvo síntomas e hizo vida ‘normal’. Se cuida con barbijo y alcohol en gel como desde el principio de la pandemia, ahora está más relajado pero igual trata de no concurrir a lugares con mucha gente”.

Olga también dice que siguen cuidándose: “Seguimos estando adentro, sin salir, a no ser que hagamos algún mandado, siempre moviéndonos con auto, con alguien que nos lleve, pero lo menos posible y lo mínimo. Estamos mucho en casa. Nos cuidamos porque creo que es algo bravo y que no se sabe bien en qué puede terminar. Esperemos que pronto se acabe y  retornemos a nuestra vida habitual”.         

“La verdad estoy contento y más tranquilo de que ya estoy vacunado, y ahora esperando la segunda dosis”, dice Alberto, y se le escucha la felicidad en la voz.

Gonzalo Abramovich, el psicólogo de Recursos Mayores, cuenta que “muchas personas mayores todavía no salen o salen muy poco”. Según las consultas y charlas que él ha podido mantener, las situaciones de ansiedad, miedo y estrés dan paso al alivio y la felicidad en las personas que se vacunaron. 

“La vacuna no es obligatoria pero casi la totalidad de los adultos mayores y las familias están de acuerdo con la vacunación, es muy unánime”, dice. “Conozco muy pocos casos de personas que no quisieran vacunarse o que sus familiares no quisieran. Son casos muy aislados. Por otro lado, lo que pasa con todos aquellos que todavía no se vacunaron o recibieron solamente una dosis, así como el que ya recibió el turno y tiene fecha para vacunarse, es que la alegría es tal que la reacción es mandarle a todos sus contactos, a todos sus seres queridos, sus hijos y nietos, la noticia, la citación, y quizás está toda la familia pendiente de eso. En Ciudad de Buenos Aires escuché mucho esto de que cuando se abría la inscripción, los hijos y nietos estaban desde las 6 de la mañana, varios miembros de la familia, con varias computadoras, tratando de anotar al abuelo”. 

La felicidad de vacunados y vacunadas, y la de sus familias, corre por las redes y teléfonos. Aun así saben, —sabemos— la pelea no está ganada. Estamos lejos de asestar un knock-out al virus. Pero seguimos en combate.

***

¿Qué crees significó 2020 para la humanidad?
—Pensemos en cosas que te dan la oportunidad de cambiar dramáticamente tu vida. Los cambios de paradigma son a la vez crisis y oportunidades. Yo soy antropóloga y uso la etnografía, que en el fondo es storytelling. Durante 2020 entrevisté a más de 100 personas en más de 30 países y documenté un cambio de paradigma que se produjo en meses, en lugar de décadas. Al principio de la pandemia la gente se apoyaba con mensajes de esperanza, coraje y aceptación de lo que había que hacer. Pero los meses de aislamiento hicieron que anheláramos lo que consideramos normal, y eso no es posible porque todas las dimensiones de la vida quedaron afectadas. Cada generación vive al menos un evento fundante, y cada uno de esos eventos requiere que ayudemos a los más afectados y aprendamos ciertas lecciones para poderlas transmitir a las generaciones futuras.

¿Cuál es el desafío que enfrentamos como generación?
—Nuestro desafío es aprender colectivamente las lecciones que nos dejó 2020 y detener la dispersión de nuestro común enemigo, el covid. Y mientras hacemos eso, emerge un nuevo paradigma, esto es que todo cambia de golpe. Lo que estaba escrito en piedra, se convierte en arena. Esta crisis hizo que nos replanteáramos las relaciones. Recogí testimonios que dicen que la muerte es un problema, pero el aislamiento es devastador. Hay quienes dejaron de verse con personas que no les hacían bien, y empezaron a conocer online a otras con las que se sienten muy unidos, y continúan la relación ahora offline. Al final, descubrimos que somos iguales en esencia a personas cuyas vidas no se parecen a las nuestras. Ahora somos más conscientes, y eso nos hace estar más unidos y tener más esperanza.

—¿En qué sentido crees que cambian las prioridades de la gente a partir de la pandemia?
—Pensemos en la lección que nos deja 2020 sobre el control, o sobre la falta de él. Todos teníamos planes para este año pero tuvimos que cambiarlos para mantenernos a salvo. Antes, en la vida corporativa, pensábamos con la lógica crecer o morir. Ahora cambia nuestra dinámica y nos ocupamos de temas domésticos y de nuestra salud y la de nuestras familias como prioridad absoluta, y nuestras prioridades cambian también. Murió gente a la que no pudimos honrar como queríamos porque no era seguro para la salud de nadie ir a un funeral. Eso es terrible, pero a la vez hizo que algunos se tomaran más tiempo para pensar en algo más significativo, celebrando la vida, cuando se pueda, en lugar de un funeral clásico. Lo que quiero decir es que el objetivo no debería ser volver a la normalidad, sino hacer historia: cambiar el paradigma para nosotros mismos y los demás.


Las respuestas de Veronica Kirin están tomadas de la presentación que dio en septiembre de 2020 en el contexto de TEDxTemecula. Para acceder al video completo, podés hacer click acá.


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La platabanda era su escape al encierro. Desde que empezó el confinamiento por la pandemia de COVID-19, Jaime solía sentarse en el techo de placa de su casa a tomar café con las vecinas, a ver el atardecer, a tomar un poco de aire, a mirar videos en su teléfono, a ojear desde allí arriba lo que pasaba entre los callejones de la Zona 3 del barrio José Félix Ribas de Petare, donde vive desde que nació.

En medio de una de esas conversaciones, mientras compartía el café con una de sus vecinas, le vino la idea. Fue como si de pronto hubiese descifrado un código. En ese instante estaba en el lugar donde podría colgar el sueño que comparte con su hermano Jimmy. El sueño de sembrar el cambio en el barrio más peligroso de Latinoamérica. Era marzo de 2020. Jimmy y Jaime se dieron cuenta de que en las platabandas podían reencontrarse los petareños. Que allí podría haber una tregua. Sí, ahí en las platabandas; ahí donde las personas del barrio hacen sus rumbas, donde cocinan las sopas de fin de semana, donde celebran la lluvia llenando tobos y tanques con el agua que cae del cielo porque por tuberías no llega, donde juegan dominó, donde vuelan papagayo, donde hasta los delincuentes se escabullen saltando de una casa a otra.

No necesitaban mucho. Una pantalla —que ya tenían—, un video beam, unas cornetas y películas. Para estos hermanos se trataba de mucho más que entretener: era una forma de retomar un proyecto dormido años atrás con el somnífero de los conflictos políticos y el despecho por un socialismo que no fue. Un aletargamiento que les enseñó que el reencuentro entre gente que piensa diferente es el ingrediente para que cualquier cosa funcione.

Así es como ellos mismos lograron encontrarse: idénticos por fuera, pero por dentro solo semejantes en la idea del libre pensamiento. Jaime y Jimmy, de 34 años de edad, son los gemelos que decidieron volver esa premisa que los une en una bandera y montarla sobre una platabanda en forma de pantalla de cine. Estatura promedio, cabello negro azabache con ondas, ojos negros y sonrisa tímida. Es imposible distinguirlos si no se les escucha hablar. Entonces se puede notar que Jaime, estudiante de Psicología, es el de la profundidad, el de las ideas; y Jimmy, casi economista, el de la ejecución de los planes.

Los morochos siempre han trabajado por Petare. En la adolescencia, quizá por su rebeldía natural, se encantaron con el proyecto socialista. Trabajando en los círculos bolivarianos y en el Consejo Nacional Electoral consiguieron cosas importantes para su barrio. Una de ellas, la Casa de la Cultura Bárbaro Rivas, que se mantiene hasta hoy y que es uno de los pocos espacios de José Félix Ribas que no ha sido tocado por intereses particulares de partidos políticos. Allí, en esa casa, reposaba su sueño de que el barrio fuera un espacio de coincidencias.

Con los años, ya adultos, se dieron cuenta de que en el chavismo no tenían cabida sus ideas del libre pensamiento. Fue con la llegada de Nicolás Maduro que las cosas cambiaron y las bases crujieron. Los morochos se hicieron más críticos. A la abuela le negaron la bolsa CLAP en 2016 por el “pensamiento indisciplinado” de los nietos. A ellos luego comenzaron a excluirlos de reuniones “por no seguir lineamientos”. Y fue por eso que poco a poco se alejaron hasta que se separaron por completo de la política para trabajar en proyectos culturales que incitaran la participación de los vecinos.

Pero la idea no les cayó del cielo.

En 2014 habían conseguido la donación de una pantalla gigante. Ese mismo año, en plena calle proyectaron un documental que despertó tal interés en los niños que no se movieron del piso ni siquiera cuando empezó una pelea muy cerca y un hombre del barrio accionó su pistola y disparó tres veces al aire. Se trataba de El milagro del Candeal, un largometraje que narraba cómo una comunidad brasileña se salvó de la violencia gracias a la música.

Entonces, los morochos hicieron clic. La cultura y la construcción de una memoria histórica del barrio los haría cruzar ese puente de la indiferencia entre sus ideas y los vecinos de Petare. Sí, la idea del Cine Platabanda iba tomando forma en sus mentes, incluso antes de que ellos mismos lo concibieran como tal.

Por esos días, afianzaron Zona de Descarga, la organización que habían fundado en 2013 para trabajar por Petare y que los llevó a respaldar otras iniciativas de la parroquia por varios años, hasta que, ahora en medio de la pandemia, estaban encontrando su propia voz.

Jaime y Jimmy, junto a varios compañeros, estaban buscando la cinta adhesiva para pegar los papelógrafos en los que se anunciaba la primera función de Cine Platabanda cuando en la Zona 3 de José Félix Ribas sonaron los primeros tiros.

Era el 2 de mayo de 2020. Comenzaba una de las guerras de bandas más largas y complejas vividas en Petare en los últimos años: una semana entera de plomo. Ráfagas largas de plomo. Plomo de día y de noche. Wilexis, como se conoce al líder delictivo de José Félix Ribas, se enfrentaba a alias “el Gusano”, un hombre que salió de prisión y se propuso hacerle la guerra para arrebatarle el control del barrio.

Había mucho miedo. Las personas dormían —cuando lo hacían— bajo las camas o mesas, los comerciantes cerraron sus negocios, los motorizados dejaron de circular por las calles, los niños ya no jugaban en las escaleras, la gente no subió más a sus platabandas. Y los morochos cancelaron la convocatoria para la función de Cine Platabanda. Pasaron al menos dos semanas tratando de hacerla, pero no era posible, porque solo asomarse a esos techos era convertirse en el blanco de una guerra que no era de los petareños, pero que los había confinado aún más que la pandemia de COVID-19.

Sobre todo cuando el enfrentamiento armado dio paso a una toma policial en la que drones, helicópteros y grupos tácticos tomaron esos mismos espacios para “cazar” a Wilexis, uno de los delincuentes más buscados del país.

Los morochos se preguntaban qué hacer. Y en esa búsqueda, una amiga de ambos los puso en contacto con unos pastores que tenían una radio comunitaria llamada Resplandor de Cristo, perteneciente a una iglesia cristiana que desde abril de 2020 transmite tres veces a la semana la palabra de Dios y mensajes de aliento. Para ello usan unas cornetas que instalaron también en el techo de una casa del barrio.

Se aliaron con ellos. Y eso sumó para que el Cine Platabanda pudiera finalmente llevarse a cabo. Entre los delincuentes hay, dentro y fuera de las cárceles venezolanas, una regla tácita: con los cristianos nadie se mete.

Por esos días, todo estaba más tranquilo en la comunidad. Y fue así que el 14 mayo niños y adultos se encontraron para ver una película animada.

Antes de empezar, y al otro extremo de la placa en la que se dispuso la pantalla, los pastores, junto a Jaime y a Jimmy, le pidieron a la gente que desde sus ventanas ondeara trapos blancos para pedir la paz en Petare. Las telas, que en la distancia parecían palomitas blancas a punto de ser liberadas, vibraron unos 10 minutos antes de que llegara el ocaso y se encendiera la pantalla que, tal como predijeron los morochos, se convirtió en el punto de encuentro para ver, leer, cantar, bailar y hasta orar en el barrio.

Tenían cornetas, la pantalla y una consola prestada. Aquella tarde, los organizadores, ansiosos, sentían que no oscurecía. Que los minutos pasaban lentos. ¿Será que esos pañuelos blancos lo iluminaban todo?

Fue a las 7:20 de la noche cuando la platabanda del callejón Guaicaipuro en José Félix Ribas se llenó de personas que, con tapabocas y sentadas en el piso, presenciaban la proyección.

Cómo la pandemia está transformando libros, series, teatro, fiestas y música

A lo lejos, se podía ver a niños apiñados en las ventanas de sus casas, con los piecitos colgando mientras aplaudían cuando se emocionaban con la película. Los adultos también dispusieron sillas plásticas en sus platabandas y dejaron entrar a vecinos que no tenían buena visibilidad de la pantalla desde sus hogares para que pudieran disfrutar la proyección.  

Esa noche todos celebraron el cine con aplausos y vítores.

Era la alegría de poder volver a sus ventanas y techos sin miedo.

Era la calma después de la tormenta.

Tres semanas después, por el pasillo angosto que une unas calles con otras en la Zona 3 de José Félix Ribas, esa mañana no pasaban motos, no había muchachos en actitud sospechosa ni música a todo volumen: ese día los niños con libros sentados en escaleras y bordes de las aceras lo llenaron todo, y le dejaron ver a Jimmy y a Jaime que la platabanda sí era ese canal para cambiar a Petare por el Petare de sus sueños. Solo esa imagen era una confirmación de que iban por buen camino.

La noche anterior, el 2 de junio, los más de 20 voluntarios que ya había sumado la iniciativa de la organización Zona de Descarga repartieron 200 libros entre las comunidades del 19 de abril y José Félix con vista a la pantalla gigante, desde donde un cuentacuentos voluntario relató la historia de un árbol que hablaba. Mientras los niños la seguían desde sus ventanas con los libros donados.

Ahora, los morochos se aferran a esa pantalla. Aunque estén en una campaña para conseguir fondos, pues la lluvia quemó parte de esos equipos prestados en uno de los últimos eventos llamado “Ora Platabanda”, ellos siguen soñando. Quieren volverlo sustentable. Quieren hacer la Casa Platabanda. Quieren llevar a los caraqueños a conocer Petare. Quieren darle a los petareños más encuentro. Quieren que tomen consciencia de la belleza de su barrio.

Esta nota fue originalmente publicada en el medio La vida de nos, de Venezuela, y es republicada como parte de la Red De Periodismo Humano.

Fotos: Ronald Peña.

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“Cuando un Taita muere se pierde la memoria de nuestros pueblos. Ellos son nuestros guías espirituales. Son quienes nos acompañan, nos curan y nos protegen física y espiritualmente. Nos enseñan a cuidar del territorio para conservarlo, para proteger la naturaleza de la contaminación, que nos afecta a todos”.

La que habla es Rosita, la hija del taita Agustín Jacanamijoy. Pertenece al pueblo Inga del Putumayo y es contratista para la Comisión de la Verdad. Su voz es suave y por momentos, se quiebra durante la llamada. No se sabe si es por la mala señal en la zona en la que vive, —una montaña desde la que se pueden ver los cuatro municipios del valle de Sibundoy—, o por la tristeza de recordar a su padre que acaba de morir por el coronavirus. 

Mi papá siempre fue el que más se preocupó por proteger la selva y los ríos. Si se tumbaba un árbol, él nos ponía a sembrar cantidad de árboles. Cuando lo perdimos, no se afectó sólo nuestra familia, ni nuestra comunidad: cuando mi papá murió todos perdimos un protector. 

Él era muy viajero, recorría muchas zonas. Ya luego los espíritus y la selva lo reclamaron y él se quedó, principalmente, en el Amazonas. Él practicaba la medicina tradicional, era nuestro sinchi, o nuestro médico tradicional. También era nuestro guía espiritual. Siempre fue muy entregado y muy preocupado por su pueblo, pero él ya sabía hacía un tiempo que estaba cercano a morir. Fue entonces cuando nos entró la pandemia al territorio”. 

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Amazonas es el departamento del país con más casos de coronavirus por 10 mil habitantes. La capital, Leticia, es la cuarta ciudad del país con más muertos por esta enfermedad. Al menos tres razones lo explican: sus habitantes, de mayoría indígena (57 %) son más vulnerables, el sistema de salud es pésimo (sólo hay 167 camas hospitalarias, cero de cuidados intensivos,  el único hospital público acaba de ser intervenido por la Superintendencia de Salud por malos manejos y, en ese mismo hospital, el generador de oxígeno se dañó) y la triple frontera es tan permeable al virus que en menos de un mes, la cifra de contagios brincó de 0 a más de 1.100 casos. 

A eso se suma que menos del 40% de la población tiene servicio de acueducto, el 35% tiene alguna necesidad básica insatisfecha y el 16% de los hogares vive en hacinamiento, según  datos recolectados por Dejusticia.

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“Es una población que presenta también un alto grado de comorbilidades manifiestas en problemas nutricionales y metabólicos que terminan en diabetes, obesidad, hipertensión”, dice Pablo Martínez, médico, antropólogo y salubrista que ha desarrollado programas de salud pública de la mano de las comunidades indígenas en la región. Eso, sumado a la minería, el narcotráfico y el conflicto armado que han controlado la zona durante décadas, han hecho que  las comunidades indígenas sean propensas a una serie de enfermedades que las ponen en peligro: “Cada vez estamos viendo más frecuente el riesgo de desarrollar otras enfermedades, que aún nos cuesta entender, dadas por la exposición al mercurio por la minería en la zona, por ejemplo”, dice. 

Es también, un problema de presencia del Estado en esta región: “La Amazonía es pensada en razón de la selva, no de las personas”, asegura Martínez. Esto ha llevado a que únicamente se considere la explotación de los recursos naturales, o del turismo creado por personas externas al territorio, y se terminan dejando de lado los intereses de los indígenas. Este pensamiento, dice, viene de una discriminación racial que se refleja en acciones como desfinanciar a las organizaciones indígenas, no responder a sus necesidades y obligarlos a articularse a la fuerza a las políticas del Estado: “Si bien no hay un racismo tan visible como el de Brasil, sí hay una violencia estructural que esconde discursivamente bastantes rasgos de racismo y xenofobia”, dice. 

Ilustración: cerosetenta.

“A mi papá le tocó quedarse en Leticia porque la cuarentena lo cogió allá. Nosotros intentamos explicarle que, como él ya estaba mayor, tenía que cuidarse mucho. Él de todas formas seguía preocupándose por cómo iba a acompañar a su comunidad, por cómo iba a continuar con las curaciones. Dos de mis hermanos se quedaron cuidándolo y seguramente en algún descuido por ir a comprar las cosas que necesitaban, entraron el virus. 

Él ya venía con sus achaques, pero recuerdo que mi mamá habló con él y él le dijo que tenía una gripa, que creía que ya no iba a vivir más. Nos mandó a decir que nos cuidaramos. La última vez que hablamos nos dijo que estaba un poquito mejor, pero de todas maneras tenía mucha tos. Luego de eso se nos descompensó y se agravó. Lo llevaron a la clínica pero ya luego nos anunciaron su fallecimiento. Murió en una clínica de Leticia. Resultó víctima del COVID-19. Él siempre tuvo mucha fe, fue muy devoto. Siempre nos insistió en que íbamos a salir bien. Esas fueron sus últimas palabras. 

Lo que yo sé es que en la clínica lo internaron y lo aislaron. Pero, en las condiciones en que se encuentra el hospital de Leticia, que no tiene dotaciones, que no tiene recursos, no sabemos qué atención le dieron. Ese hospital está en un total abandono. El Amazonas está realmente en un abandono en el sistema de salud”. 

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Durante una contingencia como la actual, las profundas fallas del sistema de salud en la zona llevan a que la atención de emergencias sea imposible. Así lo señala Martínez, quien muestra que la atención debe darse con desplazamientos hasta las cabeceras municipales, lo que implica hasta dos y tres días de recorrido. Una vez allí, la falta de recursos, personal médico y capacitación para el manejo de la enfermedad pintan un panorama catastrófico: “En un caso como el de este virus, la expectativa es que va a morir mucha gente”, dice el médico.

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“A mi papá lo recuerdo como un hombre muy generoso. Siempre que alguien llegaba se preocupaba por darle comida. Mucha comida. No estaba tranquilo hasta que no sintiera que la persona estaba cómoda. Siempre le gustó compartir lo que él tenía. Nuestra relación era muy buena. Siempre se preocupó por curarnos a sus hijos. Por dejar nuestro pensamiento tranquilo, para que afrontáramos la vida espiritualmente. 

Él desde niño viajó constantemente, practicando la medicina tradicional. A través del ritual que se realiza con la toma del yagé, que es la medicina más representativa para el pueblo Inga, nos guiaba en experiencias que nos sanan espiritualmente. Hacemos la toma en la noche y a través de cantos y oraciones ellos nos brindan sus guías. Ellos, además, nos cuentan sus experiencias, lo que han hecho mientras trascendían con el yagé. Ellos son los que nos dan la fortaleza para proteger los lugares sagrados

En el 2011 nos concentramos en el Municipio de Santiago, en el Putumayo, para protestar en contra de la entrada de una empresa minera que querían hacer ingresar al territorio sin respetar nuestra consulta previa. Fuimos 5 comunidades Inga, con sus cabildos, la comunidad Kamentsá y también con el pueblo campesino. Nos conglomeramos alrededor de mil personas. Caminamos por toda la vía, hasta el municipio de San Francisco. Yo estaba embarazada de mi niña, ya tenía 7 meses. Hicimos muchos sacrificios, pero logramos que pararan todo. Que no entraran a la zona. Mi papá fue uno de nuestros líderes”. 

Ilustración: cerosetenta.

Las amenazas en la zona escalan por la triple frontera. Medidas como la militarización de la frontera, o la tardía llegada de ayudas que anunció el presidente Iván Duque, se quedan cortas ante la integración de las comunidades desde los tres países que residen en el Amazonas y donde la atención a la pandemia es aún menos efectiva. De hecho, según el monitoreo que hace la Gobernación del Amazonas, la entrada del coronavirus a esta región se ha incrementando radicalmente por la frontera: de los primeros 10 casos confirmados en la Amazonía, 5 llegaron desde Brasil

La escalada de casos ha sido vertiginosa. Manaos registraba 3 mil casos hasta el 28 de abril. La cifra se duplicó para el 8 de mayo y, diez días después los positivos eran casi 10.000. El virus se extendió a Tabatinga, a una calle de Leticia, y entre el 28 de abril y el 16 de mayo el número trepó de 83 a 472 casos. 

La inefectividad de las políticas asumidas por el gobierno brasilero causó que el virus se expandiera por el río Negro y por el río Amazonas, lo que magnificó la propagación, dice Pablo Martínez. En Colombia tampoco hay medidas para frenarlo y el virus está subiendo hacia el departamento de Guainía. A esto se suma la llegada de casos desde Perú, específicamente de la ciudad de Loreto, que también se encuentra sumergida en una grave crisis por la pandemia. Esto termina involucrando al otro Departamento del Trapecio amazónico, que es Puerto Nariño. De acuerdo con Martínez lo que esto demuestra es que los casos del Amazonas nos entraron tanto por Brasil como por Perú. 

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“Aquí estamos preocupados, y eso hemos venido hablando. Es a nivel nacional, con las comunidades indígenas. Nuestros pueblos tienen necesidades y necesitamos un apoyo en salud urgente. En nuestros territorios no hay centros de salud occidental. 

Nosotros no estamos perdiendo sólo a los taitas, también estamos perdiendo a los mayores y con cada uno de ellos se va una parte de nuestra tradición y quedamos desprotegidos. Lo que decía mi papá es que antes los mayores nos tenían tan protegidos que a veces no llegaban esas enfermedades. Pero ahora la mayoría se nos están yendo y perdemos nuestra fuerza. Ya no tenemos quién nos enseñe sobre las plantas, sobre la alimentación, sobre los ciclos de la luna. Tenemos miedo de que esto se convierta en un etnocidio. 

Si la enfermedad sigue así, y si la desprotección de nuestros pueblos continúa, van a desaparecer las comunidades indígenas”. 

Ilustración: cerosetenta.

Esta nota fue originalmente publicada en el medio Cerosetenta, de Colombia, y es republicada como parte de la Red De Periodismo Humano.

—¿Cómo está Ernesto*? —pregunta el doctor Oviedo mientras entra al pabellón. Está visitando a uno de los pacientes que se está recuperando luego de haber salido de la Unidad de Cuidados Intensivos. Ernesto se ve delgado. Tiene las mejillas hundidas. Cuando ve al doctor, sus ojos se abren grandes. Parece confundido. Tiene a su hermana al lado, quien también se contagió de Covid-19, pero fue asintomática. Está rodeado por máquinas que monitorean sus signos vitales, por tubos conectados a su cuerpo y por una careta que le ayuda a respirar. Su voz se oye débil. Casi no se entiende lo que dice. 

“Los pacientes todavía no pueden hablar mucho, porque a duras penas pueden respirar”, asegura el doctor Oviedo. “El impacto psiquiátrico en los pacientes que se han contagiado por Covid-19, sobre todo los que han tenido complicaciones, es muy fuerte. Se sienten muy reducidos. Eso, por supuesto, los altera. De ahí la urgencia de hacerles un acompañamiento constante desde la psiquiatría en esta transición”, dice. 

Entre más detalles se conocen sobre los efectos del Covid-19 en nuestros cuerpos, más sabemos que es una enfermedad que afecta múltiples aspectos. En medio de este proceso, la salud mental ha empezado a jugar un papel determinante en la enfermedad, pues tanto como el cuerpo, la mente se ve profundamente afectada por el virus. Justamente por esto, los hospitales alrededor del mundo han empezado a crear protocolos que permitan hacer un acompañamiento psiquiátrico a los pacientes y a su personal médico y de salubridad. En Colombia, ante el incremento de contagios, este protocolo se ha implementado con más fuerza en algunas clínicas, principalmente en las ciudades más grandes del país.

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El doctor Gabriel Oviedo ha sido quien ha coordinado este acompañamiento en una de las clínicas más grandes de Bogotá, cuyo nombre reservaremos para proteger su privacidad. 

—¿Se acuerda de qué día es hoy? —pregunta el doctor. 

—Creo que es 19 de agosto —responde Ernesto, después de pensar por unos segundos. 

Apenas puede moverse. Tiene la mirada clavada al frente, mientras el doctor termina de hacerle algunas preguntas rutinarias que pueden confirmar qué tan consciente está de su alrededor: qué año es, por qué llegó al hospital, en qué piso está, quién es la mujer que lo está acompañando, cuál es su nombre completo. 

Ernesto se contagió de Covid-19 y su condición se agravó tanto que terminó en una Unidad de Cuidados Intensivos, como el 15 por ciento de las personas que se contagian de coronavirus. Afortunadamente, se recuperó. Sin embargo, por el impacto tan fuerte que tuvo su cuerpo, con tantos órganos fallando a la vez por causa del virus, su cerebro entró en un estado que en psiquiatría se conoce como Delirium

El Delirium es un síntoma común en edades más avanzadas, cuando se desarrolla demencia y ésta empieza a hacer daños a nivel cognitivo. Sin embargo, Ernesto no supera los 40 años. Es común, también, como síntoma de abstinencia al consumo de sustancias adictivas, como el alcohol. Sin embargo, Ernesto no llegó a la clínica por ningún síndrome de abstinencia. El Delirium de él ocurrió por lo que su cerebro sintió como un choque que se crea por la suma del virus y el tratamiento. 

Empieza a manifestarse de distintas maneras: puede llegar como un estado fuerte de confusión, de sorpresa, puede que quien lo sufra no entienda qué está pasando a su alrededor y que incluso lo lleve a perder contacto con la realidad, lo que causa alucinaciones. Todo esto puede derivar en comportamientos agresivos o alterados con las personas que lo rodean.

El otro extremo puede ser el de sufrir un cuadro depresivo profundo, que lleve a la apatía, a tener problemas de sueño y al desinterés. Este cuadro se puede ver agudizado por todas las implicaciones que acarrea llegar a una UCI: los medicamentos, usualmente sedativos; las máquinas, el monitoreo constante, la pérdida de la temporalidad y, sobre todo, el aislamiento.

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La importancia de anticiparse

De acuerdo con un estudio publicado por The Lancet Psychiatry, que mide el impacto psicológico y neuronal de los pacientes contagiados por Covid-19, de 125 personas con el virus, 39 presentaron un estado mental alterado. El estudio, que se adelantó con pacientes en el Reino Unido, señala que de estos 39 pacientes, 23 presentaron síntomas que se podrían clasificar como desórdenes psiquiátricos o neuropsiquiátricos. Para 21 de ellos, esta era la primera vez en sus vidas que sufrían estos síntomas de alteraciones mentales. Los síntomas incluyeron episodios psicóticos (43% de los pacientes), síndrome neurocognitivo similar a la demencia (26%) y desórdenes afectivos (17%). 

“Nosotros empezamos a implementar este manejo psicológico y psiquiátrico porque ya sabíamos que, por la experiencia de otros países, lo que se venía iba a ser una ola de enfermedad mental. Yo quedé encargado del área de Urgencias y de la UCI, entonces he podido ver en primera línea lo que esto implica”, asegura el doctor Oviedo. 

Desde que inició la pandemia sabían que con el pico llegarían los momentos más graves. Por ello, el doctor consideró esencial empezar a preparar un protocolo para atender a los pacientes, a través de psicoterapia, primeros auxilios psiquiátricos y manejo de fármacos, en los casos más complejos. Han logrado instaurar un proceso de consulta y acompañamiento de varias sesiones a la semana: usualmente, dos de ellas se hacen de manera remota, a través de una tablet, y una sesión presencial, de la que se encarga el doctor Oviedo, para poder analizar señales en el paciente que no alcanzan a percibirse remotamente. 

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Cuatro olas

A nivel global se ha entendido el progreso que tendrá la pandemia en cuatro olas. La primera de ellas, y la más aguda, será la de contagios y muertes por Covid-19. Luego vendrá una segunda ola que implicará a los pacientes que dejaron de ser atendidos por no ser Covid-19, pero que sí tienen otras condiciones graves como enfermedades coronarias. 

Una tercera ola llegará para los pacientes con condiciones crónicas no relacionadas con el Covid-19, principalmente personas de edades avanzadas, que vieron sus tratamientos interrumpidos, o desabastecimiento en los medicamentos que necesitan. Estas tres olas, sin embargo, tendrán picos agudos que se evaporarán más rápido en el tiempo. 

La ola que preocupa al doctor Oviedo, y a los profesionales de la salud mental, es la ola de alteraciones emocionales y trauma, alimentada por problemas económicos y desgaste físico, que se puede extender mucho más y que puede dejar marcas profundas en toda la sociedad.

La experiencia de pandemias previas, como la del SARS o la del MERS, han mostrado que, en el tiempo posterior a haber sido controladas, las afectaciones a la salud mental permanecían. Síntomas de depresión, ansiedad, manías, psicosis, sueño alterado, memoria reducida, irritabilidad, fatiga y síndrome postraumático son comunes a quienes se recuperaron de la enfermedad, sobre todo en aquellos que tuvieron que llegar a una intervención por Unidad de Cuidados Intensivos.

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De acuerdo con otro estudio, publicado también por The Lancet Psychiatry, el uso de determinado tipo de medicamentos, sobre todo aquellos con esteroides, causan un mayor riesgo a los pacientes de presentar este tipo de alteraciones en la salud mental. Posterior a la recuperación de la enfermedad, es importante hacer un acompañamiento a quienes sufrieron los síntomas, pues son personas que viven un riesgo muy elevado de llegar al suicidio. 

“Parte de lo que más me ha impactado ha sido ver la muerte tan cerca. Cuando un paciente entra a UCI, sus posibilidades de supervivencia son apenas del 20 por ciento. Eso, por supuesto, crea un impacto muy doloroso, que además muchas veces termina viéndose reflejado en la salud mental del personal de salud. Por eso, decidimos extender este tratamiento a ellos, también”, dice el doctor Oviedo. 

En su clínica, han creado líneas y grupos de apoyo con las que buscan apoyar al personal médico para evitar el burnout: una condición que viene con la sobrecarga laboral y que lleva a desarrollar apatía, cansancio extremo y pérdida de la esperanza, lo que a su vez aumenta la posibilidad de cuadros depresivos. Aún así, se muestra esperanzado: “Si algo bueno nos dejó la pandemia es que por fin pudimos tener una conversación en la que la salud mental está siendo relevante”, dice. 

Para el doctor, este episodio ha permitido quitar estigmas que usualmente recaen sobre las personas que requieren un tratamiento para su salud mental: “Por eso, ahora que por fin entendemos la relevancia, es importante asegurar la universalización del acceso a los profesionales de la salud mental, porque este proceso de atención afortunadamente lo tenemos en mi hospital, pero sabemos muy bien que no ocurre en otros lugares y allí vidas de pacientes y vidas del personal de salud pueden estar en mucho mayor riesgo”, dice.

Para muchos pacientes de Covid-19 que terminan en las unidades de cuidado intensivo de hospitales, las secuelas del virus quedarán en sus cuerpos de por vida. Lo mismo ocurrirá, según el doctor Oviedo, con los efectos en su salud mental: desordenes postraumáticos, ansiedad, depresión y fobia a los procesos médicos serán algunas de las cosas que seguramente pacientes como Ernesto* tendrán que enfrentar. Por ahora, sin embargo, Ernesto* parece estarse recuperando bien. Su progreso ha sido positivo. Y en este punto no queda más que esperar. 

*Nombre modificado para proteger su identidad.

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Esta nota fue originalmente publicada en el medio Cerosetenta, de Colombia, el 23/08/2020, y es republicada como parte de la Red De Periodismo Humano.

9 versus 10: nueve son los meses que demoraron los milmillonarios en recuperar las fortunas que perdieron a raíz de la pandemia. Diez son los años que tardarán las poblaciones vulnerables en recuperar el nivel de ingresos que tenían previo al brote de COVID-19 si los gobiernos no llevan a cabo las políticas públicas adecuadas. 

El resultado de esta combinación, podría dar lugar a un escenario nunca antes visto: que crezca la desigualdad al mismo tiempo en todo el mundo. Los datos surgen del último informe de la organización internacional Oxfam El virus de la desigualdad. Para torcer ese rumbo, hay una serie de iniciativas que muchos gobiernos están llevando a cabo y que merecen la atención.

Las prioridades de los gobiernos bajo la lupa

Los efectos de la pandemia a nivel económico son de los más graves de la historia, pero no todos los sufrieron por igual. Si lo miramos como una línea de tiempo desde febrero a noviembre, se podría decir que las mil personas más ricas del planeta primero tuvieron una pérdida considerable del 30% de sus riquezas, a partir de marzo empezaron un proceso de rebote y ya para noviembre recuperaron el total de las fortunas que tenían a principio de año. 

Dicho de otra forma: su recuperación económica a causa del COVID tardó 9 meses. Y fue muchísima más rápida que, por ejemplo, la que tuvieron durante la crisis de 2008, cuando tardaron cinco años en recuperar su riqueza. Que en en 2020 haya sido tan rápido se explica, según Oxfam, en los apoyos que obtuvieron de los gobiernos.

Si se compara con lo que pasa con los sectores más vulnerables, surgen muchas interrogantes. Si bien las investigaciones preliminares varían mucho, se estima que, solo en 2020, entre 200 y 500 millones de personas pasaron a estar en situación de pobreza. 

La pandemia dejó en evidencia que las disminuciones que tuvieron muchos países de la región en los últimos 15 años se hicieron sobre bases muy frágiles, ya que serían esas mismas personas las más afectadas por la pandemia y su recuperación les llevará mucho tiempo. De acuerdo a este estudio, tardarían unos diez años en volver a sus niveles previos.

¿Por qué tanta diferencia entre milmillonarios/as y los grupos más vulnerables? Asier Hernando, director regional de Oxfam para Latinoamérica y El Caribe, conversó con RED/ACCIÓN y cree que “cuando caés en la línea de la pobreza es muy difícil salir porque además de la falta de ingresos, en muchos casos las familias tienen deudas que nos los dejan salir y que, a diferencia de lo que le pasa a millonarios, donde se les condonan sus deudas, estas familias no tienen otra opción más que pagar”. 

Para Oxfam, las prioridades de muchos gobiernos han sido particularmente erradas si se considera que muchas de las inyecciones de capital “se las han podido llevar los más ricos por ser considerados sectores estratégicos” sin tener un impacto real en los sectores vulnerables.

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La desigualdad en los próximos años

Uno de los puntos más llamativos del informe es una encuesta que realizó Oxfam a casi 300 economistas de 79 países, quienes en su mayoría (el 87%) creen que la desigualdad de ingresos va a aumentar en sus países como consecuencia de la pandemia.

Para Hernando, que se profundice la desigualdad “significa que se le van a quitar oportunidades a muchísimas personas para que puedan tener una vida plena de derechos. Que muchos empresarios/as podrían aprovecharse de este contexto para reducir salarios o despedir personas que todavía son necesarias. Y en este contexto de pandemia, la desigualdad también puede significar la muerte por no acceder a un sistema de salud”.

Las mujeres también figuran como las afectadas. En términos laborales se estima que si no existieran las brechas de género, unas 112 millones dejarían de estar en riesgo de perder sus ingresos a causa del COVID.

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Modelos para una recuperación rápida e inclusiva

La ecuación puede cambiar según las políticas públicas que se prioricen. De hecho, el Banco Mundial considera que si los gobiernos adoptan políticas enfocadas a reducir la desigualdad de ingresos, la recuperación en lugar de darse en diez años, se podría dar en tres.

Para Oxfam, estamos ante una oportunidad histórica porque la pandemia dejó en evidencia la necesidad de aplicar correcciones más estructurales. “Creemos que uno de los aprendizajes que nos deja la pandemia es que debemos invertir un poco más en los sistemas públicos de salud y educativos y equilibrar los compromisos de los diferentes sectores de la sociedad con el fisco común, que está muy desequilibrado”.

Una de las prioridades de los gobiernos deberían ser, en primer lugar, generar más y mejor estadística para las poblaciones excluidas.

Para acortar la brecha de diez años, otra de las claves será ver qué países empiezan a priorizar algo más que el PBI: Islandia, por caso, ha reflejado en su presupuesto la necesidad de valorar un indicador que denominaron bienestar y que está a su vez compuesto por  indicadores sociales y medioambientales. 

Garantizar un sistema de salud público universal en detrimento de los sistemas de copagos, sobre todo para sectores vulnerables, es otra de las prioridades para Oxfam. Cita en ese sentido el caso de Costa Rica, país con uno de los niveles más altos de desarrollo en centroamérica y que logró ampliar en muy pocos años la cobertura de atención primaria universal de salud a casi toda su población.

El Salvador instrumenta escuelas de campo para Escuelas de campo para hacer frente a los tiempos de crisis. Foto: OXFAM

La inversión en infraestructura es otra de las claves y Argentina en este sentido está muy rezagada. Invertir en agua potable, cloacas y vivienda tienen un efecto importantísimo en la salud y con la pandemia quedó en evidencia. El primer punto de partida para Argentina bien podría ser garantizar la cobertura de estos servicios para las más de 4 millones de personas que viven en villas y asentamientos del país.

En el plano fiscal e impositivo, algunas medidas que se destacan son aplicar impuestos progresivos y medidas para desincentivar la evasión fiscal. Consultado sobre este tema en particular, Asier Hernando considera que tanto la discusión que se ha dado en Argentina con el impuesto solidario, como la que se está llevando en Brasil a propósito de la renta universal son debates en la dirección correcta.

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🤒🤧Cuando una persona se contagia de Covid-19 no empieza a tener síntomas de inmediato.

🦠🦠Hay un período de incubación, que es el tiempo entre que la persona es infectada y empieza a tener síntomas.

🗓️🔍Este período por lo general dura entre 1 y 14 días, pero lo más común es que los primeros síntomas aparezcan entre el día 5 y 6.



🕐🕛Varios estudios sugieren que una persona ya es propensa a contagiar el virus entre 24 y 48 horas antes de tener síntomas.

❗🏠Entonces, si estuviste en contacto estrecho con una persona que dio positivo, aislate esos días para evitar más contagios.

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Ambos pueden provocar síntomas similares en las primeras etapas.


Algunos síntomas son comunes a ambos...
🌡️Fiebre
🤕Molestias y dolores de cuerpo o en los músculos
🤢Náuseas, vómitos


Pero otros son diferentes y es importante saber distinguirlos...


El dengue puede provocar:

✅Dolor detrás de los ojos, en los huesos y articulaciones
✅Sarpullido
Los síntomas de dengue generalmente duran entre 2 y 7 días


El coronavirus, en cambio, puede generar los siguientes síntomas:

✅Dolor de garganta y cabeza
✅Fatiga
✅Dificultad para respirar
✅Tos
✅Pérdida del gusto o del olfato
✅Congestión nasal o moqueo
✅Diarrea
La cantidad de días que una persona puede estar enferma con COVID-19 y mostrar síntomas puede variar.


Y si tenés síntomas, siempre recordá:

💊En ningún caso te automediques
🏠No salgas de casa
👩‍⚕️Hacé una consulta médica
📞Llamá al 120 gratuito, las 24 horas y desde cualquier lugar del país


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